sábado, 31 de marzo de 2012

Peligro de muerte.

Tengo un amigo a quien amo mucho. También lo admiro mucho por su expediente académico: era el más listo de su clase cuando estudiaba el bachillerato. Luego estudió Teologías en Roma y volvió hecho un pincel y con ideas propias. Ha publicado un montón de artículos y un librito titulado Ars Sacra. 
Temo que algún día llegue a ser obispo porque un sacerdote con ideas propias y versado en arte tiene un pase, pero si opina -como él asegura- que el gótico hablaba de Dios porque apuntaba hacia el Cielo y que el barroco fue una intelectualización exagerada y trágica del catolicismo ya va por mal camino. 
Si lo hacen obispo en vez de Cartas Pastorales escribirá Directorios de Arquitectura Sagrada plagados de goticismos -y de gotelé- y lo más probable es que su aspecto -que ya empieza a ser raro- acabe asemejándose al de un vampiro.

Via Crucis en San Miguel.

(Foto: cortesía de mi vecino. Rezad por él, es del Real Madrid)

21:53 Llego a la puerta de la iglesia y una amable señora me dice que llego tarde pero lo dice en broma porque faltan siete minutos para las 22:00, hora del Via Crucis.
21:55 Abro el armario de la sacristía y me pregunto cómo debe vestirse un cura para un Via Crucis por las calles. Rápidamente descarto el frac. el esmoquin y la falda escocesa que -no sé por qué razón- está en el armario de la sacristía. Me dejo llevar por mi instinto: sotana, roquete y estola grandísima y morada. Me miro al espejo y advierto que parezco el Arzobispo de Canterbury. Lamento haberme quitado la barba aunque, por lo demás, estoy satisfecho de mi aspecto. Me dirijo a la puerta parsimoniosamente mientras el reloj da las
22:00 Empieza el Via Crucis. La amable policía local se ha tomado la molestia de venir para abrir paso a nuestros pasos. Venus está muy lejos de la Luna creciente y un centenar de seres humanos nos congregamos alrededor de la Cruz. Vamos a llevarla cantando y rezando hasta lo más alto del pueblo.
22:15 Vamos por la quinta Estación y alguien pregunta que por qué no digo el gloriapatri después del  padrenuestro y del avemaría. Me quedo un poco perplejo y respondo que estudiaré el asunto.
23:00 El reloj de la torre de la iglesia da las horas justo cuando llegamos -de vuelta- a la iglesia. Si la plaza no estuviera iluminada por las farolas daría igual porque la Luna -aún Creciente- brilla tanto y esparce tan risueña luz sobre nosotros que sobran las farolas. 
Acaban de dar las doce en el reloj de la torre de la iglesia. Me voy a la cama.

viernes, 30 de marzo de 2012

Viernes de Dolores

9:00 Abro la iglesia. Marcelo se ha presentado hoy en la casa parroquial a las 8:45. Le pregunto si se siente capaz de arreglar el picaporte de la puerta de la iglesia. Sonríe y dice: eso es asunto mío. Cometo el error de volver a preguntar: ¿tienes herramientas? Sonríe y repite: Le he dicho que eso es asunto mío. Me pongo a rezar el Oficio de lecturas y Laudes a las 9:05 preguntándome si Marcelo se sentirá capaz de arreglar el picaporte, si querrá hacerlo y si sabrá hacerlo. 
9:25 Termino de rezar y salgo a la puerta algo intrigado. Marcelo pasea por la plaza bajo el sol. Sé que no puede oírme porque lleva puestos los auriculares. Inspecciono el picaporte. Está arreglado. 
11:45 Como es viernes -de Dolores por más señas- me voy a Albatera para confesarme, recibir mi catequesis semanal y comer. Salgo con tiempo porque me he propuesto no llegar tarde pero también, lo confieso, porque tengo hambre. Me miro en el espejo retrovisor de mi lujoso Ford Fiesta y observo que el lenguaje no verbal de mi rostro expresa hambre. Ensayo ante el espejo retrovisor algunas expresiones de júbilo, de paz, de indiferencia, de parsimonia... Congelo en mi rostro la expresión de parsimonia y hago el propósito de conducir hasta Albatera despacito y desoyendo los consejos del estómago.
16:30 Vuelvo a casa. Hago un par de llamadas telefónicas para invitar a un cura a comer el miércoles y para interesarme por mi amable madre.
17:00 Voy a la iglesia. Una niña me dice (son palabras textuales): Señor cura, ¿puede darme un globo? Calculo que la niña debe medir unos sesenta centímetros, observo que otros cinco niños de semejante estatura están detrás de ella muy callados, con los ojos muy abiertos y esperando mi respuesta. Sonrío y les respondo: ¡Eso es asunto mío! Desandando mis errantes pasos vuelvo a la casa parroquial. Me siguen. La niña pregunta: ¿Podemos entrar? Sonrío y respondo: Os he dicho que es asunto mío. Subo a la casa y vuelvo a bajar con los bolsillos llenos de globos de Manos Unidas. Los niños empiezan a piar: Yo lo quiero rojo, yo amarillo, yo azul... Saco uno de un color muy raro. Todos se quedan callados. Lo inflo. Un niño rompe el silencio: ¡Es de color carne! Yo lo quiero. Se lo doy y todos rompen a piar exigiendo globos color carne. El siguiente es amarillo y nadie lo quiere. Se me ocurre decir que es color sol y todos lo quieren. 
17:30 Terminado el juego me pongo muy serio y entro en la iglesia para rezar Nona y Vísperas. Durante el Magníficat oigo el llanto teatral de un niño que protesta -sin admitir consuelo- contra la injusticia social porque se le ha pinchado el globo. 
18:00 Me dirijo al confesonario pero llegan los de la cofradía de la Virgen de los Dolores. 
18:10 Me dirijo al confesonario pero llega un señor que quiere confesarse en la sacristía.
18:20 Doña Nati trae el frontal que vamos a poner en el altar para mañana. Desisto de ir al confesonario y, justo entonces, un ser humano de habla inglesa me pregunta que si puedo ir al confesonario. Le digo que sí, que después de Misa podrá ser. Me dice que soy muy amable y me felicito interiormente por mis ejercicios de expresión no verbal. 
18:30 Misa en sufragio por los difuntos cofrades de la Virgen de los Dolores. 
19:10 Besamanos de la Virgen y Stabat Mater.
19:30 Vuelvo a la sacristía donde me espera el ser humano de habla inglesa. 
19:45 Viene Miguel para ver si puede arreglar el megáfono de la parroquia porque es arquitecto. Lo inspecciona y diagnostica que no tiene pilas. Le digo que mi enlace sindical compró pilas nuevas el día de la huelga y que las puso y que no funcionó y que las pilas están en una bolsa. Le doy la bolsa. Ponemos las pilas y funciona. Prorrumpimos en aplausos a Miguel y a san Miguel. 
20:00 Doña Nati y otras amables señoras se afanan en el altar tratando de sujetar el frontal. Me uno al grupo de trabajo.
20:15 El altar está resplandeciente. Je, je, he dicho resplandeciente. En la sacristía me esperan las dos amables catequistas de confirmación. Preparamos la catequesis de mañana.
20:45 Dirijo mis errantes pasos hacia la casa parroquial.
21:45 O sea, ahora. Vuelvo a la iglesia. Vamos a hacer el Via Crucis por las calles.

jueves, 29 de marzo de 2012

Huelga.

