domingo, 14 de noviembre de 2021

Amables disidentes

 En la película «Un hombre para la eternidad» hay un diálogo genial entre Tomás Moro, ya caído en desgracia, y su futuro yerno que le propone saltarse la ley para burlar al diablo. Moro le pregunta: «Cuando te hayas saltado todas las leyes para burlar al diablo y él se vuelva contra ti ¿Dónde te refugiarás?». 

Moro procuró hacer leyes justas. 

Cuando Enrique VIII que era más poderoso que él dictó una ley injusta, Moro hizo lo mismo que Jesús: acató esa ley injusta, porque era abogado, y se refugió en Dios. Enrique VIII mandó que le cortaran la cabeza y que la expusieran como señal del poder del rey de Inglaterra. Pero hoy son poquísimos, y no están muy bien de la cabeza, los que rezan diciendo: «Enrique VIII,  ruega por nosotros».

Y, a los pocos que aún  nos encomendamos a la intercesión de Santo Tomás Moro, los poderosos nos miran como si hubiéramos perdido la cabeza. 

Todo esto me lleva a concluir que hay progreso. 

Porque los positivistas de toda la vida, los del «dura lex sed lex» y los de «El Estado soy yo» que solían cortar cabezas con el mismo entusiasmo que mostraron los revolucionarios de Francia, se limitan ahora a mirar con desdén a los disidentes. 

Ciertamente ha llegado nuestra hora. La hora de los amables disidentes. La de los revolucionarios y la de los positivistas ya pasó, gracias a Dios. Ahora, los amables disidentes, podemos disentir diciendo «no al aborto» sin que nos quiten la pensión. Vamos progresando. 

1 comentario:

  1. Pues no sé qué decirle en eso de que no nos quiten la pensión... Si ya hasta nos dicen lo que tenemos que rezar, dónde, cuándo y por qué intención (que no es, desde luego, la de favorecer la vida).

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Es usted muy amable. No lo olvide.