San Miguel de Salinas
martes, 10 de febrero de 2026
Séptima lira del Cántico:
Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déxame muriendo
un no sé qué que quedan balbuziendo.
Aunque no se sabe decir, es tal que hace estar muriendo al alma de amor. La primera noticia del amado —la que dan las criaturas irracionales— produce herida o enfermedad que, con el tiempo, se cura y pasa. Así, la esposa de los Cantares dice: «hijas se Jerusalén, si encontráis a mi Amado, decidle que estoy enferma de amor». La segunda y más elevada noticia —la de la Encarnación del Verbo— produce llaga duradera en el alma. Así, dice el Esposo en los Cantares: «Llagaste mi corazón, hermana mía». La tercera noticia parece que pone moribunda al alma porque vive muriendo cuando recibe un toque de noticia de la divinidad que es el «no sé qué» de la lira. Si el toque fuera continuo, moriría el alma; pero, como pasa enseguida deja al alma muriendo con el amor impaciente de Raquel que dijo a Jacob: «Dame hijos o moriré»; con e amor impaciente de Job: «Ojalá me acabe el que me comenzó». Si lo que entiendo me llaga, esto que no entiendo me mata.
A las 9 ya estoy con las catequesis:
Primera para el Consejo de Evangelización.
Segunda para Brook.
Tercera para Tatiana.
Con mi traje de pecador, me siento en el confesonario.
Misa por los abuelos de Joaquín y Esperanza y por el hijo de una suplicante que celebra hoy su cumpleaños.
Después de misa hay que atender a varias suplicantes y luego hay que llamar al Ecónomo. Hay llamadas que llevan a otras llamadas: la llamada al Ecónomo me lleva a llamar al archidiácono. El archidiácono aprovecha para mandarme ls datos del difunto al que enterró ayer. Toca asentar la partida de defunción.
Hay que ir al despacho parroquia y entrar en el nuevo programa de contabilidad de la diócesis para presentar al obispado las cuentas de San Miguel y de Torremendo. Muy bien.
Vuelvo a la iglesia y me arrebujo en el confesonario con calefacción y manta para leer.
Cuando, —a las dos— salgo a la calle para ir a casa de doña Nati, constato que hace más calor fuera que en la iglesia que dentro. Abro las puertas y las ventanas de par en par.
Comida en casa de doña Nati y, otra vez, se precipita el día hacia su fin y yo me enroco en mi parsimonia.
Brahms: Sonata para piano y violín no 2 op 100. Para ser de Brahms suena muy bien y, en algún momento especialmente delicado, conmueve un poco. (Los que hemos padecido la ceremonia de los JJOO de Francia con la acrimonia de una puesta en escena bárbara —típica de la Francia de sans-culottes y masones— no podemos sino holgarnos ante este prodigio de minimalismo escénico).
Rosario por el hijo de una suplicante.
No puedo llevarle la comunión a Ana porque no tengo coche. No importa.
Escribo el diario de ayer.
Wilder me comunica que mi Lamborghini ha vuelto a dar problemas con el arranque. Se lo cuento a Bruno. Voy con Wilder primero a la gasolinera y luego a masymas. Me acompaña a la iglesia para dejar una bombona de gas y luego al taller. Dejo el coche en la puerta del taller de Bruno.
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