lunes, 2 de febrero de 2026

Domingo 1 y lunes de febrero de 2026

 San Miguel de Salinas

domingo, 1 de febrero de 2026


Por la mañana, rutina de domingo: misas en Torremendo y San Miguel y catequesis. 

En San Miguel no canta el coro porque a Tomás le han operado del segundo y último ojo. Canto yo. Al final vamos a la capilla de la Inmaculada en la que está de visita San José porque es el primero de sus siete domingos. 

Después de misa, una comisión de solicitantes solicita que hagamos un grupo de WhatsApp para lectores. Yo tendría que mandar las lecturas de cada domingo y explicarlas un poco para que los lectores puedan prepararlas. Me parece muy buena idea. Las solicitantes se comprometen a hacer el grupo y a incluirme. 


Luego un penitente solicita confesión y luego Wilder viene a contarme cosas. Por último, una suplicante pide un rosario. Le regalo uno que le encanta. 


Como con doña Nati. 


Dedico la tarde a leer, a escuchar música —Brahms Op. 84. 85 y 86— y a poner orden en la casa abadía. 


A eso de las siete voy a visitar a doña Nati. 


A las nueve he cenado y termino de escribir esto. 


San Miguel de Salinas

lunes, 2 de febrero de 2026


4:00

Oficio de lectura . 


6:45

Abro la iglesia. 


7:10

Preparo el altar. 

Laudes. 

Misa. 


8:15

Voy a visitar a Ronald y a Mauricio

Luego me siento en la capilla para mirar fijamente al sagrario. 


9:15

Salgo para San Miguel.


9:45

Saludo a Joan y voy al banco para ingresar la recaudación del fin de semana: 180 euros. 160 de San Miguel y 20 de Torremendo. Muy bien. 


10:30

Me siento en el confesonario. 


11:00

Segunda misa de la Candelaria. 


11:45

Una penitente pide confesión. Muy bien. 

Tenía pensado dedicarme a organizar las confirmaciones del sábado pero, otra vez, se suceden las solicitudes que me obligan a concentrar en otras partes mi meditativa atención:

1. Del tanatorio: que si puedo hacer un entierro a las 17:00. 

2. El archidiácono: que si puedo llevarle el dinero para pagar al fontanero. 

3. De la oficina del banco de Torremendo: que si puedo pasar para firmar unos documentos secretos. 

4. De THADER: que si puedo mandarles una autorización para cobrar las cuotas del cementerio. 

Manos a la obra. 

12:15

Ángelus con quince minutos de retraso. 

Cojo el dinero que hay que llevarle al archidiácono. Imprimo el permiso para THADER. 

12:30

Salgo para Torremendo.

12:45

Saludo al director del banco. Él también me saluda poniéndose de pie, estrechando mi mano e invitándome a tomar asiento, como si yo fuera un magnate. Me siento importante. Me siento. 

El director me explica que el documento que voy a firmar hace innecesarias ulteriores autorizaciones a THADER. Le muestro la autorización que traigo firmada y me aconseja que la rompa y que firme el papel que él me está poniendo delante. Se nota que no soy un magnate porque lo firmo sin leerlo. 

Terminado el negocio, hablamos del ecónomo diocesano, de algunos sacerdotes que conocemos y de mi jubilación. Luego nos despedimos estrechando cada uno la mano derecha del otro según la tradición. 

13:00

Voy a buscar al archidiácono. Llamo a la puerta de la casa abadía y sale. Nos saludamos y me lleva al patio para que vea con mis propios ojos el statu quo de la avería y de la reparación. 

Le entrego doscientos veinticinco dólares. Ya llevamos cuatrocientos cincuenta gastados y no solamente siguen manando las aguas fecales sino que —a más a más— las catas y rozas que han tenido que hacer han dejado el patio y el garaje como Gaza. 

Según el perito, en algún lugar del patio —a unos treinta centímetros de profundidad— hay una arqueta construida cuando la piscina de Siloé a la que confluyen todas las miserias de los desagües y desde la que todas esas miserias se filtran y se abren paso hasta el garaje. 

Pregunto al archidiácono si cree que el seguro se hará cargo de todo eso y me sonríe como sonríen los archidiáconos orientales cuando uno les hace una pregunta directa y ellos quieren dar una respuesta enigmática. 

13:15

Muy reconfortado, salgo para San Miguel. 

13:30

Paro en la gasolinera de San Miguel para comprar una bombona de butano y, ya que estamos, para lavar el coche. 

Cuando pido la tarjeta de lavado, el empleado apunta con el dedo hacia el cielo y murmura: «va a llover». 

14:05

Aparco en San Miguel. Me esperan para comer doña Nati, Gracia y José María pero pienso: «Voy a la casa abadía, apunto los gastos y en diez minutos estoy con doña Nati». Pero los diez minutos se convierten en veintidós. 

14:27

Llego a casa de doña Nati con veintisiete minutos de retraso y pidiendo disculpas. Ni ella ni Gracia ni José María se inmutan. 

15:30

Nos despedimos. 

Visita al Santísimo.

Sesión de Brahms: Trío de violín, chelo y piano. Muy mágico. Op. 87.

Misterios luminosos. 


16:40

Salgo para el tanatorio. 


17:00

Empieza el funeral. 

El difunto era sueco. La viuda y la hija están muy llorosas. Las acompañan otras tres personas. La hija me pide permiso para decir unas palabras. Dice unas palabras. 

Empezamos: «En el Nombre del Padre, y del Hijo..». 


17:2o

Termina el funeral. Salgo a hablar con los dolientes. 


17:30

Salgo para Los Montesinos. 


17:40

Llego a Los Montesinos y me quedo en el coche para rezar un rato. 


18:00

Me siento en el confesonario y un penitente y otro penitente. 


18:30

Tercera misa de La Candelaria. 


19:15

Entra en la sacristía —¡oh!—Samuel que acaba de volver de Andorra. 

Nos abrazamos y lo invito a comer mañana. Acepta. 

¿Querrá venir también su novia, María? Querrá pero no podrá porque vuelve el miércoles. 


19:30

Salgo para San Miguel. 

En Repsol, compro una botella de butano y lavo el coche.


Son las 22:30 cuando acabo de escribir esto.

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