7:30 La panadería estaba abierta y he comprado una barra de pan y me he zampado:
-Un café con leches.
-Una ensaimada pequeñita.
-Un zumo de naranja.
Tenían la radio puesta y decían que el consumo energético había disminuido un 20% por obra y gracia de la huelga.
7:45 He encaminado mis pasos -de un peregrino son, errantes- hacia la iglesia y he observado que el sotanillo de los periódicos estaba cerrado.
8:15 Mi enlace sindical ha interrumpido la profunda meditación en la que estaba yo sumido para pedirme -por favor- que le prestara el megáfono de la parroquia. Se lo he prestado de buena gana sin hacer preguntas.
9:00 Marcelo ha interrumpido mi recitación de las Horas para saludarme. 
9:30 Marcelo y yo hemos empezado a mover los bancos de la iglesia para hacer sitio a los pasos de Semana Santa -que ocupan las dos primeras capillas- y a los Romanos -cofradía de San Miguel que vela al Cristo Yacente y ocupa toda la zona que hay a la derecha del presbiterio según se mira a la puerta desde el presbiterio.
10:30 Terminado lo de los bancos hemos empezado a organizar los lampadarios. Había que poner dos delante del Crucifijo y la Dolorosa porque el sábado es el pregón de la Semana Santa. Pesaban mucho. ¿Por qué? Porque estaban colmados de monedas. ¿Por qué? Porque desde que llegué a la parroquia -hace siete meses- solamente los había abierto una vez cuando estaba probando las llaves. 
11:00 Marcelo ha ido a ingresar el dinerete en la CAM y yo he anotado en mi agenda: abrir los lampadarios cada quince días y poner un cartelito que diga "recaudación diaria" para desanimar a los ladrones.
11:30 Marcelo ha vuelto de la CAM indignado porque le han dado un recibo por 100 euros sin contar siquiera las monedas. Le he explicado que la relación entre la Parroquia y las Entidades Financieras del lugar se basa en una mutua confianza. Cuando llevamos moneditas nos dan un recibo por cien euros y luego cuentan las moneditas. Si hay más de cien euros suman la diferencia, si hay menos la restan. Marcelo ha torcido el gesto y he deducido que su relación con las Entidades Financieras del lugar no es buena.
12:00 Rezo del Ángelus con un grupo de amables feligresas.
12:30 Marcelo se ha quedado vigilando la iglesia -él la llama "Casa de Dios" o "Casa de mi Padre"- y yo me he ido al despacho parroquial que está en la casa parroquial y que es distinto del despacho parroquial que está en la sacristía.
13:30 He puesto la mesa para dos con mantelitos individuales -en realidad son servilletas de cuadritos- y he preparado:
-Unos pimientos rellenos de bacalao.
-Dos filetes de emperador a la plancha.
-Dos zumos de naranja.
14:00 Marcelo ha cerrado la iglesia y ha venido a comer y a contarme historias. Al parecer su abuela solía rebañar los platos cuando algo le gustaba y me ha explicado que también el tiene esa costumbre. Ha rebañado los platos zampándose la barra de pan que compré por la mañana. Me ha parecido un magnífico elogio de mis habilidades culinarias.
14:30 Marcelo se ha ido a abrir la iglesia y yo me he quedado para recoger la mesa, limpiar la cocina y ver el telediario.
16:00 Vísperas, oración y preparación de la Misa.
17:00 Los de Manos Unidas han venido a llevarse las mesas del Mercadillo de Manos Unidas y me han dado una serie de explicaciones que no he entendido muy bien. Antes de marcharse han mirado en el confesonario porque, al parecer, suelen usarlo para guardar cosas cuando lo encuentran desocupado. 
17:30 Me he cruzado en la plaza con un niño que me ha dicho "hola" y le he regalado un globo de Manos Unidas. He puesto una lavadora y he recogido mi teléfono que estaba cargándose. Tenía seis mensajitos.
18:00 Doña Gloria ha empezado a rezar el Rosario y yo he seguido el rezo desde el confesonario. 
18:30 Misa.
19:12 He salido pitando para Benejúzar porque es el último jueves del mes y me toca predicar en esa parroquia el retiro mensual. 
19:33 He entrado en la sacristía de Benejúzar y el párroco de allí -santo varón- ha puesto cara de alivio y se ha ido al confesonario.
19:35 Primera charlita.
20:00 Examen.
20:10 Segunda charlita.
20:20 Fin con veinte minutos de retraso sobre el horario previsto. Me he marchado sin despedirme del párroco de allí porque el párroco de allí había salido pitando para una celebración penitencial en el pueblo de al lado.
20:45 Llego a San Miguel. La tienda de Isabel aún está abierta. Compro más pan y otras cosillas y le ruego a Isabel que lo apunte todo en la cuenta del cura moroso porque no llevo dinero encima.
21:00 Cruzando la plaza observo que Venus persigue a la Luna Creciente y que la iglesia está abierta porque están ensayando los del coro. 
Ahora mismo -23:08- pasa por la calle la banda de tambores y cornetas. Mañana es viernes de Dolores.

El cura está perdiendo el tiempo.


Una semana tiene 168 horas -creo-. 
56 las gasto durmiendo como un lirón.
42 son las que necesito para llevar dos parroquias
  • 9 misas semanales con idas y venidas 7 horitas.
  • La liturgia de las horas 7 horitas.
  • Catequesis 7 horitas.
  • Despacho parroquial 7 horitas.
  • Atender amablemente a los sanos y a los enfermos, a los nacionales y a los extranjeros, a los ricos y a los pobres a los curas y a los laicos 7 horitas.
  • Horas de pesca más o menos copiosa en el confesonario 4.
  • Trastear con los floreros, las alfombras los micrófonos, y atender a los proveedores 3 horitas.
La setenta horas semanales que me sobran las dedico a holgar.
  • Me doy el lujo de hacer un ratito de oración por la mañana y otro por la tarde y a ese lujo le dedico siete horitas semanales.
  • Desayuno, como y ceno -a veces hasta meriendo- y no hay semana que le dedique a estos lujos menos de siete horas entre la preparación de la cosa en sí y la cosa en sí.
  • También rezo el rosario cada día y acostumbro a rezar otras preces y a leer los evangelio y algunos libros alegres de espiritualidades todo lo cual me lleva otras 7 horitas semanales.
  • A las artes y al estudio -otros dos lujos- les dedico otras siete horitas semanales razón por la cual destaco poquísimo en ambos campos.
  • Mis lujosos blogues me regalan siete horas semanales de placer y holganza.
  • A mis amigos -que son poquísimos- y a mi familia -que solo me da disgustos y trabajos- les dedico otras siete horas semanales y me lo agradecen poquísimo.
  • El aseo personal, el de la casa y la ropa y otros asuntos propios ocupan otras siete horas semanales que anoto en el apartado de la holganza porque no tengo esposa ni suegra que me apremie.
  • 21 horitas semanales se me van sin que sepa dónde. A veces me sorprendo mirando una pared muy fijamente o mirando la luna (*). Hay minutos que pierdo peleándome conmigo mismo, con mi obispo o con las injusticia sociales o imaginando cosas raras o soñando despierto. No hay día que no pierda algún minuto aferrándome a las sábanas y pensando que no, que aún no es la hora de levantarse de la cama y que el despertador debe estar confundido. Y pierdo el tiempo miserablemente dándole vueltas al pollo congelado de Mercadona o de Carrefour para ver cómo diablos se cocina eso o dándole vueltas a una goma de borrar o a un lápiz. Y me impaciento mucho y pierdo el tiempo cuando me da por calcular las horas de mis días sin haber aprendido todavía a calcular mis años.
(*) He interrumpido la escritura para subirme al campanario de la iglesia de san Miguel. La luna está en creciente. El sol le da por la derecha -un poco por abajo- el aspecto de una sonrisa de niña coqueta o de niño jovial. Y me he puesto contento así, perdiendo el tiempo tontamente.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El Padre Abundo.

Declamaba sobre todo contra sus compañeros, que de su cuenta y riesgo tomaban la defensa de algún débil contra un opresor poderoso. A esto llamaba él comprarse cuidados y querer enderezar el mundo; y regularmente concluía todos sus discursos con esta máxima: que casi nunca le sucede mal al que no se mete en camisa de once varas.
(Alessandro Manzoni, Los novios, cap 1) 

martes, 27 de marzo de 2012

El Papa es muy malo.

Esta mañana en una emisora de radio nos ofrecían estas palabras del primer discurso del Papa en Cuba:
Queridos amigos, estoy convencido de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes, a lo que cooperará ese inmenso patrimonio de valores espirituales y morales que han ido conformando su identidad...
Y el amable conductor del programa -un amable liberal- las comentaba más o menos así: típico discurso socialista y progre ese del mirar al mañana pero no hacer nada ahora. ¿Cuáles son los valores espirituales y morales de Cuba? A continuación el amable informador hablaba de la prostitución que, al parecer, también existe en Cuba y sugería que las autoridades cubanas habían comprado al Papa permitiendo la construcción de un seminario muy bonito.
Yo no creo que Benedicto XVI sea especialmente complaciente con los progres y me da la impresión de que algunos progres lo detestan tanto como algunos liberales. Pero sé que, cuando el Papa habla de los valores espirituales y morales  que han ido conformando la identidad de Cuba no está haciendo un elogio de la prostitución ni está templando gaitas para agradar al aparato represor que sostiene al gobierno en Cuba. 
¿Cómo es posible que un cura de pueblo pueda interpretar las palabras del Papa mejor que un ilustrado liberal con mucho mundo? Muy sencillo: porque el cura de pueblo lee y medita cada día lo que el Papa enseña y porque, además, ha leído la frase completa:
...más genuina, y que se encuentran esculpidos en la obra y la vida de muchos insignes padres de la patria, como el Beato José Olallo y Valdés, el Siervo de Dios Félix Varela o el prócer José Martí.
No habría costado nada poner la frase completa. El Papa estaba hablando de la identidad más genuina de Cuba que tiene que ver más con un par de santos y con un prócer liberal que con el comunismo impuesto por el terror o con la prostitución que en Cuba está relacionada con la pobreza y en España con el permisivismo -en ese asunto muy complaciente- de algunos liberales y de no pocos progres.

