martes, 6 de agosto de 2024

Diario. Martes, 6 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

martes, 6 de agosto de 2024


8:00

Oficio de lectura y laudes. 

Oración de la mañanita con un ventilador a la derecha, otro a la izquierda y el sagrario enfrente. 

9:00

Durante el Oficio de lectura, un individuo con no muy buena pinta se ha asomado un par de veces a la iglesia por lo que decido, contra mi costumbre, cerrar las puertas antes de volver a la casa abadía. Allí me entrego a la limpieza. Recojo cuatro cucarachas muertas. 

10:45

Vuelvo a la iglesia que ya está abierta porque ha venido Joan. 

11:00

Misa de la Transfiguración. 

12:00

Vuelvo a la casa abadía. Ángelus. 

Sexta. 

Me llama Armin desde Suiza. Está organizando las cosas para  que pueda celebrar misa cada día cuando vaya allí. 

Voy al chino para comprar un bolso de viaje. 

Lectura de los Sermones Parroquiales. 

Lectura del Evangelio de San Lucas. 

Lectura de La Cena del Cordero. 

Mando un mensaje a la óptica para ver si me pueden arreglar unas gafas de sol Persol Calligraph Collection

Preparo las cuentas para dejarle copia a Teresa antes de irme. 

14:00

Pongo una lavadora y voy a comer a casa de doña Nati. 

Antes de despedirnos me recuerda que mañana irá conmigo al hospital para hacerse unos análisis. Tomo nota. 

14:45

Visita al Santísimo.

15:00

Noticias en Antena 3. 

15:40

Misterios dolorosos.

16:00

Veinte mensajes de WhastApp. Paco: que si podemos celebrar el funeral de su tía el día 17. 

16:15

Oración de la tarde. 

16:50

Hago una prueba para ver si cabe en mi nuevo bolso de viaje todo lo que quiero llevarme. Cabe. 

17:15

Vísperas. 

17:30

Tiendo la ropa. 

17:45

Lectura de La Nueva Jerusalén. 

18:16

Del tanatorio: que tenemos funeral mañana a las seis. 

Pongo el aviso en el muro de Fbk. 

Voy al cajero automático.

Voy a casa de doña Nati para devolverle la maleta que me dejó. Ella no está, se la dejo a Samira. Doy el toque de «Difuntos hombre» y salgo para el hospital. Atascazo en Torrevieja. 

Voy a ver a Montse. La van a operar mañana. Charlamos y le doy la comunión. 

Salgo para Los Montesinos. Atasco por todas partes. 

20:05

Empieza, con cinco minutos de retraso la misa de ocho. Pido disculpas por el restraso. 

21:00

Estoy a punto de aparcar en el garaje cuando veo que dos guardias civiles salen de la iglesia y me hacen señas. Aparco y charlamos. Me informan de que Sergio, el maestro relojero chileno, está desaparecido desde el sábado y de que alguien dice haberlo visto en un coche gris. Mi coche es gris. Les cuento todo lo que sé de Sergio. Me dejan sus números de teléfono y nos despedimos. Han sido muy amables. 

Subo a la iglesia, rezo completas, apago las luces y cierro las puertas. 

21:30

Quince mensajes de WhatsApp. Silvia, la hermana de Sergio, el maestro relojero chileno, me pregunta si sé algo de su hermano. Le doy las tristes noticias. 

Me preparo una cena ligera. 

Escribo esto. 

lunes, 5 de agosto de 2024

Diario. Lunes, 5 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

lunes, 5 de agosto de 2024


7:00

22ºC

Abro las puertas de la iglesia de par en par, en ciendo las luces.

Regalo de cada mañana de verano, el trayecto hasta el hospital —rumbo al Este— dura lo que tarda el disco rojizo del sol en triunfar sobre el horizonte. Es uno de esos gloriosos momentos del día en los que cada guijarro podría ser una perla. 

7.20

Después de prepar el altar para la misa de la dedicación de la basílica de Santa María la Mayor, me siento para mirar fijamente al sagrario.

8.00

Misa. 

Oficio de lectura y laudes.

9:30

Vuelvo del hospital y ya hay atasco en Torrevieja. No pasa nada, probablemente soy el único que no tiene prisa. 

11:00

Misa en San Miguel. En la homilía recuerdo el sueño del papa Liberio y del patricio Juan y su esposa,  el concilio de Éfeso, al papa Sixto III y el milagro que devolvió la vista a Jimena hace exactamente un año, en Fátima, durante la JMJ. 



Por la tarde he ido a Guardamar para llevarle la comunión a Ana. Atascazo en Torrevieja a la ida y a la vuelta y muchas ambulancias —a la ida y a la vuelta— en dirección a Campoamor. No he podido darle la comunión a Ana. Me ha abierto la puerta su hija —que es doctora en medicinas y muy simpática— y me ha explicado que Ana está convaleciente de una infección de COVID y que está durmiendo. 

