En su Mensaje para la Cuaresma el Papa nos invita a centrar el programa cuaresmal en la Caridad. Ya nos advirtió que la Caridad sin la Verdad es un envoltorio vacío. No se trata de que nos tomemos todos de las manos para cantar el We are the World. Se trata, más bien de que abramos los ojos para descubrir las necesidades de los demás.
Hay quien necesita un par de zapatos. Hay quien necesita un consejo, o un poco de compañía o de consuelo. Y hay quien necesita algo así como una advertencia o una corrección. Y todos necesitamos comprensión.
Pero no basta con abrir los ojos. Podemos darnos cuenta de las necesidades de los demás y encogernos de hombros si nos falta comprensión. Nos lo han dicho muchas veces: Tú, a lo tuyo; no te metas en la vida de los demás.
Conté en la catequesis -y en el blog- que, al poco de llegar a la parroquia, una amable señora me hizo notar que necesitaba un corte de pelo. Uno de los amables asistentes a la catequesis intervino para decir que ese tipo de observaciones puede ser una impertinencia. Le di toda la razón.
Si alguien va cargado con un saco de patatas enorme y me acerco a él para ayudarle a llevar la carga, probablemente me lo agradecerá. Pero si me acerco a él para decirle que va despeinado y me atiza con el saco de patatas, no debo extrañarme. Debo agradecerle la lección porque he sido un impertinente.
Quizá por eso decía Voltaire -creo- aquello: De los hombres buenos líbreme Dios, que de los malos me libro yo. Y, san Vicente de Paúl decía: Solo por el amor que les tengas te perdonarán los pobres el pan que les des.
Sí, podemos ser muy impertinentes cuando vamos por el mundo haciendo observaciones personales y repartiendo consejos y limosnas que nadie nos ha pedido. Podemos hacernos odiosos.
No fue el caso de la señora que me animó a ir -en realidad me ordenó que fuera- a la peluquería. Antes se había ganado mi corazón.
Creo que ahí está el secreto. Cualquiera puede dar consejos o limosnas o hacer observaciones personales. Pero no hay recetas para ganarse el corazón de las personas y ganarse el mío cuesta horrores.
En lo de la Caridad, como en todo, el modelo es Cristo. Él se ganó los corazones de todos: los corazones de sus apóstoles, pero también los corazones de quienes respondieron -y respondemos- a su amabilidad con burlas y con coces.
Cuando alguien me ayuda le doy las gracias y me quedo tan pancho pero cuando alguien me quiere me sorprende mucho y me siento en deuda permanente porque sé que quererme es meterse en un lío y arriesgarse mucho -a llevarse una coz como poco- por nada.
El Prelado del Opus Dei nos exhortaba asina: No os canséis de quereros. A los que me quieren les estaba diciendo -creo- que no se cansasen de quererme. Porque quererme a mí puede ser agotador. Y a mí me estaba diciendo: Das consejos y limosnas pero querer no es dar, es comprender. ¡Abre los ojos, muchacho! ¡Aprende a querer! ¡Aprende a comprender! ¡Aprende de Cristo!
Hace poco una hermana mía de sangre -y de carne y huesos- que me ha dado poquísimos consejos y muchísimas limosnas me ha mandado un mensajito: Por favor ¿puedes llamar a mamá? Bastaría con un par de veces por semana. La harías feliz. Y yo le he respondido: Nada más fácil. Gracias, Lo que no le he dicho es que me dado una lección de comprensión.
Yo ando siempre explicándome. A ver si aprendo un poco, en Cuaresma, a comprender.

Don Javier, me parece que una parte importante de la caridad es aconsejar a los demás. Si yo veo a mi párroco con el pelo mal cortado, es fácil para mí pasar de él, no recomendarle que vaya a la peluquería, que sea otro el que cargue con el riesgo de una mala respuesta. Yo agradezco las críticas que me hacen, y soy consciente de que a veces pasan de corregirme por falta de caridad.
ResponderSuprimirCorrecto lo de los pobres: ¡es tan fácil humillarles, si echamos una moneda como quien la tira a una fuente! Aunque peor aún es humillarles porque no les damos nada, claro.
Y sí, es importante quererse. Supongo que usted notará que sus lectores les queremos, a nuestro modo, ¿verdad?
Don Fernando: Para el afecto que los comentaristas de este blog muestran hacia mi persona solo hallo dos explicaciones: o no me conocen o es cosa del diablo.
