jueves, 22 de enero de 2026

Diario. Miércoles, 21 de enero de 2026

 La Torre

miércoles, 21 de enero de 2026


6:45

Abro la iglesia, enciendo las luces y salgo para el hospital. 


7:15

Después de preparar el altar, aún tengo tiempo para rezar el Oficio de lectura. 


7:40

Misa de santa Inés. Canon Romano. 


8:15

Voy a radiología para bendecir el departamento a solicitud del doctor GL que es el jefe de allí. El doctor me presenta a todos los que trabajan allí. Hay un ambiente muy bueno. Charlo con una doctora que vino hace un par de años de Venezuela. Charlo con un técnico que es de Crevillente: resulta que tenemos amigos comunes. Otro técnico me pregunta que si puede pedirme algo. Le digo que claro y me cuenta que en tal habitación está su hermano Mauricio y me pide que vaya a verlo. 

Voy a ver a Mauricio. Está con su madre, Ana María. Son italianos de origen emigrados a Argentina y luego a España. Estupenda gente. Quedamos en vernos el viernes en la capilla. 


9:00

Vuelvo a la capilla: laudes. 


9:30

Salgo para San Miguel. Ni rastro de la anunciada borrasca Harry. 


10:00

Preparo el altar para la segunda misa de santa Agnete y me instalo en el confesonario. 

Media hora después doy el primer toque y vuelvo al confesonario. 

Un cuarto de hora después doy el segundo toque y ya no vuelvo al confesonario porque hay que encender las velas y las luces, revestirse y eso. 


11:00

Segunda misa de santa Agnete. 


12:30

Después de recogerlo todo y de rezar el Ángelus, salgo para La Torre. Misterio luminosos con BXVI. 


13:15

Ante todo hay que encender la calefacción. Luego hay que reservar una mesa para tres en el Carabí. Luego hay que mandar a Ramón la dirección del Carabí. Luego hay que llevar unas botellas a la bodega. 

Lectura de El Amor supremo, de Eugene Boylan. 

Lectura del Evangelio de San Lucas. 


14:15

Voy al Carabí. 

Allí me encuentro con Ramón y con Cristian. Mario se nos une a las tres y media o así. 

A las cuatro y piquito damos por terminada la sesión y nos levantamos. Me han invitado. ¡Qué amables! Mario se vuelve a Crevillente y Ramón y Cristian vienen conmigo a La Torre. 

Ni rastro de la anunciada borrasca. 

18:15

Nos despedimos. Cristian y Ramón vuelven a Crevillente y yo me quedo en La Torre. El cielo se cubre de nubes y empieza caer una lluvia fina. 

Me refugio y me pongo a rezar cabe una estufa. 

Lectura de Imperios de crueldad. 

Vísperas

Fuera se está desencadenando un vendaval. ¿Ulula el viento? Sí, ulula. 

Me preparo una cena ligera. 


9:45

Completas.  

martes, 20 de enero de 2026

Diario. Martes, 20 de enero de 2026

 San Miguel de Salinas

martes, 20 de enero de 2026


A eso de las nueve y veinte estoy en la sacristía. Le he puesto al sagrario el velo rojo de los mártires de Tarragona —Fructuoso, Augurio y Eulogio— y estoy poniéndole al cáliz el velo y la carpeta de corporales del mismo color cuando —¡zas!— oigo el estruendo de la puerta del garaje que se está abriendo. Bajo al garaje preguntándome si por ventura están allí Wilder o doña Nati o alguno de los que tienen mando para abrir y cerrar: nada. Y nadie se explica el misterio: de vez en cuando, la puerta se abre sola. 


De nueve y media a diez y media me dedico al único deporte que practico desde hace treinta y siete años: la pesca. 

Revestido con mi traje de fisherman —sotana, sobrepelliz y estola morada— me siento en el confesonario y me dispongo a esperar. 


A las diez y media voy a la sacristía y doy el primer toque. Enciendo las estufas, preparo el altar y doy el segundo toque. Cambio la sobrepelliz por el alba, la ciño con un cíngulo rojo y enciendo las velas del altar. Doy el tercer toque. Me pongo la estola roja y la casulla del mismo color y espero a que den las once. 


