La Torre
viernes, 6 de marzo de 2026
4:30
Oficio de lectura.
7:15
Laudes.
7:40
Misa.
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A Mauricio hay que llevarle la comunión a las 8:15 porque luego tiene que desayunar y subir a rehabilitación.
A Pepe, en cambio, hay que llevarle la comunión después de las 9:00 porque él y su acompañante se despiertan tarde.
Llevo la comunión a Mauricio y vuelvo a la capilla para meditar con el Cántico espiritual antes de llevarle la comunión a Pepe.
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10:30
Sexta.
11:00
Misa.
12:00
Hay que llevar la comunión a los padres de Mariluz.
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Doña Nati —qué amable— ha preparado una comida de viernes cuaresmal: aceitunas, anchoas, champiñones y gambas al ajillo y tortilla de patatas.
Luego —qué amable— me prepara una fiambrera con la tortilla sobrante para la cena. No carezco de nada.
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Tengo que ir a La Torre pero, antes, voy a dar catequesis a los niños de «despertar» que han venido. Son dos: Martín y Nico. Primero saludo a Estefanía. Ella también me saluda y me dice que Martín quiere saber qué celebramos en Semana Santa. Me rasco la cabeza como diciendo «vaya pregunta difícil» y luego lo explico en un minuto y medio. Martín dice que ya lo ha entendido. Entonces improviso tres breves catequesis: una sobre san Martín de Tours, otra sobre san Martín de Porres y otra sobre san Nicolás.
Estefanía les dice que estoy buscando monaguillos. Me miran como diciendo: ¿es verdad? Asiento gravemente y luego, mirando fijamente a Martín, añado: «pero, para ser monaguillo o catequista, no basta con entender las cosas como los loros, hay que aprenderlas de memorieta para poder decirlas de carrrerilla, como el cura.
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En El Paseo me abordan tres niños que harán la comunión este año: «¡Don Javier, don Javier!». Justin Bieber y yo tenemos que aprender a gestionar la fama.
Sergio, viendo que llevo una maleta, pregunta directamente: «¿Dónde vas?».
Oigo a mis espaldas la voz de una madre que exclama: «¡Pero qué cotilla!». También oigo las risas de las otras madres.
—Voy a Alicante— respondo.
Entonces llega un niño mínimo y se pone a mirarme como los niños mínimos que no miran con los ojos sino con todo el cuerpo para enseñarnos a rezar.
—Este es Arón— dice Sergio.
—¡Arón, el hermano de Moisés!— exclamo en plan culto.
—No—me corrige Sergio— es el hermano de Alba.
Y, a mis espaldas, ríen las madres.
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De camino a La Torre, me detengo en El Realengo para poner gasoil. Cada litro me cuesta algo más de un euro con sesenta centavos. Reanudo el viaje: misterios dolorosos.
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Vísperas en la Torre.
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A las 21.30, sentado en el sillón de la abuela Paquita, oigo el tañido de la campana de La Torre. Colijo que han llegado de Madrid María VP y Ana ZV co sus diecinueve amigas.
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Completas en La Torre.
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Lira trigésima primera del Cántico Espiritual:
En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello
y en él presso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.
Entretejer guirnaldas juntos es unirse de tal modo y manera que Dios y el alma —entretejidos por el hilo— son uno por el amor. Dice la Escritura que era tan estrecho el amor de Jonatán por David que sus ánimas se conglutinaron. ¿Qué no podrá el amor de Dios? Entiende por «cuello» la fortaleza y solo en ella puede volar un amor tan fuerte que hiere al mismo Dios. Y si quieres saber como se llega a esta fortaleza del alma mira lo que se dice en la declaración de las cuatro liras que empiezan asina: «Oh llama de amor viva». ¿Quién lo podrá entender? ¡Quedar Dios preso de un cabello! ¡Y quedarse así por detenerse a mirar su vuelo!
Me he reído con lo de Aaron, el hermano de Moisés :)
ResponderEliminarY con lo de Justin Bieber :)
Cada vez que hablo en serio, mis amigos se ríen. En cuanto empiezo a bromear, se ponen serios. ¿Debo preocuparme? (Javier Vicens)
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