SuprimirConfesión por confesión: Yo critico facilísima y continuamente y no me importa mucho la respuesta que puedan darme. En cambio me irritan las críticas -aún las más leves- que me hacen. Criticar me parece tan fácil y divertido como inútil: es como hacer sudokus.
Corregir, en cambio, me parece algo tan útil como difícil. Uno tiene que humillarse horrores para corregir a alguien como yo. Y a mí me cuesta horrores humillarme siquiera ese poquito que es necesario para corregir a un niño sin que la corrección suene a crítica. Por eso corrijo poco. También por eso, cuando alguien me corrige, suelo pensar que debe quererme mucho para humillarse -y arriesgarse- tanto si no es cosa del diablo.
Buenas tardes don Javier. Aquí hay otro que también necesita aprender a comprender.en Carrara:" ...quererme es meterse en un lío y arriesgarse mucho -a llevarse una coz como poco- por nada".Un abrazo.
ResponderSuprimir¿Ve usted, don NIP? El Papa, como un amable pastor, señala un camino para Carrara. Y luego la Comunión de los Santos -y la red- hacen que nos encontremos usted y yo aquí; no en la red o en Alicante o en Pamplona sino, precisamente, aquí: en el camino que señalado el Papa, y aprendiendo.
SuprimirBuenísima entrada. Me ha llegado al centro, por varias rutas, emocionales y espirituales. No podría estar más de acuerdo con la idea de que querer de verdad es, ante todo, comprender. La mirada atenta que busca - por amor - entender, es la raíz de todo lo bueno: amor puro, verdad, justicia.( Y hasta belleza: la mirada del artista es muy atenta: ve lo diferente y le da sentido.).
ResponderSuprimirTambién yo estoy de acuerdo con usted, doña Virginia. La entrada es buenísima.
SuprimirAcabo de "aterrizar"por aqui,Me parecen ideales tanto la entrada como los comentarios.Cuando corregimos y nos corrigen con cariño,se caen muchas montañas y es la mayor prueba de la caridad autentica.Como siempre el Papa da en la diana.Muchas gracias...¡prometo volver
ResponderSuprimirBienvenido a la Tierra. Me alegra su promesa de volver. Lo que no entiendo es por qué se ha ido. ¡Con lo bien que se está aquí! ¡Quédese aquí, hombre!
SuprimirSaber mirar - atentamente - es tan importante que los bebés que no son mirados atentamente por la madre - o figura maternal sustituta - no se desarrollan bien, ni siquiera físicamente: no "medran"/"thrive". Mi hijo, que desde muy pequeño tenía las ideas muy claras y era muy mandón, cuando me veía despistada (en relación a él), me ordenaba, "!mamá, mírame!". Tenía claro que quería amor a base de mirada atenta.
ResponderSuprimirHay un libro - novela autobiográfica - fantástico de la inglesa Anita Brookner que se titula "Look at me". Ella cuenta su caso: una niña que no fue "mirada atentamente" ni por la madre ni por el padre, y cómo se las apañó para salir adelante: leyendo y escribiendo: "look at what I am here, in this text". Gracias a nuestras carencias, desarrollamos nuestros recursos creativos. La vida es paradójica.
Magistral y lo del pelo puede ser cada mes y medio...
ResponderSuprimirJyY aconsejamos vivamente la lectura de San Basilio en esta época de Cuaresma.
ResponderSuprimirPuede parecer pretencioso...y a mi qué!
Para empezar....
http://www.mscperu.org/espirit/santos/es_san_basilio.html
Para aprender a mirar/comprender a otros, hay que aprender a mirar/comprender lo que uno mismo es de verdad, lo cual es durísimo. Si no, todo son "words, words, words".
ResponderSuprimirDon Javier,he tenido el ordenador algo pachucho y asina he estado yo también algún dia que otro.Mi cuello necesita estar tieso,mi cabeza en su sitio y el alma contenta,ya es cuaresma.Y tu hermana,muy sabia.Una llamada puede hacernos muy felices.Un abrazo de tu tia Janusa
ResponderSuprimirQuerida tía: ya la echaba de menos. Sabía por don JYY lo del ordenador. De su cuello no tenía noticias y las que usted me da me entristecen. Asegúrese de que la pantalla de su ordenador y el teclado están a la altura conveniente y de que el asiento en el que usted se asienta es ergonómico.
ResponderSuprimirGracias,gracias sobrino mio.Por los consejos y por echarme de menos.Estoy mejor,más optimista.Me duele lo justo y normal a estas alturas.Dios te bendiga millones de veces,un abrazo de Janusa
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