San Miguel de Salinas
viernes, 28 de noviembre de 2025
6:45
Abro la iglesia, enciendo las luces y salgo para el hospital.
7:10
Preparo el altar de la capilla del hospital.
Oficio de lectura y laudes.
7:40
Misa votiva de la Santa Cruz.
Don JB me dice que ha venido a hacerse pruebas porque van a operarlo de cataratas. El día 23 empecé la novena a santa Lucía por Tomás, ayer empecé la novena a santa Lucía por Martín y hoy empiezo la novena a Santa Lucía por JB.
Recojo todo y preparo la misa para el lunes que ya será lunes de la primera semana de Adviento.
Voy a llevar la comunión a Ramona pero…
—¿Eres el cura de aquí?.
Un ser humano de unos treinta y cinco años y tres meses, pelo ensortijado, un metro ochenta, labios debajo de la nariz, dos orejas y dos ojos que me miran, acaba de abrir la puerta de la capilla, ha formulado esa pregunta y se ha quedado allí como quien espera una respuesta.
—Sí—le digo. Podría haber añadido «te esperaba» para desconcertarlo un poco, pero no es bueno mentir tan de mañana.
—¿Podemos hablar?— pregunta moviendo los labios debajo de la nariz pero dejando el resto de su cuerpo como clavado junto a la puerta.
—Sí—le digo.
Son las ocho y veinticinco, o así, cuando nos sentamos en uno de los cuatro bancos de la capilla —el que está más cerca del sagrario y de la puerta— y nos miramos en silencio.
Son las ocho y veintiséis o así cuando él empieza a hablar.
Son casi las nueve cuando nos despedimos. Ya somos amigos.
Luego salgo pitando porque tengo que llevar la comunión a Ramona. La encuentro con su madre. Tiene —Ramona— una pregunta para mí. Desde que se bautizaron —no hace tanto— ella y su amable esposo, ambos rezan a diario el rosario. Lo rezan en holandés porque son de allí. Ambos tienen claro lo de las diez Avemarías de cada misterio pero no saben qué va antes y después. Cuando le digo que antes va el Padrenuestro y que, después, va el Gloria, sonríe:
—This is how Father X (nombre polaco) taught us to pray. We are doing it right.
Rezamos un poco y le doy la comunión.
Estamos en la acción de gracias cuando llega el doctor JR. Nos saludamos —el doctor y yo— estrechando nuestras manos y me despido de Ramona y de su madre que también se despiden de mí. Pero Ramona me dice:
—My brother Armando is here. He has come to visit me.
Y yo a ella:
—Why do you have such Spanish names?.
Y ella, mirando a su madre:
—Why?
Las dejo con el doctor Joseba R y tomo nota: «Preguntar a Alí que por qué razón unos musulmanes de Macedonia emigrados a Holanda llaman a sus hijos «Ramona» y «Armando».
10:15
De vuelta a San Miguel, encuentro la iglesia muy animada.Ana Isabel ha estado decorando el árbol de Navidad que llegó ayer; Joan ha estado preparando el altar para la misa y una docena de turistas contemplan —admirados— la calidad del templo y de los exvotos.
A pesar del jaleo, podría yo haberme sentado para mirar fijamente al sagrario.
Me dejo llevar por el jaleo y me uno a él y lo acreciento.
11:00
Segunda misa votiva de la Santa Cruz.
Observo que hay dos amigos de Crevillente en la congregación.
11:30
Los dos amigos de Crevillente entran en la sacristía para darme el pésame y para invitarme a una caña.
Vamos al JJ y charlamos largamente.
12:00
Nos despedimos porque hay que rezar el Ángelus y porque me han avisado de que Fernando está en la UCI y hay que darle la extremaunción.
—Se dice «Unión de enfermos»— dice una voz como de cacatúa.
Vuelvo al hospital. Atascazo en Torrevieja.
12:40
Cuando llego a la UCI me dicen que Fernando murió a las ocho de la mañana, mientras yo estaba en la capilla del hospital dando gracias por la misa.
En el box 10 me encuentro con su viuda que está sentada en una silla de ruedas y conectada a una bombona de oxígeno.
—¿Está desolada?
—No.
—¿Está deshecha en lágrimas?
—No.
—¿Está en plan Miguel Hernández llorando su desventura y sus conjuntos?
—No.
Me recibe sonriendo. Me agradece la visita. Me cuenta que nació en Fernando Poo, que su marido era de Cuenca y que ella sigue rezando por los de Fernando Poo aunque le han contado que los de allí no aman mucho a los españoles.
La miro y me se parece como una santa.
Ella besa mis manos.
Yo, claro, beso las suyas.
…
13:30
De vuelta a San Miguel me siento ante el Sagrario.
Unos turistas pasean por la iglesia. No importa. Yo mirando fijamente al sagrario como si nada.
Suena el teléfono y lo apago y sigo mirando fijamente al sagrario, como si nada.
Llega Robert que es de Brasil y que canta el castellano de tal modo que a uno le parece que está hablando en español pero con gracia. Llega en su calidad de empleado de Vegafibra. Llega cantando y yo me rindo ante él y recuerdo —una vez más— esa advertencia sabia de los santos: «Si quieres de verdad —alma de cántaro— perseverar en el camino de la oración, no dejes la oración de la mañana para la primera hora de la tarde.
…
14:00
Como con doña Nati.
A los postres:
—¿Quieres un, un…? ¿Quieres un..?
Doña Nati me mira con pena:
—Me estoy haciendo vieja. Se me olvidan las palabras.
Tiene razón en lo primero. Acaba de cumplir noventa y cuatro añitos.
Tiene razón en lo segundo. Se le olvidan las palabras, como a mí.
Pero ya llevamos algunos años envejeciendo juntos y tan contentos.
—¿Quieres un, un…?
De sobra sé que doña Nati me está ofreciendo un bombón.
—Si, mi doña, quiero un.
Doña Nati se parte de risa. Buena señal.
Doña Nati se levanta. Buena señal.
Doña Nati se dirige a la nevera para traerme un. ¡Buena señal!
De pronto, doña Nati se vuelve y me pregunta como angustiada: «¿Qué iba yo a buscar?».
Y yo:
—Ibas a traerme un.
Doña Nati se monda de risa y vuelve a la nevera y vuelve a la mesa con la caja de bombones.
Entre doña Nati y yo, nos zampamos seis bombones en un santiamén ante la mirada incrédula de Samira.
…
19:30
Invito a cenar a Zakarías en la casa abadía.
Cenamos y charlamos.
No sé a qué hora nos despedimos.
…
¿Cómo no vivir felices sabiendo que no es un papa, o un cura sino Dios quien cuida de nosotros?
¿Y cómo no dejar, entonces, el cuidado
entre las azucenas olvidado?
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