Poco después, en un programa de la televisión españolita tenían la cortesía de reproducir una frase entera del discurso. Era esta:
Llevo en mi corazón las justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos, dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados.
No sé si los tertulianos eran progres o liberales o de la Acción Católica pero creo que han oído mal porque uno ha comentado algo así como que le parecía muy tibio el Papa que -en su opinión- se refería a la disidencia con la genérica expresión de pobres y necesitados. Hasta un cura de pueblo entiende que si allí hay una referencia a la disidencia está en las palabras los presos y sus familiares porque en las cárceles de Cuba es donde más paran los disidentes. Curas de pueblo creo que no había en esa tertulia -supongo que bien pagada- de la televisión españolita donde todos han coincidido en que el Papa debería haber empeñado su gran autoridad moral en defender a los disidentes. Pensaba yo: ahora estos amables tertulianos harán un alegato en defensa de de los disidentes españoles a quienes la televisión españolita niega el pan y la sal. Pero nada, oiga. Eso sí que es progre: atizar al Papa cobrando en metálico.

De lo que no he oído hablar ha sido de este otro párrafo del discurso. No creo que sean malos, es que no leen los discursos del Papa con simpatía. 

domingo, 25 de marzo de 2012

El cura está llorando. 9 (marzo)

-¿Tal es?
-Tal, sí. Mírelo ahí, delante del Sagrario.
-Y ¿por qué llora el cura?
-Shh... No haga preguntas tontas, calle; calle y observe y rece con él. Le ha llegado -creo- una carta de la Nunciatura. Al parecer planean relevarlo de su cargo y llevárselo como obispo a cualquier parte.
-¿Lo van a hacer obispo? Pues no es para llorar. 
-Eso decía él hasta ayer mismo.
-Sigo sin entenderlo. Un obispo gana y manda más que un cura. ¿Por qué llora?
-Así pensaba él hasta ayer mismo. Por eso llora, creo.
-Aún lo entiendo menos.
-Piense usted en san Pedro. 
-¿Qué le pasó a san Pedro?
-Lo mismo que a ese cura. Que Jesús lo miró y él se puso a llorar. 
-Amargamente.
-Claro.

sábado, 24 de marzo de 2012

Más Cuaresmas. 8 (marzo)

Cuando uno recuerda su adolescencia -sobre todo si lo hace con la ayuda de un álbum de fotos- puede sacar la conclusión apresurada de que uno era idiota. Claro que una conclusión apresurada puede ser muy certera y eso es triste porque un adolescente idiota solo por vía de milagro mejora con los años de modo que el cincuentón que ironiza sobre el adolescente que fue haría bien en aceptar que quizá los años no hayan hecho más que añadir a su natural y juvenil idiotez una ironía adquirida.
Lo bueno de las edades es que nunca pasan. Se nos van acumulando. Por eso siempre podemos reconocernos en las fotos y en los recuerdos. El hecho de que nos guste o nos disguste reconocernos en las fotos, en los recuerdos o en las poesías que hemos escrito no tiene tanta importancia como el hecho de que nos reconozcamos o no en todas esas cosas. 
Como la madrastra de Blancanieves, que rompió el espejo mágico porque no soportaba la verdad, el hombre tiende a irritarse contra su memoria. Esa irritación puede degenerar en obsesión por negar la evidencia y por borrar las huellas de nuestros pasos por el mundo al tiempo que nos creamos una imagen -creo que se dice así- consumando de ese modo la idiotez. 
Pongamos un ejemplo. Hay individuos que emplearon su juventud en protestar contra los pecados del prójimo -la injusticia social y todo eso- mientras disfrutaban de la vida con ímpetu juvenil sin que les importase demasiado su propia injusticia. Los años han añadido a su insensatez esas dosis de cinismo y de ironía necesarias para repetir la frase de que los jóvenes tienen que ser idealistas y los adultos realistas. Ahora se dedican solamente a disfrutar de la vida -o sea, de las rentas- y a ironizar paternalmente sobre el idealismo juvenil y pasajero. Han cambiado poquísimo, pero no porque sigan siendo jóvenes sino porque nunca lo fueron. Pasaron de la idiotez sin más -a la que llaman idealismo juvenil- a la cínica idiotez que inspira esta otra frase: No tengo nada de qué arrepentirme. 
En fin, que ni los años ni la experiencia nos harán cambiar si no hacemos penitencia. O solo nos harán cambiar a peor.

Mejor leer esto.

Anonymous.


Supongamos que una multitud amable y pacífica está escuchando un discurso. El orador ha empezado  proponiendo una idea sencilla: es posible hablar de Dios. Su discurso, razonable, bien argumentado y claro -catequético- resulta en sí mismo una prueba de ello. De pronto irrumpe en la sala un encapuchado, le arrebata el micrófono al orador, lanza unas acusaciones generales e improbables sobre el orador -que a su juicio es un tipo malvado- y sobre la multitud -que a su juicio es ignorante- y luego destroza la megafonía y huye. 
Algo semejante ocurrió hace unos días cuando la sociedad secreta Anonymous entró a saco en la página del Vaticano y la dejó inservible.
Uno puede creer que, en efecto, el Vaticano es una organización criminal y que la gente interesada en leer su página es muy ignorante, y quizá, en consecuencia, apruebe y aplauda  al encapuchado. Todo ello es muy comprensible porque la idea de tomarnos la justicia por nuestra mano y de poder decir y hacer en cualquier momento lo que se nos antoje prescindiendo de los buenos modales y de la ley es muy tentadora. 
Ayer mismo un amigo me decía que también Jesús se tomó la justicia por su mano sin contemplaciones cuando echó a los mercaderes del Templo. Mi amigo, como tantos incrédulos, no es muy lógico y no es de extrañar que su teología sin Dios y sin sensatez apruebe los signos proféticos como métodos políticos. De hecho mi amigo -que ha leído El príncipe- asegura que, en política, el fin justifica los medios. Es una persona bondadosa, trabajadora y, en mi opinión, incapaz de hacer una travesura o una payasada pero -nadie es perfecto- su bondad y sus lecturas lo llevan a la sorprendente conclusión de que Cristo -que, por otra parte, rarísima vez anduvo encapuchado- fue un admirable agitador político.
Pero volvamos a nuestro cuento. La multitud amable y pacífica se pregunta qué diablos ha pasado. Muchos ni siquiera se han enterado de que ha pasado algo. Unos técnicos parsimoniosos reparan la megafonía y el discurso continúa: Precisamente -empieza el orador, imperturbable- iba abordar ahora el asunto de la libertad de los hijos de Dios que incluye el derecho a usar megafonía. Y en ese momento la amable multitud se desmelena y estalla en aplausos. Como nadie va encapuchado se puede ver que todos sonríen. Y sus sonrisas -sin careta- convierten el aplauso en algo así como un testimonio o un signo profético; en una cosa humana, en cualquier caso.

viernes, 23 de marzo de 2012

Relevancia social. 6 (marzo)

La relevancia social de mi padre en cuanto tal fue nula. Nunca lo llevé a los tribunales por maltratador ni él me exhibió en la tele o en el circo aunque podría haberse forrado porque yo, como atracción, siempre he sido un monstruo de feria.
Digo esto porque, al parecer, hay curas muy entristecidos por su irrelevancia social. ¿Qué esperaban cuando se tumbaron ante el obispo justo antes de su ordenación sacerdotal? ¿Salir en "Tú sí que vales?"

jueves, 22 de marzo de 2012

El cura exagerado.

5 (marzo)
O sea, quinta entrada
del año dedicado a san José.

1. Usa sotana y le dicen que exagera.
2. Se sienta a confesar en un confesonario de esos de rejilla que parece muro de Berlín y le dicen que exagera.
3. Juega con los niños en la plaza y los reúne en la Iglesia pero jamás lo ven con ellos en la piscina o en el gimnasio o en los vestuarios e insiste en que la puerta de la sacristía esté abierta si hay monaguillos dentro, y le dicen que exagera.
4. Cuando habla del pecado dice que se trata de algo malo y cuando habla de Dios o de la Virgen se emociona y le dicen que exagera.
5. No tiene Internet ni vacaciones y le dicen que exagera.
Yo, claro, no soy u cura exagerado. Soy un tipo estupendo y de lo más normal. Pero eso sí, cuando necesito confesarme -cosa que ocurre a menudo- ruego a Dios que ponga en mi camino a un cura exagerado. Y Dios, que es bueno, va y lo pone en mi camino.