A las once en punto dan las once y comienza la misa de once. 


A las doce, cuando el reloj de la parroquia y mi teléfono me recuerdan que es la hora del Ángelus, ya he preparado la misa de mañana —santa Inés, Canon Romano— y puedo ponerme ante la imagen de la Virgen del Rosario: Angelus Domini… etc. 

 

En la bandeja del despacho parroquial hay una montaña de papeles y en el cesto del planchero hay un alba, seis toallitas del aseo de la sacristía y un mantel de la mesa del rincón de San Miguel. 

Voy a la casa abadía y pongo una lavadora con el alba. 

De doce y cuarto a una y cuarto pongo todo mi empeño en dar salida a los papeles del despacho. 

A la una y cuarto tiendo el alba y pongo otra lavadora con las toallitas y el mantel. 


A la una y media me enredo en las RRSS. 


A las dos voy a comer con doña Nati. 

Me cuenta que Irene se ha roto el peroné. Mientras me da detalles de cómo ha sido, palidezco y ahora, mientras lo recuerdo, vuelvo a palidecer. Lo dejo así, sin detalles. 

Está dándome detalles cuando llega Roberto que volvió ayer de Bali. Charlamos un poco y, antes de despedirnos, le ruego que salude de mi parte a su madre y que le diga que siento lo del peroné. Y es verdad que lo siento. Solo de pensarlo…


A las tres he quedado con Zakarías en la Iglesia. Mientras él lo barre todo empezando por el presbiterio, yo me aplico a ordenar los armarios de la sacristía. 


A las cuatro y media nos despedimos. Voy a la casa abadía y me concentro en mi sesión de Brahms: Segunda Sinfonía. 


A las cinco y media vuelvo a la iglesia para mirar fijamente al sagrario. 

Luego canto las vísperas. 


A las seis y media me pongo a contestar correos y mensaje. 


A eso de las siete leo en El Amor supremo, Eugene Boylan:

«María estuvo al lado de la Cruz en el Calvario y desempeñó un papel tan importante en nuestra Redención que los teólogos no vacilan en llamarla KRRDNTR». 


A eso de las siete y media saco de la lavadora las toallitas y el mantel. Tiendo las toallitas por toda la casa abadía y llevo el mantel al rincón de San Miguel para que se seque allí. 


A eso de las ocho me preparo una cena ligera y me pongo a escribir esto. 


A eso de las nueve suena el timbre. 

Wilder y Camila están en la puerta de la casa abadía. 

Me dicen que han dejado en la sacristía los purificadores que ha lavado y planchado Ana Isabel. 

Me entregan una fiambrera llena de jamón maravillosamente cortado y me explican el fenómeno. 

Resulta que mis amables sobrinos me regalaron una paleta de jamón ibérico. Resulta que yo se lo entregué a Wilder recomendándole que negociara con él hasta mi vuelta y ahora me lo devuelve cortado y me dice que han preparado otra fiambrera para doña Nati, y otra para Teresa y que hay jamón para todo el pueblo. Me felicito, claro, por la multiplicación de jamón y por la administración de Ana Isabel y Wilder. 

¡Vivan mis sobrinos! ¡Qué amables y generosos!

Wilder y Camila me acompañan a la Iglesia. Apago la luces y regalo a Camila:

1. Una estampa de la Virgen de Las Virtudes de Villena. 

2. Un pin de la Cofradía del Santísimo Sacramento de Crevillente. 

3. Una campanita que lleva en la empuñadura una cruz y, en el anverso de la Cruz, una imagen de san Josemaría. En el reverso lleva una imagen de san Juan Pablo II. 

Camila me agradece cada regalo como solamente las princesas americanas saben hacerlo y quedo yo honradísimo y contentísimo. Y así queda Wilder también a juzgar por su sonrisa. 


Luego vuelvo a la casa abadía y termino de escribir esto.

lunes, 19 de enero de 2026

Diario. Lunes 19 de enero de 2026

 San Miguel de Salinas

lunes, 19 de enero de 2026


Vuelta a la bella rutina:

7:40

Misa en el hospital. 

8:15

Oficio de lectura y laudes. 