He vuelto rezando los misterios gozosos con BXVI y echándome al arcén cada vez que iba a adelanrme una ambulancia. 



Gracias a doña Aurora Pimentel, descubrí el diario de doña Elena M Tascón Me gusta. Es bastante misterioso. Acabo de leer la página 1 que se titula asina: «1. Kilómetro 0». La publicó el 25 de junio. luego ha publicado otras diez. Del 25 de junio al 5 de agosto van doce días. Llevo más de una hora entrando en X (antes y después Twitter) cada diez minutos para leer la página de hoy. ¡Qué emoción!

domingo, 4 de agosto de 2024

Diario. Domingo, 4 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

domingo, 4 de agosto de 2024


9:15

Salgo para Torremendo. 

10:00

Misa en Torremendo.

10:40

Salgo para Los Montesinos pensando que tengo misa allí a las once, pero no. Cuando llego —a las once y un minuto— encuentro al arcipreste revistiéndose para la misa. Nos saludamos, nos despedimos y voy a San Miguel. 

12:20

Un penitente. Muy bien. 

12:30

Misa en San Miguel.

13:50

Salgo para La Torre con Laura. Llevo el aperitivo: anchoas y chorizo. Llegamos a tiempo para el aperitivo y para el partido de tenis de Alcaraz. Ha llegado de Madrid Patuca. 

Pepe nos sirve, con el café, un chupito de güisqui hecho en Escocia y madurado de las bodegas de Jerez de González Byass. Muy bien. 

        Muchas felicitaciones por el día del cura de Ars. 

20:00

Misa en la Torre.

21:00

Salgo para San Miguel. 

21:45

Hay un coche aparcado ante la puerta de mi garaje. Toco el claxon varias veces y nada. Llamo a la Policía Local. 

22:15

Llega la Policía Local: que la grúa está en camino. Doña Nati me invita a tomar una cena ligera. Samira ha vuelto de Marruecos y me ha traído un salero de allí. Se lo agradezco. 

22:30

Llega la grúa. 

22:45

Aparco en el garaje y subo a la iglesia para rezar completas. 

23:00

Cierro la iglesia y voy a la casa abadía. Escribo esto.

sábado, 3 de agosto de 2024

Diario. Sábado, 3 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

sábado, 3 de agosto de 2024


Malas artes fuege. 

(Carta de san Ignacio de Antioquía a san Policarpo)


Cuando ha empezado la misa de once, los congregados éramos seis: tres mujeres y tres varones. Durante la proclamación del Evangelio, ha entrado otra señora. Ya en el ofretorio, ha llegado una familia entera: padres con tres hijos, una nuera y tres nietos.  Muy bien. 

Un penitente ha venido a la sacristía a pedir confesión. Hemos ido al confesonario. Cuando he vuelto a salir del confesonario, el penitente me estaba esperando. «Sé que está usted empapado de sudor —me ha dicho sonriendo— pero: ¿puedo darle un abrazo?». Y nos hemos dado un abrazo bastante fuerte. Muy bien. Luego he ido a la casa abadía para cambiarme de camisa. 

Laura está  en La Torre con Alejandra, Jacobo y sus cinco hijos. 



Comida en casa de doña Nati. Sigue con mucho interés los JJOO y ha puesto el canal del PSOE, pero había golf y la ha vuelto a apagar y hemos charlado desde el aperitivo hasta el café. 



A las cinco y cuarto he salido para Torremendo donde me he encontrado con el archidiácono que me ha saludado cordialmente —«Bendición, Padre»—  como es su costumbre. Sobre la mesa de la sacristía había preparado el pedido de San Jorge:  una caja de seis botellas de vino de consagrar y miles de formas grandes y pequeñas. Estamos servidos para un año. 

Misa de seis en Torremendo asistido por David.

Misa de siete en La Marquesa con Luis de monaguillo.

Misa de ocho en San Miguel. 

Total de genuflexiones ante el Santísimo: 38. 

He subido y bajado bastantes escaleras, pero no he contado los peldaños. 

viernes, 2 de agosto de 2024

Diario. Viernes, 2 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

viernes, 2 de agosto de 2024


6:30

Abro la iglesia. Primera genuflexión del día.

Hoy no es jueves, pero celebramos la memoria de Pedro Julián Eymard —funadir de los sacramentinos—  y va a ser, si Dios quiere, un viernes eucarístico. 