4 (marzo)

Cuando san José cumplió cincuenta años, el Ángel del Señor le anunció en un sueño que al día siguiente,  a la hora del Ángelus, sería conducido a la presencia del Altísimo. Al día siguiente san José le contó a santa María lo del sueño. Entonces santa María fue corriendo a ver a Jesús que tenía treinta años recién cumplidos y estaba en el taller haciendo unos zuecos para un vecino. Jesús dejó los zuecos, se sentó en el suelo y su madre se sentó a su lado y empezaron a hablar. 
Aprovechando la ausencia de la Señora, el demonio se apareció a san José y le dijo: Hijo de David ya ves cómo paga el de arriba a sus siervos. Desde que tenías veinte años te ha tratado como a un muñeco y te las ha hecho pasar canutas. Y empezó a recordarle a san José -exagerándolo todo muchísimo- cada uno de los dolores que había padecido en la vida y echándole la culpa a Dios hasta de la matanza de los inocentes. Y se extrañaba el diablo de la paz de san José que andaba rezando los misterios gozosos del Rosario porque se los sabía de memoria y porque no había más misterios que contemplar.
San Miguel -que no soportaba al diablo- estaba en el Cielo tratando de convencer al Altísimo para que le dejase bajar a Nazaret y echar a patadas al Malo pero el Altísimo le decía: calla, calla, mira a José y aprende. 
San Gabriel estaba en el taller con la Virgen porque desde la Anunciación nunca se había apartado de ella por orden del Altísmo y allí estaba también san Rafael encargado de acompañar a Jesús desde que el Niño aprendió a andar.
Así que allí estaban -solos- san José -contemplando los misterios gozosos y sonriendo con mucha paz- y el diablo argumentando con más retórica que lógica y muy nervioso porque estaban a punto de dar las doce y no conseguía nada.
A las doce menos cinco minutos Jesús se levantó y santa María se levantó también. A las doce menos tres minutos santa María entró en la Casa y el diablo salió pitando por la chimenea porque Jesús se había quedado en la puerta. Desde las doce menos tres minutos hasta las doce estuvieron solos san José, santa María y san Gabriel. A las doce en punto Jesús y san Rafael entraron en la Casa. Justo entonces el Altísimo le dijo a san Miguel: ¡Anda, baja ya, que te va a dar algo! Y san Miguel bajó a Nazaret como un rayo. razón por la cual los vecinos de Nazaret se alborotaron no poco y se congregaron ante la Casa y empezaron a inventar un montón de historias muy peregrinas sobre los idus y los rayos de marzo, porque todo esto ocurría en un soleado y apacible día 19 de marzo.
Santa María peinaba a san José con sus dedos y le alisaba la túnica porque decía: vas a ver al Altísimo. Jesús despeinaba con sus dedos a san José y jugaba con su barba como cuando era pequeño y le decía: que se note, cuando llegues al cielo que has estado conmigo. Y san José los besó a los dos y les pidió que lo bendijeran. Y santa María lo bendijo diciendo: Has sido una bendición para mí desde que te conocí. Y Jesús empezó a bendecir a san José con una bendición muy larga que empezaba así: Dichosos los pobres porque de ellos es el reino de los cielos. 
Los arcángeles se taparon los ojos porque es lo que suelen hacer cuando están muy emocionados. San José también cerró los ojos un momento pero los abrió en seguida. Ya estaba en el cielo cuando los abrió y nadie puede decir lo que vio porque no hay palabras para decir según que cosas. 
Pero consta que eran las doce y veinte del diecinueve de marzo. Hay racionalistas que encuentran en ese dato una prueba irrefutable de que Dios no existe porque razonan así: Si Dios existiera, san José tendría que haber llegado al Cielo a las 12 en punto como anunció el ángel del sueño. 
Para sus cosas los racionalistas son mucho más razonables y mucho menos puntillosos, claro. Cada diecinueve de marzo, sin que nadie se lo explique, algunos de ellos abren los ojos y se maravillan y caen en la cuenta de que también la hora del Ángelus tiene sesenta minutos porque para Dios no hay nada imposible.

miércoles, 21 de marzo de 2012

3 (marzo)

Amable san José: Gracias por no denunciar a la Virgen María cuando hallaste que estaba encinta. Supongo que Jesús también te dijo lo mismo muchas veces. Cuando leo que resolviste repudiarla en secreto me emociono un poco y te veo más grande que Abraham en la fe, y más grande que Salomón en la sabiduría y mucho más grande en la justicia y en la piedad que los justísimos escribas y piadosísimos fariseos cuya justicia y piedad -con ser grandes- debían ser superadas por alguien como tú para que los hombres concibieran la esperanza de un reino mayor que el de los escribas y los fariseos.
Conocías la Ley y los Profetas y supiste -como nadie- interpretar la Ley con el espíritu de los Profetas, es decir, no para condenar al inocente sino para abrirle paso a Dios que es el único que puede salvar al hombre con la Ley en la mano. 
Suele conmovernos tu amor -tan delicado- por María. Tu vida casi no habla de otra cosa. Y yo -un poquito emocionado- la miro y me hago cruces al ver cuánto te quiso ella.

martes, 20 de marzo de 2012

2 (marzo)

7:00 Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda... interceded por mí.
9:00 "Toc, toc, toc" (en la puerta de la sacristía). Abro y veo a un tipo flaquísimo y altísimo cuyos pantalones no le llegan a los tobillos. Estos, los tobillos, son visibles porque el flaco no lleva calcetines. Tiene la cabeza cubierta por la capucha de una sudadera. Aunque está un escalón por debajo de mí sus ojos -oscuros y tristes- están enfrente de los míos. Entonces san José: Trátalo bien. Y yo, algo contrariado: Buenos días. Observo que está empapado -lo veo y lo huelo- y que es muy joven. Me habla en inglés -me llama Father- se lleva el pulgar a la boca con la palma de la mano extendida y pide algo para beber. ¿Agua, café, un zumo? Me dice que un zumo le vendría muy bien. salimos para el bar que está al lado de la Iglesia.
9:10 Nos sentamos en una mesa. Pido un café y un zumo de naranja para mí. Pide una taza de chocolate y un zumo de naranja. Se quita la capucha. Observo que es casi un adolescente y que lleva un aro en la oreja izquierda, barba suave de dos días y pelo muy corto. Quiere saber si estoy dispuesto a oír su historia y me la cuenta. Ha pasado la noche en el portal de la Caja de Ahorros que está frente a la Iglesia. Es alemán pero necesita curarse porque ha tenido problemas con las drogas. Su padre -un hippy- nunca le hizo caso. Él sospecha que su padre no es su padre... A partir de ahí la historia se vuelve más y más confusa. Quiere un cigarrillo. Un amable cliente que está en la barra saca tres cigarrillos y se los ofrece. Los toma, da las gracias y nos vamos. 
9:30 Me ayuda a ordenar los cajones del trastero. Hace tres viajes a los contenedores de basura para tirar los papeles y la basura acumulada en el trastero y se zampa dos naranjas de una bolsa de naranjas que me han regalado. Me cuenta que en Alemania siempre lo han mirado mal porque es negro. Le digo que no parece negro -aunque, ciertamente, está bastante moreno para ser alemán- y entonces se levanta la sudadera y me enseña el abdómen como para certificar que es negro. Puedo certificar que ni siquiera parece el abdómen de un mulato. 
10:30 Llega Gustavo con un amable matrimonio de ingleses. Forman parte de un grupo de teatro amateur  y vienen a ofrecerme un cheque al portador con la cifra de euros 500 que es la recaudación de una de sus funciones benéficas. Nos hacemos una foto en la que aparezco -como en las películas americanas- sonriendo a la cámara y estrechando con mi mano derecha la mano derecha del donante mientras tomo con la izquierda el cheque que el donante sostiene con su izquierda. Terminada la sesión de fotos el donante suelta el cheque. En mis ojos hay un brillo de codicia.
11:00 Ingreso el cheque y le digo al joven alemán que si vuelve a las 13:30 podemos comer juntos. Me dice que volverá, pero no vuelve. 
14:00 Bendición de los alimentos y oración del año jubilar: Amable san José en cuya solemne fiesta fui hecho sacerdote de Cristo hace veinticuatro años y un día, confío a tu intercesión las gracias que en cada momento necesite para vencer todas las tentaciones o para arrepentirme -si caigo en ellas- con un arrepentimiento eficaz de tal manera que viva como un buen hijo de Dios, muera en el seno de la Santa Iglesia y pueda sonreír al despertar viendo a Jesús contigo y con María. Amén.
14:02 En la mesa preparada para dos me zampo yo solito un pisto con bacalao. Fuera sigue lloviendo.

