San Miguel de Salinas
viernes, 29 de agosto de 2025
Martirio de san Juan Bautista
6:50
Abro la iglesia y salgo para e hospital.
El viento se ha llevado la calima y, otra vez, se me ofrece el espectáculo de la superficie plateada de las salinas y de la aurora asomando por el horizonte y tiñendo el cielo de infinitas gamas de rojo.
7:40
Primera misa del martirio de san Juan Bautista. Ornamentos rojos como la aurora.
9:00
De regreso a san Miguel, oficio de lectura y laudes.
Me siento para mirar fijamente al sagrario. Luego voy al despacho para echarle un vistazo al correo.
11:00
Segunda misa del martirio de san Juan Bautista.
Mensaje a Benedicto para que, por favor, venga a revisar un automático que salta.
12:10
Voy al ambulatorio porque tengo cita con mi médico de cabecera.
Llego puntualmente y me siento delante de la consulta número 4 para esperar. Poco después llega un gigante tocado con un turbante —creo que es pakistaní— y se sienta cabe mí. Poco después suena un timbre y el gigante se levanta y entra en la consulta número 4. Entonces caigo en la cuenta de que tengo que coger mi turno. Bajo a recepción, introduzco mi tarjeta sanitaria en un moderno aparato y el moderno aparato me da un número de turno y me devuelve la tarjeta.
Me recibe el médico con una amable sonrisa que no pierde en ningún momento. ¡Gran tipo!
12:45
Voy a la farmacia. Me atiende m farmacéutica preferida de tal modo que salgo de allí convencido de que soy su drogadicto preferido. Luego empiezo a tomarme las drogas que he comprado.
…
Libro II de Crónicas: Abías sucede al insensato Roboam, vence a Jeroboam y se hace fuerte. ¿Muy fuerte? La Biblia describe su grandeza en términos casi contables: «tuvo catorce esposas, veintidós hijos y dieciséis hijas». Jeroboam, en cambio, ya no levantó cabeza.
Confesiones de san Agustín. Leo lo del ángel que dijo a santa Mónica: «donde tú estás (o sea, en la Iglesia Católica), allí estará tu hijo». Y leo lo del anciano obispo que había sido maniqueo y al que Mónica rogaba que hablase con Agustín para sacarlo de la secta. El obispo decía que Agustín saldría solito de su error a base de estudiar. Mónica insistía: «habla con él». El obispo, algo irritado por tanta insistencia, dijo las famosas palabras: «Vete en paz, mujer, que no es posible que se pierda hijo de tantas lágrimas».
13:30
El electricista me espera en la iglesia. Voy a la iglesia. Le explico que el automático del campanario salta y nos deja sin luz en la escalera de la torre, sin reloj y sin campanas.
El electricista sube el automático. Ahora tenemos luz en la escalera y el reloj y las campanas funcionando. El automático no salta.
Mientras el electricista revisa la torre, me siento en el rincón de San Miguel para leer. No puedo leer porque me quedo frito.
Me despierta la voz de trueno del electricista: ¡Don Javier!
Me despierto lleno de confusión: ¿Dónde estoy? ¿Quién grita?
Quedamos en que volverá el lunes para ver si todo sigue bien.
14:00
Comida con doña Nati.
Como es viernes, ha hecho una especie de sopa jardinera maravillosa con un huevo escalfado. Antes, claro, ha puesto un aperitivo a base de anchoas, aceitunas y gambitas.
No carezco de nada.
14:40
Visita al Santísimo y siesta.
Se me ha olvidado decir a médico que a penas puedo leer o escribir porque ando siempre soñoliento y, cada vez que me siento, me quedo frito.
15:45
Misterios dolorosos.
Veo esta entrevista a Delibes.
17:15
Me siento en la iglesia para mirar fijamente al sagrario.
Escucho esta clase de Alberto Bárcena.
18:30
Vísperas.
Vuelvo a la casa abadía, me ducho y salgo para Los Montesinos.
En El Paseo han puesto mesas y sillas porque hay bingo para la Cofradía de la Virgen de los Dolores.
19:45
Un penitente. Muy bien.
Voy a apagar el teléfono para empezar la misa cuando entra un mensaje de Carmelo C. Me manda un poema de Langlois.
El Señor es tu herencia,
tu casa, tu sepulcro,
tu perdición, tu suerte,
tu sangre, tu corona:
sacerdote por siempre si
duermes, si caminas,
si esparces o recoges,
cuando abres, cuando
cierras, callando, de
rodillas, pecando,
sacerdote
en los sueños, de
espaldas, de viaje,
sacerdote
que gime, que bosteza,
que adora, que agoniza,
por los siglos eternos
sagrado sacerdote.
Le doy las gracias, claro, y me dirijo al altar revestido con ornamentos rojos y como envuelto en fuego.
20:00
Tercera misa del martirio de san Juan Bautista.
Se acerca a comulgar una piadosa feligresa en cuya camiseta leo: Your soul is made of stars. Pienso que eso quizá pueda predicarse del cuerpo, pero nunca de un alma espiritual.
21:00
Cuando vuelvo a San Miguel, el bingo ha empezado, las calles están cortadas y tengo que hacer maravillas para llegar hasta mi garaje.
22:26
Los del bingo siguen cantando números en El Paseo: «Cuarenta. Forty. Catorce. Forteen».
Entre tanto, sigo luchando contra el sueño mientras escribo esto.
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