8:40

Meditación ante el sagrario

9:10

Vuelta a San Miguel. 

Tengo que dejar el Lamborghini en el taller de Bruno porque la puerta del conductor, al echar la llave, se queda abierta. 

9:30

Le dejo el coche a Bruno y voy paseando hasta la iglesia. 

9:40

Meto en una bolsita de la farmacia las monedas que se recogieron durante el fin de semana en San Miguel y en Torremendo: 120 euros. Muy bien. 

A continuación, voy al banco para hacer el ingreso. No hay cola, me felicito. 

Vuelvo a la casa abadía y anoto el ingreso cuidadosamente en  los libros de cuentas de San Miguel y de Nuestra Señora de Monserrate. Muy bien. 

10:00

Voy a la iglesia y doy el primer toque de misa. Luego — parsimoniosamente— retiro del altar, doblo y pongo en la credencia el cubremantel.

Parsimoniosamente enciendo a los lados del sagrario sendas velas. 

Parsimoniosamente coloco el lavabo en la credencia y —en el altar— las vinajeras, el cáliz con su velo morado y su carpeta de corporales del mismo color y el misal. 

Parsimoniosamente registro el libro de la sede y el leccionario que queda abierto por el pasaje en el que Dios rechaza al rey Saúl después de hacerle algunas preguntas: ¿por qué no has obedecido?, ¿no es, por ventura, mejor la obediencia que los sacrificios?

  Hay que dar el segundo toque. 

También hay que: 

1. Encender las luces de la iglesia en el escenario: «Misa y altar». 

2. Encender la megafonía. 

3. Cambiar el velo verde del sagrario por el velo morado del sagrario. 

4. Colocar —cabe el sagrario— la caja que contiene la llave del sagrario. 

5. Revestirse con el amito, el alba, el cíngulo morado y la estola.. 

Todo esto hay que hacerlo, claro, parsimoniosamente. 

Luego hay que apagar las velas de los lados del sagrario y encender las del altar. 

Luego hay que dar el tercer toque y revestirse con la casulla morada. 

Luego hay que esperar a que den las once y, entonces, hay que tocar la campana del presbiterio y dirigirse al altar cantando el De profundis. 

11:00

Segunda misa por las almas del purgatorio porque es lunes. 

11:30

Doña Nati entra en la sacristía con la colecta y anuncia que hoy no somos ricos. Quiere decir que no hemos llegado a las mil pesetas. Nos miramos y nos reímos. ¿Carecemos de algo?

Hay que recogerlo todo. Ya está.

Hay que ir al taller para recoger el coche. Buenas noticias. Dice Bruno que la cerradura funciona bien y que no hay que cambiarla. Me felicito. 

Hay que ir a Los Montesinos para la reunión de arciprestazgo. 

12:30

Llego a Los Montesinos. El arcipreste está reunido con los prestes y con el archidiácono. 

Saludo y soy saludado. 

Luego el arcipreste —qué amable— resume para mí lo tratado hasta el momento. 

Luego sigue la reunión y me duermo. 

Me despiertan:

1. Para preguntarme que si puedo celebrar la Misa en Los Montesinos del 2 al 5 de enero porque don Isidro se va de retiro. 

2. Para preguntarme que si acepto encargarme de «animar a los enfermos del arciprestazgo» o algo así. 

3. Para informarme de que me toca comentar cierto punto del plan de pastoral no sé qué día. 

Digo que sí a todo aunque sin advertencia plena. Lo anoto todo en mi agenda y vuelvo a dormirme. 

14:00

Don Paco M me llama a un aparte porque tiene algo para mí. Una de las enfermas a las que visita le ha entregado 100 —cien— euros con este mandato: «Son para la parroquia de Nuestra Señora de Monserrate». 

Pregunto a don Paco por el nombre de la donante para agradecer el donativo pero la donante también ha ordenado que no se me revele su nombre. 

14:15

De vuelta en San Miguel, voy a comer y como con doña Nati. 

14:45

Me despido de doña Nati y voy a hacer la vista al Santísimo. 

He quedado con Zakarías a las 15:30. Al parecer le cortarán el suministro de agua si no paga 125 euros ya. 