1 (marzo).

Ayer fue mi vigésimo cuarto san José de cura así que hoy empieza -creo- mi año jubilar -o como se llame- que terminará con la celebración de mis bodas de plata sacerdotales y que estará dedicado -todo él- a san José.
Mis propósitos -muy firmes- son estos:
1. Empezar de nuevo. Con esto de empezar de nuevo quiero decir -creo- aceptar la oferta graciosa de empezar de nuevo y el regalo de un año jubilar que me invita a dejar atrás todas las tonterías que he hecho, dicho y escrito -especialmente los pecados y los poemas- durante veinticuatro años de sacerdocio haciendo penitencia por ellas.
2. Dejar de hacer, decir y escribir tonterías y de cometer pecados y poesías. Comprendo que este es un propósito demasiado general para ser práctico. Sin embargo lo mantengo. Y lo mantengo porque si mi segundo propósito fuera seguir haciendo, diciendo y escribiendo tonterías y cometiendo pecados, entonces sería peor y mi primer propósito se tornaría incomprensible hasta para mí.
3. Castigarme sin cenar cada vez que mi afán por ver realizado el Reino me lleve a concebir la idea de prenderle fuego a alguna ciudad.
4. Castigarme sin merienda cada vez que -movido por el mismo noble afán- me sienta tentado a destrozar el mobiliario urbano.
5. Como los propósitos 3º y 4º harán -previsiblemente- de mi año jubilar un año de ayuno y hambre, me parece razonable el propósito 5º de regalarme un caramelo de menta-eucalipto por cada  diez jaculatorias en alabanza del Glorioso san José siempre y cuando diga esas jaculatorias con rectitud de intención y no movido por el hambre o la gula.
6. Extremar la amabilidad con los pobres y con el obispo diocesano con la rectitud de intención de quien no espera a cambio un premio en metálico o un ascenso.
7. Comprarme ropa nueva y encargar otra sotana. Los andrajos que habitualmente llevo, aunque son de LOEWE me dan -según mi asesor de imagen- pinta de cura jubilado más que de cura jubiloso.
Por la intercesión de san José y de mis bienhechores no ha de faltarme la ayuda de Dios para cumplir estos santos propósitos. 

lunes, 19 de marzo de 2012

Año jubilar.

Felicidades al Papa, a las Pepas y a los Pepes. Cordialísimas felicitaciones al Amable san José. Yo también me felicito porque hoy se cumplen veinticuatro años de mi ordenación sacerdotal y comienzo un año jubilar que terminará con la celebración de mis bodas de plata -creo que se dice así- el día de san José del 2013. 
San José es Patrono de la Iglesia Universal y está muy bien que sea así porque la Iglesia, como santa María, es un misterio que debe ser custodiado por quienes entienden de misterios. 
Hubo un tiempo en que los seminarios estaban llenos. Todo parecía ir viento en popa y se empezó a hablar de "triunfalismo". Había grandes proyectos, novedades, una actividad incesante, reuniones, debates... En un abrir y cerrar de ojos, y como por ensalmo, los seminarios se quedaron vacíos, las iglesias desiertas y desangeladas, los sagrarios abandonados, las órdenes religiosas diezmadas; las palabras "triduo", "novena", "rosario" o "confesión" cayeron en desuso, miles de sacerdotes se secularizaron, el pueblo fiel estaba desconcertadísimo y no hacía falta ser Jeremías para observar que tanto los profetas como los sacerdotes vagaban sin sentido por el país.
Luego vino Juan Pablo II y nos dijo que no tuviéramos miedo y que abriéramos las puertas a Cristo. Se han hecho muchas cosas -decía el Papa-, se ha trabajado mucho, pero quizá hayamos descuidado lo esencial. En las empresas de Dios lo esencial es la Fe porque es Dios quien hace la Iglesia: sin mí no podéis hacer nada. Benedicto XVI -claro- confirma el diagnóstico.
La Iglesia ya no era útil para el mundo y fue abandonada y, en cierto modo, purificada. Luego empezó a percibirse no solo como algo caduco sino como una amenaza para el progreso y el bienestar. El espíritu del amable Herodes -buen rollete, festeta, mucho gimnasio y muerte a los niños de dos años para abajo en Belén y alrededores- parece haber despertado con el tercer milenio. Buena señal: quiere decir que el diablo presiente que algo grande está pasando y da palos de ciego. 
Más que nunca -como siempre- la Iglesia necesita de la protección de san José y de su ejemplo. ¿Alguna vez se ha prometido a los cristianos que el mundo los amaría? No tal. Más bien lo contrario. Así que hay que volver a aprender de san José a custodiar con inteligencia el misterio de la Iglesia y el propósito -no menos misterioso- de Dios para el mundo.
El mundo lo hizo Dios, la Iglesia la hace Dios, la salvación viene de Dios y cualquier proyecto humano que prescinda de Dios será una chapuza. 
El amable rey David quería hacerle un templo a Dios. La idea le pareció bien a Natán pero no a Dios: Dile a mi siervo David: "¿Un templo? ¿Tú me vas a hacer un templo? No, querido, para hacerme templos me basto y me sobro. Recuerda que eras un pastorcillo y que fui yo quien te sacó de los apriscos por donde andabas tras las cabras y te puse al frente de mi Pueblo. Tengo una idea mejor. Yo te haré a ti una Casa. Y no habrá quien la derribe. De tu descendencia nacerá un rey de verdad cuyo reino no tendrá fin."
Entre todos los hombres de fe, entre todos los hombres que han entendido que quien hace las cosas es Dios han destacado -a años luz de los demás- dos: Abraham y san José.
Fiándose de Dios Abraham -su nombre era más cortito por entonces- dejó su tierra y se puso en camino. Fiándose de Dios hizo grandes negocios y se convirtió en el padre de un gran pueblo. Dicho así parece fácil pero su vida no fue fácil. ¡Oh, no; no lo fue! Tuvo que hacer el gran sacrificio, el sacrificio que más cuesta a los hombres, el sacrificio de una completa obediencia de fe.
El otro fue san José. Es opinión común entre los teólogos que san José superó a Abraham no solamente en la fe -fundamento del éxito- sino en el éxito de su negocio. Porque fue varón justo -cantamos hoy- lo amó el Señor y dio el ciento por uno a su labor. No fue poca labor, por cierto. Como Abraham, también José estuvo dispuesto a desprenderse de lo que más amaba; Santa María. Y, como a Abraham, también a José vino el Ángel del Señor a darle buenas noticias: No, amable José. Lo que quiero de ti no es que dejes a María sino que la recibas en tu casa y que  pongas por nombre "Jesús" al niño que lleva en sus entrañas. 
¡Oh! -debió pensar san José- ¡Que buena noticia! Y se despertó muy contento y se pasó la vida haciendo lo que el ángel le había dicho, a saber: cuidar de la Señora que el mismo Dios le había dado como esposa y del Niño que el mismo Dios le había dado como hijo. Consta que jamás se quejó.
Con toda lógica se celebra hoy el día del Seminario porque los seminaristas son para las diócesis como el Niño Jesús para san José y la Virgen. Un día serán sacerdotes y enseñarán cosas estupendas y por su ministerio serán expulsados muchos demonios y harán cosas admirables. Ahora están aprendiendo de san José a amar el misterio de la Iglesia y a ser amables y laboriosos, responsables, fieles, etc. Pero, sobre todo, están aprendiendo de san José a pasmarse ante el misterio de la Presencia Real de Dios en el mundo o, por decirlo de otro modo, a familiarizarse con Dios.
La campaña publicitaria que ha encargado la amable CEE ha suscitado agrias polémicas porque empieza prometiendo no un gran sueldo sino un trabajo fijo. Claro que si hubiera prometido un gran sueldo a cambio de una holganza permanente la cosa habría sido peor. Pero da igual; cualquier persona que pueda sentirse llamada al sacerdocio sabe a lo que atenerse: trabajos no le van a faltar y el dinero no le va a hacer mucha falta si se fía de Dios. Más aún, hará el negocio de su vida si hace -como san José- todo lo que diga el Ángel de Dios y nunca se quejará de tener mucho trabajo o poco dinero ni se sorprenderá demasiado si un buen día aparecen por su parroquia unos magos de oriente con camellos cargados de oro, incienso y mirra o de acciones del Banco de Santander.
En fin, San José es patrono de la buena muerte porque tuvo la mejor de las vidas: vivió y murió enamorado de Santa María y de Jesús. No ha habido desde entonces hombre más enamorado de una mujer -ni creo que lo haya en los venideros siglos- ni más familiarizado con el misterio, lo cual encierra también una lección para quienes propendemos a familiarizarnos con el misterio del peor de los modos que es el modo de la familiaridad sin amor, sin corazón, sin pasión o como se diga llamada "rutinacasposa". Da la impresión de que la muerte -que disuelve el vínculo matrimonial- no nos impide seguir llamando a san José "Esposo de la Virgen María".
Creo que estoy a punto de terminar. Si alguien les pregunta: ¿Que le pasa al cura que está tan risueño? Díganle ustedes: Es que está celebrando sus bodas de plata o algo así y, al parecer, ha decidido dedicar el año entero a san José. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Los que por ella llevasteis luto.


