martes, 4 de noviembre de 2025

Diario. Domingo 2 y lunes 3 de noviembre.

 San Miguel de Salinas

domingo, 2 de noviembre de 2025


10:00

Torremendo. Primera misa de todos los fieles difuntos. 

12:00

San Miguel. Reunión de catequistas.

12:30

San Miguel. Segunda misa de todos los fieles difuntos por todos los fieles difuntos. Canta el coro. Muy bien. 

Comida con Armin y Heidi que han invitado a Bea, a Karl y a un matrimonio alemán. 


17:00

Rosario en el cementerio. 

18:00

Tercera misa de todos los fieles difuntos. Por el Papa. 


San Miguel de Salinas

lunes, 3 de noviembre de 2025

6:30

Abro la iglesia y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

7:00

Salgo para el hospital. 

7:20

Preparo el altar.

7:40

Misa. 

8:30

Voy a ver a Ramona. La enfermeras están trabajando en su habitación. Su padre me invita a un café en la cafetería. Hablamos largamente. Me habla de su infancia en Macedonia con su madre y de la emigración de su padre a Holanda. Me cuenta cómo se reunieron su madre y él con su padre en Holanda y otras muchas cosas muy emocionantes. 

9:00

Subimos a la habitación pero las enfermeras siguen trabajando. Me despido de Alí hasta la tarde. 

9:40

En san Miguel, oficio de lectura y laudes. 

10:00

Como no viene Joan, preparo el funeral de las once. 

10:30

Doy el primer toque de campanas 

10:45

Doy el segundo toque de campanas. 

10:55

Tercer toque de campanas. 

11:00

Funeral. 

11:30

Siguiendo al cortejo fúnebre, Carmen, Manola y yo nos dirigimos al cementerio para rezar el rosario. 

12:15

Terminado el rosario, dejo a Carmen y a Manola en su casa y vuelvo a la iglesia: sexta. 

Voy al banco para ingresar las colectas del fin de semana. El cajero automático ya no permite hacer transferencias. Voy al despacho para actualizar las cuentas parroquiales y hacer una transferencia. 

En el buzón encuentro seis sobres. Uno es del juez de paz. Me comunica que ya no admitirán las comunicaciones de bodas si no van en el formulario antiguo: tres hojas —blanca, verde y rosa— que hay que rellenar a mano. ¡Qué amable! Otro sobre es de la Vicepresidencia Primera del Gobierno. Me indican una página del catastro en la que —con una clave mágica que me mandan— podré informarme de una resolución que han tomado sobre los inmuebles parroquiales. Después de introducir todos los datos que me piden, una pantalla avisa de que el sistema no está operativo y me conmina a intentarlo más tarde. Después de intentarlo otra vez sin resultado, voy a comer a casa de doña Nati. 

14.00

En casa de doña Nati encuentro a Gracia, a José María, a Raúl, a María y a Roberto. 

15:00

Nos despedimos. 

Visita al Santísimo. 

Desde la casa abadía asisto a la charla de EGM sobre las virtudes

Pongo una lavadora. 

16:00

Vuelvo a la iglesia y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

16:30

Vísperas. 

Voy a asentar la partida del difunto de hoy pero compruebo que hay que asentar antes la de otro difunto cuyo funeral celebró el archidiácono. Asiento solamente una partida porque tengo que ir al hospital y a Guardamar y no quiero que se me haga tarde. 

17:10

Salgo para el hospital.

17:30

Voy a la capilla, me pongo mi bata blanca y pongo una partícula en el portaviático. 

Subo a la habitación de Ramona. Está vacía. Una enfermera me dice que la han bajado a la UCI. Voy a la UCI. Ramona está con sus padres. Me cuentan que le han hecho una operación rápida y sencilla y que esperan que mañana pueda estar de vuelta en la habitación. Rezamos un poco. 

Me despido. 

18:15

Salgo para Guardamar. Voy a llevarle la comunión a Ana. 

Me abre la puerta la ucraniana atlética. 

18:45

Vuelvo a San Miguel. 

19:10

Lectura del evangelio de san Mateo. 

Lectura de las Confesiones de San Agustín. 

19:30

Voy a la casa abadía y tiendo la ropa. 

Consigo entrar en la página del catastro y leer la resolución referente a los inmuebles de la parroquia. Lo envío todo al obispado. 