En mi calidad de especulador, especulo: si hemos recaudado 120 y gastamos 125 en Caritas vamos perdiendo ya desde enero. 

En mi calidad de presbítero especulo: si lo hemos dejado todo por Él podemos esperar de Él 12.500 ya —ciento por uno— y, luego, la vida eterna. 

Vale la pena. Negocio redondo.

15:30

Llega Zakarías puntualmente. Le encomiendo la limpieza del presbiterio. Cumple bien y rápidamente la encomienda. 

16:00

Nos despedimos hasta mañana y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

16:30

Llevo a la casa abadía manteles, toallas y otras cosas para lavar. Pongo una lavadora. 

Deshago la maleta que hice para irme de retiro. 

17:00

Vuelvo a la iglesia.

Vísperas. 

17:30

Salgo para Guardamar con el Santísimo para llevar la comunión a Ana. 

18:00

Llego a casa de Ana. Me ha echado de menos. Le cuento lo de la muerte de Arantxa y me abraza llorando y me pregunta que qué edad tenía Arantxa. Le digo que era más joven que yo y me abraza aún más fuertemente. Le digo que no llore y me pregunta que si Arantxa tenía hijos. Le hablo de Jesús, el marido de Arantxa —ahora viudo— de sus hijos y de sus nietos. Yo le voy hablando y ella va besándome las manos y regándolas con sus lágrimas. 

Luego empezamos —ya sin lágrimas— con el ritual de la comunión de enfermos. Todo esto pasa en Guardamar. Si miramos a mi derecha vemos el hogar y —en él— un fuego. Si miramos a mi izquierda vemos el Mediterráneo batido por el viento y —en el cielo— nubes. 

18:45

Vuelvo a San Miguel. 

19:15

Compro algunos víveres en Masymás. Vuelvo a la casa abadía. Ceno algo y escribo esto pensando que, cuanto más especulo, más feliz y más afortunado me siento.

¿Carezco, acaso, de algo?

San Miguel de Salinas

lunes, 19 de enero de 2026


Vuelta a la bella rutina:

7:40

Misa en el hospital. 

8:15

Oficio de lectura y laudes. 

8:40

Meditación ante el sagrario

9:10

Vuelta a San Miguel. 

Tengo que dejar el Lamborghini en el taller de Bruno porque la puerta del conductor, al echar la llave, se queda abierta. 

9:30

Le dejo el coche a Bruno y voy paseando hasta la iglesia. 

9:40

Meto en una bolsita de la farmacia las monedas que se recogieron durante el fin de semana en San Miguel y en Torremendo: 120 euros. Muy bien. 

A continuación, voy al banco para hacer el ingreso. No hay cola, me felicito. 

Vuelvo a la casa abadía y anoto el ingreso cuidadosamente en  los libros de cuentas de San Miguel y de Nuestra Señora de Monserrate. Muy bien. 

10:00

Voy a la iglesia y doy el primer toque de misa. Luego — parsimoniosamente— retiro del altar, doblo y pongo en la credencia el cubremantel.

Parsimoniosamente enciendo a los lados del sagrario sendas velas. 

Parsimoniosamente coloco el lavabo en la credencia y —en el altar— las vinajeras, el cáliz con su velo morado y su carpeta de corporales del mismo color y el misal. 

Parsimoniosamente registro el libro de la sede y el leccionario que queda abierto por el pasaje en el que Dios rechaza al rey Saúl después de hacerle algunas preguntas: ¿por qué no has obedecido?, ¿no es, por ventura, mejor la obediencia que los sacrificios?

  Hay que dar el segundo toque. 

También hay que: 

1. Encender las luces de la iglesia en el escenario: «Misa y altar». 

2. Encender la megafonía. 

3. Cambiar el velo verde del sagrario por el velo morado del sagrario. 

4. Colocar —cabe el sagrario— la caja que contiene la llave del sagrario. 

5. Revestirse con el amito, el alba, el cíngulo morado y la estola.. 

Todo esto hay que hacerlo, claro, parsimoniosamente. 

Luego hay que apagar las velas de los lados del sagrario y encender las del altar. 