Doña Conchita -la sacristana- me ha preguntado hoy: ¿Qué casulla le pongo? Y le he dicho: La rosa. Y me ha dicho: ¿Me está tomando el pelo? Y le he dicho: ¡Oh, no! Hoy es cuarto domingo de Cuaresma. 
¿Qué hace el cura vestido de rosa junto a esa Cruz enorme? El cura está diciendo que falta poco para que los que lloran sean consolados. El cura se ha vestido de luto, de lila, de morado durante tres semanas y parecía que le hubiera picado una serpiente y que estuviera muriéndose. Y, de pronto ¡zas!, aparece vestido de rosa -ningún monaguillo del mundo se atrevería a vestirse así- y nos dice: 
Amigos, el diablo nos ha mordido a todos pero Jesús puede curarnos. ¿Te arrepientes de tus pecados? Haz una buena confesión. Que no te dé vergüenza llorar delante de Jesús que murió por ti, y resucitó y puede curarte y consolarte.

¡Oh! LOEWE

Durante estos días han coincidido dos campañas publicitarias: la de LOEWE y la del Seminario. 
La de LOEWE usa la chabacanería más hiriente para acentuar la diferencia entre quienes vivimos LOEWE y quienes compran imitaciones en un chino; y la diferencia -aún mayor- entre los primeros y los pobres. Los que vivimos LOEWE queremos eso. Cualquiera puede comprar una falsificación en el mercadillo y hasta los pobres -si ahorran mucho- pueden comprarse un bolso de LOEWE. Pero vivir LOEWE es mucho más que eso: vivir LOEWE es ser distinto. Y no solo es ser distinto, es mostrar la distinción sin apenas esfuerzo: abriendo la boca -por ejemplo- para mostrar una sonrisa de cinco mil dólares o para balbucear unas palabras que quizá no digan nada pero que nadie dejará de comentar con envidia o con admiración. A quienes vivimos LOEWE las burlas de la plebe nos hacen muchísima gracia. Cuanto más se ríen de nosotros más se acentúa la diferencia entre nosotros y ellos.
La campaña del Seminario ha optado por esa vulgaridad amable que mezcla el realismo -gente de verdad, sin maquillar- con el sentimentalismo. Se trata de acentuar la diferencia entre quienes viven el sacerdocio -sentimentales sin maquillaje- y esos imitadores que se esfuerzan muchísimo por mostrar  sus grandes corazones vacíos y muertos. Quizá la campaña no sea del agrado de todos los sacerdotes pero a los curas que vivimos LOEWE nos encanta -o sea- porque marca la diferencia.

viernes, 16 de marzo de 2012

Mejor leer esto.

Viernes de Cuaresma.


Remember not, Lord, our offences, 
nor the offences of our forefathers; 
neither take thou vengeance of our sins: 
spare us, good Lord, spare thy people, 
whom thou hast redeemed with thy most precious blood, 
and be not angry with us for ever. 
Spare us, good Lord. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Toma Cuaresma, oh, fariseíllo!

Habita en mí un duendecillo al que llamo cariñosamente fariseíllo y que a veces me alegra recordándome que pago el diezmo de la menta y del comino y que no soy como los demás. Cuando charlo con él me parece que mis pecados se borran al compararlos con los pecados del prójimo -el fariseíllo que habita en mí no suele llamar prójimo al de al lado, lo llama gente-.
Al duendecillo que hay en mí le encanta oír la radio y leer los periódicos porque allí -dice- queda patente lo bueno que soy comparado con la gente. 
Cuando intento rezar o hacer examen de conciencia toma él la palabra y comenta ante Dios los pecados del mundo y mis virtudes lo cual me reconforta mucho pero, a decir verdad, ni me justifica ni me deja en paz. Creo que es como las drogas el duendecillo ese: sólo me deja ver mi lado bueno y cada vez me hace más insensato y más débil.
Pero estamos en Cuaresma y he empezado a decirle: ¡Toma Cuaresma, oh, fariseíllo! 
Me dice, por ejemplo: ¿has visto qué corruptos son los tipos esos? Y yo le digo: Sí, son mis hermanos. Y ahora repite conmigo: "perdona nuestras ofensas". Pero él insiste: No, si los corruptos son ellos. ¿No ves cómo blasfeman? ¿No ves cómo está el mundo? Y yo también insisto: Toma Cuaresma, fariseíllo y repite conmigo: "perdona nuestras ofensas... no nos dejes caer en la tentación". 
Y así estoy, tratando de catequizar al duendecillo que habita en mí para que me deje rezar el Padre Nuestro en Cuaresma. 

Doña Luz. (V)

-Confieso que soy tonta: nada adivino. Ya que no aspira V. ni á sabio ni á santo, ¿á qué aspira?
-Aspiro al poder. El poder es el complemento del dinero. Quiero ser hombre político, personaje influyente, derrocando al cacique de la cabeza del distrito, que hoy lo puede aquí todo.
-¡Quién le mete a V. en esos ruidos, Sr. Don Acisclo?-dijo entonces Doña Luz.
-Mis convicciones políticas,-respondió Don Acisclo con suma gravedad.
-¿Sus convicciones políticas? Me pasma lo que le oigo decir. Pues ¿de dónde provienen esas convicciones? Yo creía que V. no había pensado en política en todos los días de su vida.
-Entendámonos-replicó Don Acisclo: en la política que sirve de pretexto ó apariencia, es cierto que jamás he pensado; pero en la política-verdad pienso siempre.
-¿Y qué es la política-verdad?
-La política-verdad es que todos los que formamos la nación española damos al Gobierno cada año, por diferentes maneras, más de la mitad de lo que la tierra, nuestro trabajo y nuestro caletre producen.   El Gobierno luego, ya en forma de pagas, ya en forma de subvenciones, ya en otras formas, reparte todo eso entre sus amigos. De esta suerte, lo que absorbe el Gobierno como contribución, se derrama de nuevo como benéfica lluvia. ¿No es necedad que yo pague y no cobre? ¿no es necedad que yo contribuya y no distribuya? ¿No sería más discreto que yo imitase a D. Paco, el grande elector de este distrito, que paga diez y saca ochenta? Pues qué, ¿no tengo yo sobrinos, hijos y ahijados á quienes dar turrón? ¿Una gran cruz, no me vendría que ni de molde? ¿El tratamiento de excelencia se me despegaría? En vez de pagar mucho, como pago ahora, y de no recibir nada, como no recibo, ¿no me sentaría divinamente pagar menos, y recibir con usura lo pagado y más de lo pagado? Pues esto es la política, y por eso quiero meterme en la política. ¿Qué digo quiero meterme? Metido estoy ya en ella hasta los codos.
(Doña Luz, Juan Valera) 

Doña Luz. (IV)


De sí propio tampoco recelaba el Padre. Amaba á doña Luz como el maestro ama á su discípulo; como un alma ama á otra alma, cuando ambas coinciden en las mismas creencias y opiniones, suben á las mismas alturas, y especulan y contemplan las mismas ideas.
¿Quién penetraba mejor que Doña Luz el sentido de todos sus discursos? ¿Quién le seguía mejor, quién se le adelantaba á veces en los vuelos y raptos de imaginación, cuando pugnaba por levantarse á aquellas regiones á donde el prosáico razonamiento no llega? Sin duda que Doña Luz. 
(Doña Luz, Juan Valera) 

Doña Luz. (III)

Doña Luz nada sospechaba de sí. Nada tampoco sospechaba del Padre. Le consideraba como á un santo, y empezó á amarle y á venerarle como aman y veneran á los santos las personas piadosas. Era tal el candor de doña Luz, que hubiera dicho al Padre los sentimientos que le inspiraba, si no hubiera temido ofender su modestia ó mostrarse aduladora. Pero aunque nada le decía, harto le daba á entender su extraordinaria predilección, atrayéndole de continuo, y no hallándose a placer sino cuando le tenía a su lado, le hablaba o le escuchaba. El P. Enrique, por su parte, no manifestaba la menor extrañeza por los favores que de Doña Luz recibía. Y esto no porque fuese vano y se figurase que todo le era debido, sino porque no juzgaba nada más natural que aquella buena correspondencia.
 (Doña Luz, Juan  Valera)

martes, 13 de marzo de 2012

Reunión de Arciprestazgo.

