San Miguel de Salinas
domingo, 7 de junio de 2026
A las ocho abro la iglesia. Hoy día del Corpus, la liturgia del las Horas es muy cantable: Panis angelicus, Te Deum, O salutaris hostia…
Me siento ante el sagrario para hacer la oración con la secuencia del Corpus: Lauda, Sion, Salvatorem. Más canto.
A las nueve y media salgo para recoger mi coche y salir para Torremendo. Saludo a Rosi que es la que está al frente de los alfombradores de las calles. Cuando llego al lugar donde aparqué el coche ayer, hallo el coche pero no las llaves. Me toca volver a la casa abadía y luego, otra vez, hasta el coche.
La misa en Torremendo empieza con siete minutos de retraso. Pido disculpas y anuncio que ofreceremos la misa en sufragio por el alma de Enriqueta en el primer aniversario de su muerte.
Canto la primera estrofa del Lauda, Sion, Salvatorem el archidiácono lee la segunda en castellano; canto la primera, y así.
La homilía es un comentario de la secuencia compuesta por santo Tomás de Aquino para la fiesta:
Lauda, Sion, Salvatorem,
lauda ducem et pastorem
in hymnis et cantici.
Alaba, Sion, al Salvador,
alaba al guía y pastor
con himnos y cánticos.
Esto haremos, ante todo, en la fiesta del Corpus: alabar a nuestro Salvador con himnos y cánticos, llevándolo en procesión por las calles. Sabemos que nunca lo alabaremos lo bastante:
Pregona su gloria cuanto puedas
porque él está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarlo bastante.
Aunque estuviéramos una eternidad alabándolo —y eso haremos si Dios nos concede alcanzar a gloria del Cielo— ni en una eternidad lo alabaríamos bastante, ni nos cansaríamos de alabarlo.
Hoy nuestras alabanzas se dirigen al pan y al vino que dan vida, el que fue dado a los Doce en la última Cena. De cada alma debe salir una alabanza llena, sonora, alegre y pura.
Lo que Jesús hizo en la última cena, mandó que lo hiciéramos también nosotros y así, en cada misa, llevamos al altar pan y vino y el sacerdote los consagra repitiendo las palabras de Jesús de modo que el pan se convierte en carne y el vino se convierte en sangre. Del pan y el vino quedan las apariencias, lo que los sabios llaman «accidentes». Pero ahora, la sustancia ha cambiado. No queda nada de la sustancia, de la realidad del pan y el vino. Bajo esas apariencias tenemos a Jesucristo real y sustancialmente presente en el sacramento.
Lo que no comprendemos ni alcanzamos por la razón, lo creemos y abrazamos por la fe como lo que es: un don de Dios.
Su Carne es alimento y su Sangre es bebida, pero Él está todo entero bajo cada especie.
Si comulgo ¿rompo el Cuerpo de Cristo? No tal, sino que lo recibo entero. Lo recibe uno, lo reciben mil y ni el uno recibe más ni los mil menos, porque no se consume al ser tomado.
Lo reciben los buenos y los malos, pero no de la misma manera porque es muerte para los malos y vida parta los buenos. Por eso, los sacerdotes, antes de comulgar, suplicamos: no permitas Señor, que esta comunión sea para mí motivo de juicio y condenación. Y por eso, a todos se nos pide que examinemos bien nuestras conciencias antes de acercarnos a comulgar.
Ves que el sacerdote parte la Hostia y sabes que Jesucristo está tan entero en cada parte como estaba antes en el todo, porque se rompe la señal, no la sustancia.
No echemos a los perros el pan de los ángeles que ha sido hecho pan para los hijos y que fue anunciado en el sacrificio de Isaac, en el cordero pascual y en el maná.
Te alabamos, Buen Pastor. Tú, ten piedad de nosotros, apaciéntanos, guíanos y, ya que nos invitas a esta mesa de la Eucaristía haz que un día nos sentemos en la mesa del cielo con todos los santos y con nuestra Madre Santa María, que es la reina de todos ellos. Amén.
Después de misa vuelvo a San Miguel y me siento para ver en YouTube qué anda haciendo el Papa, y para acompañarlo con oración. También tuiteo un poco.
Doña Nati y yo estamos invitados a comer en casa de Irene y Raúl con Eva, Miguel, Raúl Jr, Roberto y la muchacha a cuya simpatía es él sensible y Óscar.
A las siete empieza la misa solemne de Corpus con coro, archidiácono, incienso, autoridades, niños de comunión, madrinas con mantillas, banda y toda la pesca.
A las ocho menos cuarto empieza la procesión que dura más de hora y cuarto. Voy rezando rosarios y otras preces por el Papa. No hay que lamentar víctimas.
Cierro la iglesia y voy a ver las noticias a cada de doña Nati.