Pedro Julián fue canonizado por Juan XXIII en 1962. El papa dijo de él que había sido un perfecto adorador de la eucaristía. Me gusta esta anécdota: tenía cinco años cuando algien lo vio con la cabeza apoyada en cierto sagrario, co o un san Juan reclinado sobre el pecho de Jesús. ¿Cuántos santos, enamorados de la Eucaristía, habrán hecho gestos así de ingenuos y de naturales sin que nadie los viera? 

Voy a contar las genuflexiones que hago hoy. Otros cuentan —y hacen bien— las sentadillas, las flexiones, las contorsiones, las calorías, los litros de agua que consumen a diario. 

Desayuno en la panadería porque no hay leche en la casa abadía. 

7:00

Salgo para el hospital. 

En la oración colecta de la memoria de san Pedro Julián Eymard pedimos «recibir la misma riqueza que él encontró en este divino sacramento». Sí, este va a ser un viernes eucarístico, si Dios quiere, y más de uno se hará rico. 

Después de la misa una sorpresa agradable. Subo —recitando el Adoro te devote—los ochenta y un escalones que van de la capilla a la azotea del hospital y no solamente descubro que el ritmo de las palabras se acompasa magníficamente con el ejercicio sino que —sorpresa agradable— la recitación termina exactamente cuando alcanzo el último escalón. Me felicito y tomo nota. 

A las 9:15 salgo para San Miguel. 

A las 10:00, después de cerrar las ventanas de la casa abadía y de bajar las persianas y de desinsectarlo todo y de descucarachizarlo todo, voy a la iglesia. No olvido mi propósito de contar las genuflexiones. 

La amable enfermera que me atendió la última vez que fui a recoger  los resultados de mis análisis me recomendo que hiciera ejercicio. Por eso empecé lo de subir tres veces por semanas desde la capilla hasta la azotea del hospital. Formulé, entonces, otro propósito: subir, cada día, hasta el campanario. Hoy lo he puesto en práctica. Son cincuenta y siete escalones, aunque más altos e irregulares que los del hospital. 

He encontrado a Joan charlando con David Penward en el rincón de San Miguel. Joan lo negaría, pero lo cierto es que David la ha tomado como consejera espiritual. Después de quedarse viudo, el desconsuelo lo condujo hasta la iglesia de San Miguel en la que, al parecer, encontraba cierto alivio para su pena. De hecho, venía cada día, se arrodillaba en el último banco y pasaba un buen rato sollozando. Así lo conocimos. Fue Joan quien se atrevió a acercarse a él y a ofrecerle su amistad. Charlaron un buen rato en el rincón de San Miguel. Entonces supimos que nunca había sido bautizado y que deseaba, más que nada en el mundo, poder participar en la Eucaristía. Joan se encargó de su catequesis. Cuando tuvo que volver a Inglaterra durante tres meses, le presté mi ejemplar del Catechism of the Catholic Church. Se lo zampó de cabo a rabo  y volvió con un mintón de preguntas  para Joan. Con permiso del obispo lo bauticé y lo confirmé un año después. Desde entonces comulga a diario y es fácil encontrarlo sentado en El Paseo con su rosario antes de la misa. También es fácil encontrarlo, como hoy, sentado con Joan en el rincón de San Miguel. 

A  las diez y cuarto me he sentado en el mejor confesonario de la diócesis. A la capillla se accede por unas soberbias puertas del siglo XVIII que por fuera son oscuras y todo los sobrias que pueden ser unas puertas de estilo rococó pero, al abrirse, despliegan un impresionante colorido de dorados, plateados, rojos y verdes. Tanto al cubículo del penitente como al del sacerdote se puede entrar en silla de ruedas. Ya dentro, aire acondicionado y conexión a Internet. ¿No es maravilloso?

Recuerdo que, ayer, don AFM hablaba del cura de Ars y ponía en duda el testimonio según el cual alguna vez llegó a estar dieciseis horas oyendo confesiones. El recuerdo me lleva a formular un propósito: poner en el confesonario una imagen del cura de Ars. Ya hay una imagen del arcángel San Miguel —una esculturita de pasta—, un cuadro de San Vicente Ferrer con la leyenda TIMETE DEVM ET DATE ILLI HONOREM. QVIA. VENIT. HORA IVDICII EIVS, y una reproducción de La Crucifixión del El Greco que me trajo Wilder de Colombia. 

Tercia. 

También recuerdo una anécdota que contó ayer don AFM. Al parecer, después de pasar más de una hora en el confesonario, cierto sacerdote comentó a otro: «hoy no ha venido nadie a confesarse». Entonces el otro le advirtió: «Has dejado encendida la lucecita roja durante todo el tiempo». El recuerdo me lleva a mirar el interruptor de las luces que avisan «libre» u «ocupado». Sí, en efecto, también yo llevo más de media hora sentado en el confesonario con la lucecita roja encendida. 