El lunes tuvimos reunión de Arciprestazgo. La verdad, echo de menos la solemnidad de las reuniones en el Arcedianato de Villena. Allí éramos cuatro curas y un diácono. A las 12:00 en punto los curas nos poníamos en dos filas, haciendo un pasillo a los lados de la Puerta del Marqués. Entonces llegaba el Arcediano y el diácono salía a su encuentro para calzarle las Pantuflas Doradas. A continuación tomaba al Arcipreste de la mano y lo conducía al Gran Salón de Reuniones. El Arcediano se sentaba en el κατακλυσμός, o Sede Arcedianal, y los curas permanecíamos de pie mientras el diácono cantaba   el Acta de la Sesión Anterior. Terminado el canto, el Arcediano hacía un leve gesto con la mano y el diácono anunciaba: Pueden sentarse. Y nos sentábamos. Todo estaba bellamente ordenado. La comida la servía el diácono. Primero comía el Arcediano sin moverse del κατακλυσμός. Los curas lo acompañábamos en silencio y daba gloria verlo. Luego el Arcediano se retiraba a la Salita de Sexta para reposar y el diácono servía a los curas. 
En el Arciprestazgo de de Torrevieja, en cambio, todo es confusísimo. Somos unos doce, tres son polacos, no hay ritos ni ceremonias y ni siquiera hay diácono. Tendré que acostumbrarme, supongo.
El lunes, por ejemplo, salió el tema del poderío de la Iglesia. Dividiose la Asamblea entre tirios y troyanos formando facción aparte los polacos que celebraban cada intervención con sonoras risotadas.
Una ventaja tiene este Aciprestazgo: podemos usar nuestros ordenadores portátiles. Yo, claro, iba tomando nota de todo para el blog.

282 § 1. Los clérigos han de vivir con sencillez..

... y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad.

El Derecho Canónico es así de sorprendente y de amable. Busquen ustedes en él una definición de vanidad o una descripción de la sencillez de vida. No la encontrarán. Da por supuesto el legislador que cualquier católico sabe de lo que se está hablando aquí, y que resulta imposible e innecesario decir más. 
Imposible porque, si entrase a decir qué cosas parecen o pueden parecer vanidad, tendría que dedicar un tomo a cada país para enumerar las cosas que en cada país pueden parecer vanidad. Y cada tomo tendría que ser actualizado cada dos o tres años. Y cada tomo tendría que subdividirse en cientos de apartados dedicados al peinado, la barba, el bigote, las calidades de las telas, los complementos -gafas, anillos, pañuelos, cinturones, sombreros, zarzillos-, a la ropa interior, a los tatuajes, a los desodorantes, jabones, colonias... 
Innecesario porque si un clérigo quiere vivir con sencillez y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad basta con que abra los ojos, se mire al espejo, observe cómo viven y se visten los mejores en su entorno y procure no dar la nota si no es para afinarla. Y si lo que quiere es dar la nota lo más probable es que la enumeración de todas las cosas que puedan parecer vanidad le dé ideas para dar la nota.
Pero al fariseíllo que aún colea en cada uno, le incomoda la anchura de la ley. Y donde la ley no prohíbe, el fariseíllo señala al prójimo con el dedo para citar contra él una tradición muerta o el criterio de una escuela, o su propio y estrictísimo criterio.
Si Dios quiere publicaré en breve una entrada que llevará por título: ¡Toma Cuaresma, oh, fariseíllo!

Iluminados.

Básicamente, el nacimiento y la muerte de toda herejía han seguido un curso parecido. Un católico morboso y desequilibrado extrae una de entre las miles de ideas del pensamiento católico; y entonces declara que se interesa más por esa idea católica concreta que por el propio catolicismo. Se va con su idea a un lugar desierto donde la idea se transforma en una imagen y la imagen se transforma en un ídolo. Luego, pasados un siglo o dos, se despierta de repente y descubre que el ídolo es en efecto un ídolo; y, poco después de esto, descubre también que el desierto es el desierto. Si se trata de un hombre sabio, se considerará a sí mismo un loco. Si se trata de un loco, se definirá a sí mismo como un evolucionista progresivo que ha madurado el concepto de la adoración de los ídolos. Y mirará al desierto en torno suyo, extendiendo la desolación por todas partes mientras dice, con las hermosas palabras del señor H.G. Wells: No veo límites.
(Los ídolos de Escocia,  G.K. Chesterton)

Medrano, la justicia por mi mano.

Ya he hablado aquí un par de veces de Marcelo. Lo que no he contado es que, como prueba de su fiel amistad, se ofreció a librarme de cualquier enemigo o, simplemente, de cualquiera que me mire mal. 
- Oye, "man", no tienes que darme explicaciones. Basta con que me señales al tipo y yo me encargo de él sin hacer preguntas.
Como es natural -tras agradecer su buena intención- le expliqué que un cristiano como él -de comunión diaria-  no debe ir por el mundo asesinando a la gente y, mucho menos, tentando a los sacerdotes. Pero Marcelo tiene sus principios y mi labor de catequesis con él no es fácil.
Pues bien, acabo de encontrar un magnífico cortometraje -como la palabra es muy larga ahora se dice corto- titulado La visita de Medrano. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Los Diez Mandamientos.

Se encierran en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
Amarás a Dios sobre todas las cosas. ¿Por qué? Porque Dios es más amable que todas las cosas y porque es el origen de todo cuanto es amable. Santa Teresa lo decía así: Quien a Dios tiene, nada le falta. Parece un mandato ese amarás pero dicen los sabios que los mandamientos de Dios se cumplen a la larga y que, cuando se cumplen, se ve que eran profecías. Todas las profecías se han cumplido en Cristo y esta del amor a Dios sobre todas las cosas se ha cumplido en todos los santos. 
Y al prójimo como a ti mismo. ¿Por qué? Porque es como tú. Porque aunque a ti te parezca que es digno de desprecio -no sabe hablar- o de lástima -es pobre y está enfermo- o de envidia -ha triunfado allí donde tú fracasas- cuando te veas en Dios y te ames a ti mismo como te ama Dios comprenderás que ni la elocuencia, ni la riqueza, ni la salud ni el éxito nos hacen especialmente amables o envidiables.
Para que estas amables profecías se cumplan en mí, ha puesto Dios a su Hijo en la Cruz y me ha dado otra Cuaresma. Si empiezo a mirar con amor a Cristo crucificado, no solamente Dios notará el cambio, también lo notará el prójimo. Y hasta es posible que se me pase el mal humor.

Doña Luz (II)

Casi todos los que se hacen ricos niegan el acaso, la fortuna, el hado ó la suerte; ésto les parecen vanos nombres detrás de los cuales procuran ocultarse la pereza, el despilfarro, el desorden y la tontería. De ahí que se tengan por las personas más prudentes, más razonables, más ingeniosas y más sabias de la tierra. Y puede que les sobre razón.
(Doña Luz,  Juan Valera)

domingo, 11 de marzo de 2012

282 § 1. Los clérigos han de vivir con sencillez..

...y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad.


Un amable comentarista ha dejado este breve e inquietante comentario en la entrada Curas RayBan:
Por sus hechos los conoceréis (votos: castidad, obendiencia, pobreza,...)¿Cuál es tu brújula?
Empecemos por el final: ¿Cuál es tu brújula?
Tengo una brújula en mi salón. Me la trajeron los Reyes hace unos años y señala hacia el ventanal porque mi salón está orientado al Norte. Creo que los Reyes la adquirieron en el famoso establecimiento comercial General Tapioca, pero eso no me consta. No me gusta estar desorientado; por eso le pedí una brújula a los Reyes. Es mi brújula, es parte de mi patrimonio material. 
Por lo que se refiere mi vida religiosa mi norte es el Cielo, el polo magnético es Cristo y la aguja es la Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Tengo la convicción de que la Iglesia en la que fui bautizado apunta siempre e infaliblemente hacia Cristo y, por tanto, para orientarme en estos asuntos acudo siempre a ella.
Solamente el amable comentarista puede decir si he respondido o no a su pregunta.

