Granja de Rocamora
domingo, 11 de octubre de 2026
Me despierto a la una y media. Como no puedo dormir, publico el diario del viernes y escribo el del sábado.
Me vuelvo a acostar a las tres. Duermevela hasta las cinco, hora en que suena el despertador.
A las seis menos cuarto voy a la iglesia para reunirme con los auroros. Me pongo mi sotana elegante y empezamos a recorrer las calles con el bum, bum, bum del bombo y con las coplas. A nuestro paso ladran los perros, se despiertan, malhumorados, los gorriones y asoma en pijama por la puerta o a la ventana algún que otro vecino.
Las coplas se han transmitido oralmente y, no pocas de ellas, se han corrompido. Algunos, por ejemplo, cantan —o cantaban— la Virgen con su Lusifer, donde la copla original decía La Virgen con su luz y fe.
A las siete y veinte comienza el rezo del rosario en la iglesia y me siento en el confesonario. Martín aprovecha para vaciar las pilas de agua bendita, limpiarlas y traerme al confesonario una gran jarra llena de agua para que la bendiga. Luego vacía la jarra en las pilas. Muy bien.
Ocho menos diez: primera misa del día.
Terminada la misa voy al despacho parroquial. Don Paco me dejó allí anoche los formularios que hay que rellenar para comunicar un matrimonio al registro civil. Relleno el formulario de la boda que celebrará don Estanislao —hijo del pueblo— a las doce y media.
Lista de los sacerdotes vivos nacidos en Granja: don Venancio, don Carmelo, don Estanislao y… He olvidado el nombre del cuarto.
Desiree, la novia, me llama para asegurarse de que la iglesia está abierta porque viene la florista a hacer los arreglos.
Desayuno.
A las diez y media llega a la sacristía don Estanislao para comprobar que todo está preparado para la boda. Todo está preparado para la boda. En una mesa, a un lado del presbiterio, está el expediente con la delegación y la comunicación para el juzgado. También hay un boli para que él, los novios y los testigos firmen el expediente. Muy bien.
Llega un monaguillo nuevo llamado Venancio —sobrino de don Venancio—, me saluda y se pone un alba que le viene corta.
Llega Domingo y comprueba que Venancio se ha puesto su alba.
Mari Carmen saca otra alba para Venancio que se despoja de la que había rapiñado a Domingo.
Martín me pide permiso para enchufar las luces. Luego va a enchufar las velas. Dos de ellas no van.
Mari carmen y Domingo padre vienen en nuestro auxilio para arreglar el asunto de las velas cuando ya están dando las once.
La misa empieza con cinco minutos de retraso. Todo muy solemne, con tres acólitos.
A las doce dejo todo en manos de Mari Carmen y voy al palacio parroquial antes de salir para La Torre.
La misa en La Torre empieza —con cinco minutos de retraso— a la una y cinco.
La ofrecemos por Angelines y Julio —abuelos de Patricia— y por mis padres.
Como con Pablo y Patricia y con la numerosa parentela de Patricia.
A los postres, aparecen en la mesa Miguelitos de La Roda, Piononos de Granada y galletas de León.
Anuncio que, mañana, habrá misa a la una, si Dios quiere.
Me despido —muac, muac y todo eso— de los que volverán a Madrid antes de la una y me voy a dormir la siesta.
Misterios gloriosos.
Termino la lectura de la Odisea.
Cuando salgo de La Torre, de vuelta a Granja, ya el sol tiñe de rosa la panza de las nubes de poniente. Casi todo el trayecto transcurre en dirección suroeste y es un espectáculo de luces.
Llego a tiempo para sentarme ante el sagrario a puerta cerrada y para rezar vísperas, Y aún me sobra tiempo para prepararme una cena ligera y para escribir esto mientras, en mi palacio, suena esto.
La Torre
lunes, 12 de octubre de 2026
¿Son estorninos estos que cantan entre las ramas de las moreras? Estorninos son. ¡Oh!
Tengo que llevar tres leccionarios a la ermita. Ya que estoy allí, me quedo para orar mirando fijamente no al sagrario, que no hay, sino a la estauroteca.
