San Miguel
lunes, 16 de febrero de 2026
7.05
¡Oh amanecer!
El viernes, a esta hora, el horizonte estaba envuelto en un manto negro. Hoy ya asoman, tímidamente, los rosados dedos de la Aurora.
¡Oh amanecer, tan largamente esperado!
…
Llego al hospital con tiempo para preparar el altar y rezar laudes antes de la misa.
Después de la misa se me acerca una joven señora. Me basta con su sonrisa y su saludo para saber que estoy ante una princesa colombiana. Me dice que su madre está siendo operada y que arde en deseos de recibir la comunión. Le explico que está prohibido dar la comunión a los pacientes que están en el quirófano y le prometo que —en cuanto su madre salga del quirófano y yo tenga noticia de ello— volaré a su encuentro. Entonces se echa a reír con esa risa argentina de los colombianos y me dice que claro, padre, que no esperaba que yo fuera al quirófano a llevarle la comunión a su madre y que me avisará cuando esté despierta y en la habitación. Su humor y sus ojos achinados por la risa me confirman lo que ya sabía: estoy ante una princesa colombiana.
…
Llevo la comunión a Mauricio y a Ana María. Ronald está dormido . Charlo con Juani. Me cuenta que han empezado a sedarlo.
10:00
Estoy de vuelta en San Miguel. Me siento ante el sagrario con la décima tercera lira del Cántico espiritual.
Apártalos, Amado,
que voy de buelo!.
Buélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu buelo, y fresco toma.
Y lo primero que hay que notar es que no es lira porque es estrofa de seis versos: de siete sílabas el primero, el tercero, el cuarto y el quinto; de cinco sílabas el segundo y de once sílabas el sexto.
También hay que notar que solamente en el el cielo sabremos cómo han de ser leídos estos versos.
Los leo así:
La amable esposa se ha asomado a una fuente cristalina —la fe— con el deseo de ver los ojos del Amado. Y se le da —¡zas!— una visión de esos ojos que la saca de sí y la impulsa a volar hacia el Amado pero también a exclamar: «¡Ya voy, ya voy, ya he visto tus ojos y voy de vuelo! ¡No me mates con tu mirada!».
Luego viene lo de «Buélvete, paloma» y, lo demás.
Yo lo leo como una gran consolación:
El Amado le dice a la esposa que descanse: Buélvete, paloma, y fresco toma. Descansa.
¿La está rechazando? ¡No! Le está diciendo —como a Abraham— que detenga su vuelo, que no siga aleteando porque ya el Amado ha quedado herido de amor y —ciervo vulnerado— asoma por el otero buscando a su amada. Y es todo como decir: «Muy bien, siervo bueno y fiel».
…
Hay que recitar el oficio de lectura, celebrar la misa, ir al banco y, luego, correr a Los Montesinos para la reunión de arciprestazgo.
14:15
Llego a casa de doña Nati. Yo agitado, ella tranquila. Yo pidiendo perdón por el retraso y ella, emperatriz del perdón, perdonándolo todo con una sonrisa y con una mesa que se diría preparada para un héroe de esos de la antigüedad que no tenían colesterol ni nada.
15:00
Visita
Rosario
Meditación.
16:10
Sesión de Brahms Op 106 y 107.
17:00
Salgo para el hospital.
Allí me hago amigo de Blanca, de su esposo, de su hija Luz y de su nieta Blanca Jr.
Luego voy a La Mata para llevar la comunión a Ana. ¡Cómo se alegra siempre cuando me ve entrar en su casa!
Podría —la verdad— no alegrarse mucho. Su casa es una especie de mirador que da al mar. ¿Qué verá en mí para alegrarse que no vea en el mar?
Reflexiono un poco y rectifico. Se alegra cuando me ve entrar no por mí sino por la Eucaristía que —zas— se pone ante sus ojos como el sol que nace cada día ante sus ojos.
…
Hay que volver a San Miguel.
No es fácil porque el atasco y eso. Pero no es angustioso ni nada porque no tengo prisa y porque Dios le regala a mi parsimonia una puesta de sol que es una bendición.
…
Todo lo demás (la compra en masymas, las vísperas, la cena ligera) cabe en un paréntesis.
Me siento para leer la Historia de la Institución Teresiana. hasta la página 46 donde elogian a los de la Institución Libre de Enseñanza: «puritanos, gentes de buenas maneras, ajenos a la greña jacobina».
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