San Miguel de Salinas
sábado, 9 de mayo de 2026
Una tormenta con gran aparato eléctrico agita el pueblo durante toda la noche. Se oyen truenos como trenes.
No se ve un alma en El Paseo.
Empiezo a recibir llamadas: Joan y Matt, Anne, doña Nati… No van a venir a misa porque está diluviando.
Preparo el altar y doy los tres toques de campanas reglamentarios. Que no se diga que el cura se echa para atrás por una gotas de lluvia.
N viene nadie. No hay misa.
A las doce llegan —caladas hasta los huesos— las niñas que se van a bautizar y sus parentelas. Al bautismo de la campiña se une ahora el de Isabel y Ariadnne.
Después del bautismo asiento las partidas, las fotografío y mando las fotos a los padres para que tengan constancia de que el bautizo ha quedado registrado.
Como con doña Nati.
Mientras preparo la misa de la tarde llega Wilder. Charlamos. Luego él se pone a hacer algunas labores de mantenimiento.
Misa de ocho con homilía y todo.
Al terminar la misa, Wilder me invita al Collie. Él pide una ensaladilla rusa un agua con gas. Yo pido un sandwich y una copa de vino.
Terminada la frugal colación vamos a ver a doña Nati. Wilder aprovecha para poner en hora el reloj de pared de doña Nati. Nos cuenta que Luciana cumplirá quince años en noviembre. En Hispanoamérica el evento se celebraría con una fiesta —misa incluida— por todo lo alto. Pero Luciana no quiere puesta de largo ni fiesta y eso. Luciana quiere ir a la Warner de Madrid. Wilder está dispuesto a ceder en todo siempre que se le conceda un deseo: bailar con su niña el primer vals. Ya veremos.
Wilder se va, nos despedimos de él. Al cabo de un gran rato también yo me voy no sin antes despedirme de doña Nati.
Completas. Cierro la iglesia.
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