Vayamos al paréntesis: (votos: castidad, obediencia y pobreza)
Hay votos privados que son algo así como promesas que uno hace a Dios sin que nadie más que uno mismo y Dios lo sepan. Están muy bien si uno los hace movido por la virtud de la religión y los cumple. Ese tipo de votos solamente le interesan a Dios y a uno mismo.
Están los votos -algo precioso y terrible- que hacen los religiosos entre los que no me cuento porque soy sacerdote secular. Los votos de los religiosos son preciosos y terribles porque hacen posible la vida de los religiosos que es preciosa y terrible como es preciosa y terrible la escatología. 
Pero hay otras cosas preciosas como el matrimonio o el celibato apostólico de muchos laicos -hombres y mujeres- o el sacerdocio de los curas seculares -como yo o como los amables sacerdotes seculares orientales que no siempre son célibes- que serían imposibles si todos los cristianos fuéramos religiosos -franciscanos, por ejemplo-. Los franciscanos son estupendos pero si todos los cristianos fuéramos franciscanos la Iglesia se empobrecería muchísimo aunque solo fuera por el hecho de que Cristo no es franciscano.

Sigamos avanzando hacia atrás, hacia el principio: Por sus hechos los conoceréis.
Yo prefiero esta lectura: por sus frutos los conoceréis. Por sus frutos. Los Hechos de los Apóstoles tendrían poquísimo interés si no hubieran dado tantos frutos. De los Hechos de los Apóstoles que nos han sido revelados solo se puede decir que fueron múltiples y confusos como todos los hechos. A mi los Apóstoles me parecen admirables por sus frutos. 

(Si Dios quiere continuará: Los clérigos han de vivir con sencillez y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad. Código de Derecho Canónico).

sábado, 10 de marzo de 2012

Curas RayBan.

Pasen y vean: el cardenal vestido de púrpura, el obispo diocesano con un anillo de oro y el cura de pueblo -un servidor- con unas RayBan de ciento y piquito de dólares que le sientan como un tiro.
En los pechos codiciosos se despierta la codicia: ¡cómo viven los curas!
Pero no sean ustedes tímidos, pasen más adentro; cotilleeen ustedes cuanto quieran, siéntanse ustedes como en casa; atrévanse a sondear el corazón del cardenal, del obispo, del cura de pueblo. ¿Ya lo han hecho? ¡Vamos, vamos, no sean tímidos! ¡Hemos sido hechos espectáculo para el mundo! 
Y ahora ¿qué? Ya lo han visto todo: bajo la púrpura del cardenal hay un hombre desnudo, el anular del obispo -sin anillo- es solo un dedo y, tras las RayBan del cura de pueblo -¿quien lo iba a decir?- hay dos ojos. 
Y ahora que ya lo han visto todo ¿por qué no piensan un poquito?

miércoles, 7 de marzo de 2012

Acoso.

Yo pensaba que esto del acoso solamente podía ser un problema para las chicas guapas, los trabajadores extraordinarios, los escolares tímidos o los curas interesantes. Pues no, me equivocaba. 
Hace un tiempo conocí -por desgracia para mí- a una amable señora que -desde entonces- no ha dejado de darme la lata. 
Primero fueron las llamadas telefónicas, luego vinieron los mensajitos de texto -pero no dos o tres sino ciento en un verano- luego los correos electrónicos, las cartas, las visitas intempestivas, los envíos de regalitos... Un día era una declaración de amor muy puro, al día siguiente un exabrupto; ora me psicoanalizaba, ora me declaraba santo y angelical, ora me describía como un demonio y me acusaba de ingratitud. Últimamente insiste mucho en que su misión en la tierra -una misión que le ha sido revelada desde lo Alto- consiste en curarme de mi locura. Ha llegado a decirme que podría ser una buena esposa para mí y, naturalmente, mi acción de gracias a Dios por el celibato -que siempre ha sido sincera- se ha convertido en un mantra. 
Algún día se estudiará científicamente esto de los acosadores y se hará famosa mi colección de cartas, correos electrónicos y testimonios. Como muestra dejo aquí un botón. Se trata de un correo que acabo de recibir; solamente he borrado el apellido y el número de teléfono de Mari Cruz y he abreviado las siglas con las que firma mi amable acosadora: 

¿Has oido hablar del método Tomatis? Terapia basada en la música.
Yo la hice el año pasado para controlar el enorme estrés que me
produjo la entrada en la dimensión sobrenatural. Me fue muy bien,
y mejoré en otras áreas además de equilibrar mi sistema nervioso
central. Te menciono esta terapia porque está especialmente recomendada
para TRASTORNOS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN. Tú tienes uno, y grave.
Se hace en Madrid, pero hace poco la principal terapeuta, Mari Cruz,
que es un ángel - algo mandón, eso sí -, compró aparatos portátiles para que
gente que no viva en Madrid pueda hacer en su casa la parte pasiva de la terapia
- escuchar a Mozart y Gregoriano a través de un oido electrónico
que transforma la música para que el oido interno (directamente conectado
con el sistema central y todo el cerebro) haga ejercicios y se abra, y
así, la atención mejore, además de relajar, alegrar, etc.: cosa santa,
créeme -, de forma que solo habría que pasar en Madrid, para empezar,
un día completo - para que M.Cruz haga el estudio y la programación
de las 30 horas de ejercicios tomatis. Luego te llevas el aparato a tu
casa en S.Miguel y vuelves cuando ella te diga para hacerte otro
estudio a ver cómo vas y reprogramar o seguir con lo mismo.

La parte activa de la terapia puede ser a base de recitar o de cantar.
Como tú cantas, lo mejor es que hagas la activa cantando. Esta parte
la tienes que hacer con M.Cruz, que es también profesora de canto,
en Madrid.
 El teléfono de Mari Cruz  X es    X.
Si te decides a llamar, dile que te "mando" yo. Dile también que eres
sacerdote, y que te he dicho yo que no te grabe ni te haga ejercicios
psicomotrices. Solamente música. Y le dices que te programe
para trastorno de déficit de atención. Dile de mi parte también
que eres hipersensible y que mucho cuidado con las frecuencias
muy altas: pueden darte una buena sacudida, mucho peor que la que me
dió a mí. Dile todo esto de mi parte: ella lo entenderá todo.
Estarás en buenísimas manos si te decides a hacer la tomatis.
El precio: no me acuerdo muy bien, pero algo así como dos mil euros,
entre la pasiva y la activa. Como no quieres más regalos mios,
no me atrevo a ofrecerte este regalo de la tomatis. Pero seguro
que alguna(s) hermana(s) tuya(s) te lo hará encantada. O pides un
préstamo.
Confía en mí. Haz la tomatis. Para  darte confianza, mira en internet
información sobre su creador, el doctor francés Alfred Angel Tomatis.
Un abrazo
M.D.

Retorno al páramo.

En Retorno al páramo he leído esto El bosque animado (...) es “el mejor libro de prosa en español de la segunda mitad del siglo XX, mientras que Platero y yo de la primera”.
Me he puesto muy contento con el dictamen porque se trata de dos de mis libros favoritos. 
El bosque animado lo encontré en la biblioteca de un club de bachilleres de Madrid donde se suponía que íbamos a estudiar. De hecho yo era de los pocos -si no el único- que frecuentaba el club precisamente para no estudiar. Creo que entré solamente un par de veces en la sala de estudio y salí corriendo porque el silencio atronador -je, je, un oxímoron- que allí reinaba me abrumaba no poco. Claro que no tardaron en descubrir mi afición a vagabundear por los pasillos buscando charleta y el subdirector de aquel ente -un santo aficionadísimo a la tauromaquia que se llamaba don Martincho- empezó a llamarme el hombre del pasillo. 
Platero y yo lo recuerdo -primero- como un fracaso del amable profesor de literatura que trataba, por entonces, de desbastarnos. Era un magnífico profesor, por cierto; quizá demasiado bueno para nosotros. Intentó hacernos leer en voz alta algunos párrafos pero a los lectores elegidos les daba la risa floja y los demás, claro, nos contagiábamos. Recuerdo a uno de mis amables compañeros -un tipo altísimo- de pie, con el libro abierto, preparando la lectura de su párrafo ante la expectación general y cómo enarcó las cejas y -mirando, como horrorizado, al profesor- protestó: ¿Tengo que leer esta mariconada? La risa que nos dio entonces no fue floja.
Volví a encontrarme con Platero hará cosa de diez años. Estrenaba yo parroquia en Finestrat y mi amable madre vino para ayudarme a organizar la casa parroquial y me regaló una bonita edición del libro. Después de cenar, ella se sentaba con sus labores de ganchillo y yo leía en voz alta un capítulo y luego hacíamos planes para el día siguiente. Durante los seis años que estuve en Finestrat Platero y yo  estuvo en mi mesita de noche junto con un libro que contenía los Salmos comentados.