Oficio de lectura y laudes.
La iglesia parroquial está manga por hombro por la boda de ayer.
Con no poco esfuerzo, arrastro el comulgatorio que han dejado en la sacristía hasta su lugar, delante del presbiterio.
Ahora hay que guardar los taburetes. Llevo dos a la capilla del Santísimo.
Quiero preparar el altar para la misa de once pero no encuentro la llave del mueble donde se guardan los cálices. Llamo a Mari Carmen. Me dice que ella se fue antes de que terminara la boda y dejó a cargo de todo a su hijo, Domingo. ¿Está Domingo? No, se ha ido a otra boda. Pero ella lo va a llamar por teléfono para averiguar lo de la llave.
Llega Martín y me encuentra lloriqueando por lo de la llave.
Mientras yo lloriqueo, Martín abre el armario en el que se guardan las formas y halla allí la llave. ¡Oh!
Llamo a Mari Carmen: que ha aparecido la llave.
Doy el primer toque de misa.
El padre de Martín se pone a dirigir el rezo del rosario. La madre y la hermana de Martín se ponen a ordenar la iglesia que está manga por hombro por la boda. Martín se pone a limpiar las pilas de agua bendita.
Llegan Joan y Matthew. Nos saludamos. Se ofrecen a ayudar. Pido a Matthew que llene de agua la jarra de la abuela de Martín para bendecirla. Para bendecir el agua, no la jarra ni a la abuela de Martín.
Matthew me trae la jarra llena de agua. La bendigo y le añado unos granos de sal bendita —mano de santo contra el dimoño— antes de rogarle que que se la entregue a Martín para que él rellene las pilas o aguabenditeras. (La palabra no está en el DRAE, pero sí aquí).
Doy el segundo toque de misa.
A las once menos dos minutos doy el tercer toque de misa. En cuanto termina el toque empiezan a dar las once. Antes de que terminen de dar las once, Martín toca la campana del presbiterio y su abuela empieza cantar Vamos cantando al Señor, o algo así.
Después de misa la sacristía se llena de suplicantes, Martín huye, Mari Carmen huye.
Atiendo a los suplicantes y cierro la iglesia. En la sacristía me esperan Joan y Matthew. Hay que llevar a Joan hasta el lugar donde ha aparcado su carro. La llevamos y nos despedimos de ella.
Matthew y yo salimos para La Torre.
Saliendo de la plaza nos doy la bendición del viaje.
Saliendo del pueblo pregunto a Matthew por la hora. Son las doce y diez. Rezamos el ángelus.
Dejo a Matthew en la cocina de La Torre haciéndose un café y voy a la ermita donde me esperan María y sus amigas para la misa.
Después de misa me despido de María y voy a comer en Torrellano con Matthew.
¿Pata de pulpo asada de primero y lubina de segundo? Sí. Muy bien.
Matthew pide un postre de tarta de manzana. Muy bien.
Después de pagar volvemos a La Torre para rezar el rosario paseando por el palmeral que está en un silencio no roto por canto de pájaros o rumor de brisa entre las palmas sino solamente por nuestros padrenuestros, avemarías, glorias y letanías.
Nos detenemos en la ermitica dedicada a la Virgen de Aránzazu y a la memoria de Arancha, que en paz descanse. Allí rezamos el segundo misterio —la Visitación— e imagino a la Señora corriendo siempre con gozo para visitar ora a su prima Isabel en las montañas de Judea, ora a Santiago y a los varones apostólicos cabe el Ebro, ora a Rodrigo Balzategi, ora —qué amable— a Matthew y a mí.
Llevo a Matthew al hotel del aeropuerto y allí tomamos un café con leches —él— y una agua con gases yo.
Luego nos despedimos y vuelvo a La Torre.
Al llegar a La Torre echo de menos mi Mac. ¿Lo habré dejado en el bar del hotel del aeropuerto? Llamo. Sí, allí lo tienen.
Vuelvo a Torrellano para recuperar mi ordenador y vuelvo a La Torre con mi ordenador.
Silencio en La Torre apenas roto por el canto de una tórtola solitaria.
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