A las once, misa de once.  Hoy la congregación es más numerosa de lo habitual porque ha venido una familia entera para ofrecer la misa por un difunto. Al terminar la misa, doña Nati anuncia una buena nueva: han dejado ciento quince dólares en el cestillo de la colecta. ¡Bendito sea Dios!

Carlos entra en la sacristía con su sobrina Carmen que, cada día, viene a recoger las dos piruletas que le regala Teresa: una para ella y otra para su hermano Roque. 

Un penitente pide confesión. Muy bien. 

No olvido mi propósito  de contar las genuflexiones. 

12:15

La temperatura en la casa abadía es de 29º C. Fuera, 31ºC. Una temperatura bastante baja para el mes de agosto. Muy bien. 

Leo el Sermón 31 de los Sermones Parroquiales, tomo 2. Está fechado en la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas del año 1834 —el mismo año en que fue ordenado sacerdote Pedro Julián Eymard— y habla del celo por la verdad. Aunque con muchos matices y con mucho respeto, acusa a la Iglesia de Roma de haberse convertido en una fuerza política. 

Dejo los Sermones Parroquiales y reanudo la lectura de Newman, His Life and Spirituality, de Louis de Bouyer. 1816 fue el año de la primera conversión de Newman y también —casualmente— el año en que un niño francés llamado Pedro Julián, reclinaba su cabeza junto a la puerta del sagrario y, sorprendido por su hermana, le explicaba: «Es que lo escucho y lo entiendo mejor así». 



A la hora de comer encuentro en casa de doña Nati a Irene y  R —que se van— y a Gracia y José María, que se quedan. Carlos Alcaráz está dándole una paliza rápida a su rival canadiense que parece un buen muchacho. Lo celebramos. 



Después de comer me he unido por Twich al rosario dirigido por el obispo en desagravio por las ofensas a la Eucaristía. Viernes eucarístico. 

A las seis, el funeral de José en Los Montesinos. Al salir de la casa abadía —a eso de las cinco y media— me he cruzado con Teresa que venía de limpiar la iglesia. Al llegar a la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, me ha saludado  un joven de unos veinte años cuya cara me era conocida. En la sacristía me han dicho su nombre y he caído en la cuenta: ¡Rubén, claro! Fue uno de los primeros seres humanos que empezó a seguirme cuando abrí mi cuenta en Instagram. Nunca nos habíamos visto en persona. Es uno de los nietos del difunto José. Al terminar la misa me he acercado a saludarlo y a darle el pésame. 

Luego compra en Más y Más, cena ligera en casa y, trasteando un poco en Twitter (luego X) me meto en un charco profundísimo y declaro que estos JJOO serían de muy triste memoria si no fuera por Alcaraz. Empezaron como empezaron y están donde están: con un maromo argelino dándole una paliza a una italiana que parece una buena chica y con una medalla para el maromo. 



Hoy he subido ciento treinta y ocho escalones —contando solamente los del hospital y los del campanario— y he hecho veinticinco genuflexiones ante el Santísimo.

jueves, 1 de agosto de 2024

Diario. Jueves, 1 de agosto de 2024

 San Miguel de Salinas

jueves, 1 de agosto de 2024


Como todos los jueves, hemos tenido un rato de oración ante el Santísimo expuesto. Al terminar la bendición ha llegado el arcipreste para celebrar la misa. 

«¿Tendrías incoveniente, oh arcipreste, —le he preguntado— en que nuestro amable organista tocase la melodía del Tu scendi dalle stelle durante la acción de gracias, como cariñoso homenaje a san Alfonso María de Ligorio?»

El arcipreste no suele poner pegas y no las ha puesto. Tampoco el organista ha puesto pegas.

Mientras el arcipreste celebraba la misa yo he atendido a un penitente y, luego, he salido para Alicante. En La Torre he recogido uno de los tres ventiladores de la Biblioteca Sacerdotal que están almacenados allí y lo he llevado conmigo a  La Lloseta para entregárselo a don AFM. 

Terminado el Círculo, he vuelto a La Torre. 

Pepe había preparado un aperitivo con Vermú rebajado con gaseosa y servido con mucho hielo y con rodajitas de naranja y de limón. Lo hemos tomado en la almazara viendo el partido de Alcaraz. 

He comido en La Torre con Pepe, Almudena, Almudena Jr y Alex. El acento gringo de Alex me divierte mucho y él, que lo sabe, lo exagera. A su madre y a su abuela también les hace gracia pero disimulan la risa y le dicen que hable bien. 

A las seis y media he celebrado misa en La Torre. Luego he salido pitando para Los Montesinos y allí he celebrado la segunda misa del día. 

21:22

28º C en San Miguel. 30º C en la casa abadía. Voy a abrir las ventanas.