martes, 2 de septiembre de 2025

Diario. Martes, 2 de septiembre de 2025

San Miguel de Salinas

martes, 2 de septiembre de 2025


05:00

Me despierto y cierro la ventana porque hace frío. 

Oficio de Lectura. 

Me acuesto y me duermo. 


7:00

Me despierto. 

Laudes. 

Café y fartons

Me acuesto y me duermo. 


9:00

Me levanto. 


10:00

Desayuno en La Torre. 

Voy a rezar a la ermita. 


11:30

Me acuesto pero no me duermo. 

Empiezo a leer el Romancero gitano. 


13:30

Misa votiva de los ángeles. 


14:00

Pepe nos ha preparado un aperitivo en el patio. 

Luego Rosario, Teresa, Pilar y Mamen se despiden porque vuelven a Madrid. 



Después de comer me acuesto. Duermo un poco, leo el Romancero gitano, duermo un poco… y así. 


A las seis y media me despido de Almudena que me ha preparado una cesta de Caperucita. Salgo para Los Montesinos rezando misterios dolorosos con BXVI. 



20:00

Misa votiva de los ángeles. 


21:00

Me he dejado las llaves en La Torre. Visito a doña Nati para pedirle el otro juego de llaves pero no lo tiene. Cree que se lo dio a Wilder. Llamo a Wilder. Sí, él tiene las llaves. Voy a buscarlas. 



Después de haber dormido durante todo el día no debería tener sueño. No debería, pero me caigo de sueño. ¿Será por las cinco pastillas y los dos sobres de Bisolvón que he trasegado hoy? 

Diario. Lunes, 1 de septiembre de 2025

 La Torre

lunes, 1 de septiembre de 2025


Hoy solamente tengo dos cosas en la agenda: 

Primera: llamar a Arantxa.

Segunda: visitar a Rosario y a Salvador. 


6:30

Salgo de La Torre para Torrevieja. Voy oyendo una piadosa meditación y huyendo de la agresiva conducción de los pobres diablos que, ya a estas horas, andan como fuera de sí. 

7:40

Primera misa por las almas del purgatorio. 

8:45

Abro la iglesia de San Miguel. Oficio de lectura y laudes. 

9:15

Voy a la casa abadía, me acuesto y me duermo. 

10:30

Vuelvo a la iglesia. 

11:00

Segunda misa por las almas del purgatorio. 

11:45

Voy al banco porque es lunes. 

12:00

Vuelvo a la casa abadía, me acuesto y me duermo. 

13:30

Salgo para La Torre. 

Cuando llego, sale a mi encuentro Pepe. Ha preparado un aperitivo. No carezco de nada. 

16:00

Después del café voy a mi piso, me acuesto y me duermo. 

18:00

Misa en la ermita. 

La Torre no es un ashram pero, durante estos días, cinco viudas la habitan. Ofrezco la misa por sus cinco viudos. 

18:45

Horchata con fartons en compañía de las gemelas. Es hora de llamar a Arantxa. ¡Qué bien!

Hablo con Arantxa. Está con Mar. Me dice Arantxa que Mar ha leído mi diario de ayer y que querría comentar conmigo ese verso de Rosales que dice que el dolor es un don. ¡Qué bien!

19:00

Cada celulita de mi cuerpo grita: «¡A la cama, a la cama!». 

Nosotros, los ascetas de toda la vida, estamos acostumbrados a sobreponernos y a hacer frente a la turba canalla. Ahora toca rezar que es, según creo, amar y acostumbrarse. 

Obediente, me pongo en oración y me quedo frito. 

20:00

Voy a ver a Rosario y a Salvador. Los encuentro en la replaceta, sentados bajo los frondosísimos ficus. Salvador desabrocha su camisa para mostrarme la cicatriz —impresionante— que le ha dejado el cirujano. 



He cenado en La Torre con Almudena, Fátima y Pepe. 

