lunes, 12 de enero de 2026

Diario. La Torre, domingo 11 y lunes 12 de enero de de 2026

 La Torre

domingo, 11 de enero de 2026


Torremendo 9:30

Me revisto para ir al confesonario. 

¿Amito? Sí. 

¿Alba? Sí. 

¿Cíngulo? Sí.

¿Estola? Sí. 

¿Capa pluvial? Sí 

¿Capa pluvial para ir al confesonario? Sí, porque hace mucho frío. 

Canónigos Penitenciarios han visto mis ojos sentados en el confesonario de una catedral con un plumífero encima del alba. No los juzgo. Yo me envuelvo en una capa pluvial, voy al confesonario, me arropo bien y atiendo a un penitente. Unos minutos antes de la misa ya han llegado los niños. Me ven salir del confesonario y a pesar de que están acostumbrados a los efectos especiales, al Papá Noel y a todas las maravillas, no pueden dejar de admirarse —«¡Oh!»— cuando ven pasar ante ellos al párroco de su pueblo en carne y hueso con capa pluvial y todo.

Han venido cinco jóvenes campaneros de Orihuela y están tañendo a mano las campanas. Muy bien. Luego asisten a la misa y comulgan. Muy bien. Al final de la misa reparto los sobres  de la Infancia misionera y los campaneros dan un concierto de campanas. ¡Lindo modo de alegrar al pueblo en la fiesta del bautismo del Señor! 


En San Miguel atiendo a un penitente antes de la misa. 


En la homilía hay que comentar el encuentro impresionante de Jesús con el Bautista. Para ello hay que recordar que se encontraron por primera vez cuando eran unos minibebés nonatos y la Virgen Cristófora saludó a su prima —Shalom— y provocó una especie de Pentecostés que inspiró a Isabel, e hizo saltar a Juanito en su seno y lo dejó santificado. Y hay que decir que, aunque no se pueda llamar Corredentora y Medianera de todas las gracias a la Corredentora y Medianera de todas las gracias, es lo cierto que, sin Ella no hay manifestación del Espíritu ni Cristo, ni milagro en Caná ni gracia. 


Al terminar la misa reparto los sobres de la Infancia Misionera. Los deudos de Milagros, por quien hemos ofrecido la misa, entran en la sacristia para: 

1. Dar las gracias. De nada. 

2. Elogiar al coro. Merecido elogio. 

3. Entregarle a doña Nati un generoso óbolo. Dios se lo pague.


Cuando todos se han marchado hay que empezar a hacer mil menudencias: apagar velas, megafonía, luces y estufas;  recoger el altar y extender sobre él el cubremantel…

Como me voy de retiro, es de suma importancia que todo quede en orden para don Isidro y el archidiácono que me van a sustituir. 

Hago una lista de tareas: me salen mil. Mando un mensaje a Zakarías: «¿Podrías —oh Zakarías— venir a echarme una mano?». Luego me voy a la casa abadía a la espera de su respuesta. 


Abro una lata de potaje, vierto el contenido en una sartén y lo pongo a calentar. Entre tanto, pongo en la mesa del comedor un lindo mantel individual, un plato llano, otro sopero, una copa, una cuchara y una servilleta a juego con el mantel individual que, en realidad, es otra servilleta. 

En la copa vierto lo que queda en una botella de Castillo de Liria.

En el plato sopero sirvo el potaje.

Bendigo la mesa. 

Me zampo el potaje, me zampo el vino. 

Me hago un café.

Me lo bebo sentado o, seamos claros, repantingado en un sofá. Suena Brahams, Op 69. 


La sesión de Brahms ha terminado a eso de las tres y media pero Zakarías no me ha contestado. Como me voy de retiro pongo una lavadora con la ropa de cama y un lavaplatos con todos los corotos. Estoy en ello cuando me llama Zakarías: que está en la iglesia. 


Vuelo a la iglesia y entrego a Zakarías una lista cosas que hay que hacer. 

Hay que enrollar la alfombra navideña —regalo de Mundoalfombra— y subirla al coro. Luego hay que mover la alfombra que estaba debajo de la navideña y que también es un regalo de Mundoalfombra. Hay que moverla porque está delante del altar. Hay que ponerla detrás del altar. Está delante del altar porque yo celebro ad orientem y hay que ponerla detrás del altar porque don Isidro celebra de espaldas al sagrario. 

Una de las cosas más difíciles que tiene que hacer Zakarías es embutir todas las cajas de adornos navideños en los armarios altos de la sacristía. Lo consigue subido a una escalera de mano. 


Son las cinco menos cuarto o así cuando me despido de Zakarías. 

Tengo que recoger y contar todas las monedas que —en los cestillos y en los lampadarios— han dejao los fieles a modo de óbolos. Tengo que hacerlo porque me voy de retiro y he dejarlo todo en orden. 


Son las seis en punto cuando mando al archidiácono una foto en la que se ven una bolsa, una cartilla de Caja Rural y un papel en el que está escrita la cantidad de euros doscientos cuarenta. A continuación le recuerdo que me voy de retiro y le pregunto si tendrá la amabilidad de ingresar el tesoro en la cuenta de la parroquia. 


Consulto la lista de tareas pendientes y no me desanimo. Hay que mandar algunos mensajes y pasar por la gasolinera para comprar una bombona de butano. Pero, antes, hay que vaciar la nevera. Me voy de retiro y no me gustaría volver y encontrar la nevera repleta de cosas revenidas. 

Total: cuando puedo salir para La Torre, son ya las 7:30 y es de noche. 

Son las 20:15 o asina cuando empiezo a descargar mi Lamborghini en La Torre y son las 21:00 o así cuando repaso y publico el diario de ayer y escribo este de hoy. 


La Torre

lunes, 12 de enero de 2026


Me despierto en La Torre a las 5:30. Me levanto a las 6:00, cuando suena el despertador. 


A las ocho y media ya he desayunado, ya he hecho la cama he rezado y eso. 


Trasteo en la RRSS y hago una lista de tareas pendientes. Me salen diez mil o así. Pongo manos a la obra. 


A las nueve y media me pongo a leer y a escribir. 


A las once y media me pongo a contestar mensajes de WhatsApp. 


A las doce rezo el Ángelus y luego corrijo el diario de ayer.


Son las doce y media  o así cuando cuando voy a hacer la compra a Torrellano. 


A las dos ya he vuelto. 


A las y tres estoy terminando de escribir esto. A eso de las 18:00 iré a la ermita de la Virgen del Carmen para celebrar la misa pero ya habrá empezado mi retiro y habré enmudecido hasta el sábado 13 de enero. 


Adiós. 

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