Luego hay que dar el tercer toque y revestirse con la casulla morada. 

Luego hay que esperar a que den las once y, entonces, hay que tocar la campana del presbiterio y dirigirse al altar cantando el De profundis. 

11:00

Segunda misa por las almas del purgatorio porque es lunes. 

11:30

Doña Nati entra en la sacristía con la colecta y anuncia que hoy no somos ricos. Quiere decir que no hemos llegado a las mil pesetas. Nos miramos y nos reímos. ¿Carecemos de algo?

Hay que recogerlo todo. Ya está.

Hay que ir al taller para recoger el coche. Buenas noticias. Dice Bruno que la cerradura funciona bien y que no hay que cambiarla. Me felicito. 

Hay que ir a Los Montesinos para la reunión de arciprestazgo. 

12:30

Llego a Los Montesinos. El arcipreste está reunido con los prestes y con el archidiácono. 

Saludo y soy saludado. 

Luego el arcipreste —qué amable— resume para mí lo tratado hasta el momento. 

Luego sigue la reunión y me duermo. 

Me despiertan:

1. Para preguntarme que si puedo celebrar la Misa en Los Montesinos del 2 al 5 de enero porque don Isidro se va de retiro. 

2. Para preguntarme que si acepto encargarme de «animar a los enfermos del arciprestazgo» o algo así. 

3. Para informarme de que me toca comentar cierto punto del plan de pastoral no sé qué día. 

Digo que sí a todo aunque sin advertencia plena. Lo anoto todo en mi agenda y vuelvo a dormirme. 

14:00

Don Paco M me llama a un aparte porque tiene algo para mí. Una de las enfermas a las que visita le ha entregado 100 —cien— euros con este mandato: «Son para la parroquia de Nuestra Señora de Monserrate». 

Pregunto a don Paco por el nombre de la donante para agradecer el donativo pero la donante también ha ordenado que no se me revele su nombre. 

14:15

De vuelta en San Miguel, voy a comer y como con doña Nati. 

14:45

Me despido de doña Nati y voy a hacer la vista al Santísimo. 

He quedado con Zakarías a las 15:30. Al parecer le cortarán el suministro de agua si no paga 125 euros ya. 

En mi calidad de especulador, especulo: si hemos recaudado 120 y gastamos 125 en Caritas vamos perdiendo ya desde enero. 

En mi calidad de presbítero especulo: si lo hemos dejado todo por Él podemos esperar de Él 12.500 ya —ciento por uno— y, luego, la vida eterna. 

Vale la pena. Negocio redondo.

15:30

Llega Zakarías puntualmente. Le encomiendo la limpieza del presbiterio. Cumple bien y rápidamente la encomienda. 

16:00

Nos despedimos hasta mañana y me siento para mirar fijamente al sagrario. 

16:30

Llevo a la casa abadía manteles, toallas y otras cosas para lavar. Pongo una lavadora. 

Deshago la maleta que hice para irme de retiro. 

17:00

Vuelvo a la iglesia.

Vísperas. 

17:30

Salgo para Guardamar con el Santísimo para llevar la comunión a Ana. 

18:00

Llego a casa de Ana. Me ha echado de menos. Le cuento lo de la muerte de Arantxa y me abraza llorando y me pregunta que qué edad tenía Arantxa. Le digo que era más joven que yo y me abraza aún más fuertemente. Le digo que no llore y me pregunta que si Arantxa tenía hijos. Le hablo de Jesús, el marido de Arantxa —ahora viudo— de sus hijos y de sus nietos. Yo le voy hablando y ella va besándome las manos y regándolas con sus lágrimas. 

Luego empezamos —ya sin lágrimas— con el ritual de la comunión de enfermos. Todo esto pasa en Guardamar. Si miramos a mi derecha vemos el hogar y —en él— un fuego. Si miramos a mi izquierda vemos el Mediterráneo batido por el viento y —en el cielo— nubes. 

18:45

Vuelvo a San Miguel. 

19:15

Compro algunos víveres en Masymás. Vuelvo a la casa abadía. Ceno algo y escribo esto pensando que, cuanto más especulo, más feliz y más afortunado me siento.

¿Carezco, acaso, de algo?