20:00

Voy a Más y Más. 

20:30

Me preparo una cena ligera y vuelvo a la iglesia. 

21:10

Completas. 

Apago las luces y cierro la iglesia. 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Diario. Sábado, 1 de noviembre de 2025

 San Miguel de Salinas

Sábado 1 de octubre de 2025


A primera hora de la mañana, me llama Laura preocupada porque su madre no contesta al teléfono. 

Llamo a Joan y nada. 

Llamo a Wilder y me responde con la voz cavernosa de alguien a quien acabas de despertar. 

Me disculpo, le explico la situación, le ruego que me acompañe a casa de Joan por si hay que forzar alguna cerradura y vuelvo a disculparme. No solamente acepta mis disculpas sino que me da las gracias por contar con él:

—Padre, siempre a la orden. Es con mucho gusto. 

Paso a buscarlo y vamos a casa de Joan. Todos sus vecinos son ingleses y sé que cualquier ruido los pondrá alerta y hará que corran a observar disimuladamente —o no— tras sus ventanas. 

La puerta del jardín está cerrada. 

Joan, are you at home?— grito, pero no muy alto. 

A la ventana del altillo se asoma un gato. Voy a volver a llamar pero, justo entonces, tras el gato asoma la cara, sonriente de Joan. 

Oh, Father!— ríe Joan. 

Las caras del gato y de Joan desaparecen de la ventana del altillo. Casi al instante, la cara del gato asoma tras los cristales de la puerta de entrada. Algo más tarde aparece Joan. Abre la puerta de la casa, sale al jardín y abre la puerta del jardín. 

Your daughter is a bit worried because you don’t answer the phone— digo fingiendo que yo no me he preocupado. 

Entonces Joan resuelve el misterio de las llamadas perdidas: resulta que ayer, cuando la dejé en su casa, olvidó su bolso en mi Lamborghini. Y resulta que el teléfono está en su bolso. 

Mientras Wilder la acompaña a mi Lamborghini para entregarle el bolso, yo mando un wasap a Laura: Your mum is OK. 

Luego, Wilder y yo nos despedimos de Joan —Wilder la besa, muac, muac— y volvemos a San Miguel. 

Por el camino Wilder va orando en voz alta: 

—Bendito sea Dios y qué bendición que no haya sido nada. Y qué bendición que estuviera de este lado de la casa y no del otro lado. Porque si hubiera estado del otro lado no nos habría oido y ahora estaríamos dañando sus cerraduras. Bendito sea Dios. 

Y cuando le digo:

—Wilder, perdona el madrugón. 

Él me contesta:

—Es con mucho gusto, Padre. Siempre a la orden si puedo ayudar.

Pienso entonces que no carezco de nada y viene el dimoño a amargarme el día: 

—Careces, para empezar de mitra episcopal. 

Y, como Jonás se puso de mal humor por la mata de ricino, así yo me pongo de mal humor por lo de la mitra de la que carezco. 


El sábado continúa como si fuera un domingo porque es la solemnidad de Todos los Santos: misa en Torremendo a las diez y en San Miguel a las doce y media. 


Como con doña Nati.


Invito a Ana Isabel, a Wilder, a Luciana y a Camila a cenar en el restaurante Catalina II de Torrevieja. Aceptan la invitación. Yo tengo que ir al hospital para ver a Ramona. 

La encuentro sola en su habitación porque sus padres han salido a cenar. Me pide que me siente porque quiere charlar. Me siento y me cuenta un montón de cosas. También me hace preguntas muy profundas a las que yo respondo como puedo, torpemente. Y le pregunto: 

Would you like us to have a spiritual communion? 

Está muy flaquita pero muy locuaz y en sus labios —cubiertos de heridas que se me antojan rosas— pinta una sonrisa como de sol que se refleja también en sus ojos cuando me dice:

Yes Father, please. Let’s have a spiritual communion

Y celebramos allí una misa semi seca. Semi seca porque no hay consagración pero en el momento de la comunión pongo la Hostia ante los labios floridos de Ramona y ella la mira y la mira y se la come con los ojos y con el corazón. Luego cierra los ojos, yo le doy la bendición y la dejo en silencio y en paz y me voy a Torrevieja.


El sábado termina como las grandes solemnidades.