He hablado con Arantxa y he visitado a Rosario y a Salvador. 

lunes, 1 de septiembre de 2025

Diario. Domingo, 31 de agosto de 2025

 La Torre

domingo, 31 de agosto de 2025


De la mañana queda el recuerdo de un cielo claro, de una brisa fresca y del canto de los pájaros en El Paseo. 


Luego las misas:

La de diez en Torremendo, la de once en Los Montesinos —emocionante despedida de don Paco— y la de doce y media en San Miguel, 


De la tarde la comida en la Almazara, la siesta hasta las siete, la lectura de «La casa iluminada» de Rosales, la misa de nueve en la ermita y la cena en el patio. 



De «La casa iluminada» copio esto para @HookRitchie:


Ahora que estamos juntos, 

ahora que ha vuelto la inocencia, 

y la disposición visceral de estas paredes, 

ahora que todo está en la mano, 

quiero deciros algo, quiero deciros algo:


El dolor es un largo viaje, 

es un largo viaje que nos acerca siempre, 

que nos conduce hacia el país donde todos los hombres son iguales; 

lo mismo que la palabra de Dios, su acontecer no tiene nacimiento, sino revelación, 

lo mismo que la palabra de Dios, nos hace de madera para quemarnos, 

lo mismo que la palabra de Dios, corta los pies del rico para igualarnos en su presencia; 

y yo quiero deciros que el dolor es un don 

porque nadie regresa del dolor y permanece siendo el mismo hombre. 

Todo llega en la vida por sus pasos contados, 

la primavera y el verano, la ignorancia y la lluvia, 

porque no hay nada gratuito, 

no hay alegría, por pequeña que sea, 

que no tenga que conseguirse 

como la hormiga testaruda lleva su carga tronco arriba; 

no hay alegría, por importante que nos parezca, 

que no termine convirtiéndose en ceniza o en llaga, 

pero el dolor es como un don, 

nadie puede evitarlo, 

las esperanzas, el amor, el dinero, 

todos los bienes terrenales 

siempre están contenidos por él y son igual que pájaros que vuelan sobre el mar, 

y son igual que pájaros, 

por más y más que vuelen nunca se apartan de su fin.


Ahora que estamos juntos

y siento la saliva clavándome alfileres en la boca,

ahora que estamos juntos

quiero deciros algo,

quiero deciros que el dolor es un largo viaje,

es un largo viaje que nos acerca siempre vayas adonde vayas,

es un largo viaje, con estaciones de regreso,

con estaciones que no volverás nunca a visitar,

donde nos encontramos con personas, improvisadas y casuales, que no han sufrido todavía.

Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir,

y yo quisiera recordarte, padre mío, que hace unos años he visitado Italia,

yo quisiera decirte que Pompeya es una ciudad exacta, invariable y calcinada,

una ciudad que está en ruinas igual que una mujer está desnuda;

cuando la visité, sólo quedaba vivo en ella

lo más efímero y transitorio:

las rodadas que hicieron los carros sobre las losas del pavimento,

así ocurre en la vida;

y ahora debo decirte

que Pompeya está quemada por el Vesubio como hay personas que están quemadas por el placer,

pero el dolor es la ley de gravedad del alma,

llega a nosotros iluminándonos,

deletreándonos los huesos,

y nos da la insatisfacción que es la fuerza con que el hombre se origina a sí mismo,

y deja en nuestra carne la certidumbre de vivir

como han quedado las rodadas sobre las calles de Pompeya.

Es el miedo al dolor y no el dolor quien suele hacernos pánicos y crueles,

quien socava las almas

como socavan la ribera las orillas del río,

y yo he sentido su calambre desde hace mucho

tiempo,

y yo he sentido, desde hace mucho tiempo, que el curso de sus aguas nos arrastra,

nos mueve las raíces sin dejarnos crecer,

y nos empuja, y nos sigue empujando hasta

juntarnos

en esta habitación que es ya un rescoldo mío,

en esta habitación en donde las baldosas se levantan un poco

y ya no vuelven a encajar en su sitio

como la tierra removida ya no cabe en su hoyo:

tal vez a nuestro cuerpo le ocurra igual...