En el el restaurante Catalina II de Torrevieja, un camarero marroquí bastante flaco, muy profesional y simpatiquísimo, nos sirve una cena de Todos los Santos. 

Ana Isabel pide una carne que se ofrece en el menú como «entrañas» o algo así. Wilder y yo pedimos pescado. Luciana pide una pizza y Camila una pasta. 

Camila bendice la mesa como de costumbre: «El Niño Jesús que nació en Belén bendiga esta mesa y a nosotros también».

Todos —Ana Isabel, Luciana, Wilder y yo—respondemos: Amén.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Diario. Viernes, 31 de octubre de 2025

 San Miguel de Salinas

viernes, 31 de octubre de 2025

A las seis y media entrego las llaves de la habitación en el hotel de Coventry. Justo a esa hora están abriendo el comedor. Me voy sin desayunar. 

Vienen a recogerme Matthew y Joan. Vamos al aeropuerto de Birmingham. Allí, Joan y Matthew se abrazan tierna y largamente porque es su manera de despedirse. Luego Matt y yo sacudimos nuestras manos mirándonos fijamente a los ojos y sonriendo —aunque no mucho— porque es nuestra manera de despedirnos. 

Joan y yo emprendemos esa vía dolorosa que los de la agenda globalista han preparado para cualquiera que tenga que viajar. 

Hay que cargar con las maletas por pasillos interminables. Hay que orientarse en una jungla de anuncios de calzoncillos, sujetadores, perfumes y otros muchos bienes apetecibles que ocultan lo que importa para la supervivencia: las señales que deberían indicar el camino hacia la Tierra Prometida. 

Después de muchas vueltas y revueltas llegamos al calvario: allí te despojan de todo, te desnudan, te palpan hasta las entretelas y, sí, te exigen que abras las piernas y los brazos como un san Andrés dispuesto a ser crucificado porque van a someterte al escrutinio de los rayos X. 

Nosotros, los católicos de toda la vida, soportamos esas humillaciones con alegría: The Lord is my Shepherd. Pero tenemos que ser comprensivos con los agnósticos y con los drogadictos y con todos los que —por no ser mansos y humildes de corazón— salen de esa prueba y ser suicidan o deciden prenderle fuego al mundo. 

A mí —después de desnudarme y todo eso— me dejan pasar. A Joan no. 

Los que nos juzgan y examinan no son Lores, no. Tampoco son gente del pueblo. Ni siquiera son policías. Son semianalfabetos con chalecos reflectantes que los hacen inidentificables e irresponsables, como a los etarras. Tratar de razonar con ellos es como tratar de razonar con una cura africano al que le han dicho que su misión en esta vida consiste en cumplir las normas evacuadas de algún vientre episcopal o pontificio. 

Retienen a Joan durante media hora porque lleva en la maleta tres latas grandes de café. No me extrañaría nada que —entre tanto— unos amables terroristas estuvieran pasando explosivos a Españita desde Gibraltar. 

Da igual. Nosotros, los católicos de toda la vida, lo soportamos todo con paciencia. 

Ya no nos da tiempo a desayunar antes de embarcar. 

Da igual, Nosotros, los católicos… 

Hay que seguir arrastrando las maletas. Los aeropuertos están pensados —un poco como el infierno— para amargarte el viaje y la vida. 

Joan y yo —ella más que yo— lo soportamos todo con paciencia. 

Renqueando y todo llegamos, por fin al avión. 

Dedicamos las dos horas y piquito del viaje a rezar rosarios y a dar gracias a Dios. 



Diego —¡qué amable!— nos recoge en el aeropuerto del Altet y nos lleva a Torrellano. 

Comemos en Torrellano. 


Después de comer, Joan se pone al volante de mi coche y volvemos a San Miguel. Por el camino vamos orando con Roger Scruton

Al llegar a casa de Joan la ayudo con las maletas. Sus gatos salen a saludarnos. Joan se queda con ellos y yo me voy a San Miguel. 



Hay que deshacer las maletas y todo eso.

Hay que rezar y todo eso. 

Hay que celebrar la misa de seis y todo eso. 



A eso de las ocho, mientras preparo una cena ligera, recibo un mensaje de Inglaterra. Es de Laura: 

Hi, Father, did mum get home okay?

Respondo que sí, bendigo los alimentos, me los zampo y me voy a la cama.