Por Dios para niños es la fórmula que emplea Marcelo para pedir limosnas en la puerta de la iglesia de San Miguel. Nos conocimos el 10 de diciembre y, desde entonces, no ha faltado a Misa un solo día. A pesar de su estatura gigantesca y de su aspecto feroz se ha ganado el corazón de los amables feligreses.
Después de cada Misa contamos las monedas que ha recogido en su sombrero de piel de vaca. Luego contamos las monedas que he recogido en el cestillo de la colecta. Si en el cestillo hay más dinero que en su sombrero dejamos las cosas como están. Pero si en su sombrero hay más dinero que en el cestillo -por ejemplo 50 centavos más- le exijo que entregue a la parroquia la mitad -25 centavos- por solidaridad. A mí me parece justo y él ha aceptado el trato.
La semana pasada hubo un movimiento espontáneo de amables feligresas. Se reunieron en la puerta de la iglesia y acordaron turnarse para prepararle una cena ligera a Marcelo cada día. Iba a decirles "a mí nunca me habéis preparado una cena ligera" pero me acordé de la parábola del hijo pródigo y les dije que me parecía un gesto muy noble por su parte disimulando mi envidia.
Lo llamamos Marcelo por llamarlo de algún modo. En realidad nadie sabe ni cómo se llama ni dónde ha nacido ni nada. Cada vez que alguien le pregunta algo personal se inventa una historia y se queda tan pancho.
-Por Dios para niños.
-¿Cómo se llama usted? -le pregunta un amable feligrés poniendo cincuenta centavos en su sombrero de piel de vaca ante mi atenta mirada.
-Señor -responde Marcelo con su acento rumano- me llamo Julián y soy de Cuenca y me fastidian los racistas.
-De dónde eres, hijo -pregunta una amable feligresa entregándole cinco dólares ante mi codiciosa mirada-.
-Señora -responde Marcelo guiñándome un ojo- usted podría ser mi abuela, no mi madre. Soy de Huelva, pero me crié en Zamora.
Al principio los amables feligreses se asustaban un poco y me decían:
-Parece que está loco ¿no será peligroso?
Pero hemos llegado a la conclusión de que Marcelo es un poeta de los buenos y que nosotros somos sus Mecenas. Se ha ganado el respeto de todos, ha mejorado notablemente las finanzas de la parroquia y con el tiempo -no me cabe la menor duda- nos hará famosos.


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ResponderSuprimirAQUÍ UNA FOTO DE SU PRODIGIOSA BICICLETA.
Casi siempre las apariencias engañan, así don Javier, el hermano Marcelo... les hará famosos sin duda en el Cielo.
ResponderSuprimirPara empezar, doña Fiat, nos está haciendo famosos en San Miguel.
SuprimirGracias por el enlace, amigo. Espero que a don Vicente no le moleste que haya puesto la foto en mi blog.
ResponderSuprimirBuenos días don Javier. Me encantan las escenas costumbristas sobre niños.Un abrazo.
ResponderSuprimirBonita palabra: "costumbristas".
Suprimir¿En serio el pobre de la puerta gana más que usted en la colecta? Es el momento de abroncar a los feligreses, Don Javier.
ResponderSuprimirYo soy duro de corazón y no doy a los pobres fijos de la puerta de la iglesia. Me parecen pobres-funcionarios. Tienen suerte de que las señoras sean mejores personas que yo. Desde luego, no creo que tengan pactos con el párroco (los pobres, quiero decir; las señoras tampoco).
Yo no he dicho que gane más que yo. He dicho que hemos hecho un trato. Puede ocurrir que un día gane más que yo y, en previsión de tal eventualidad, hemos hecho el trato.
SuprimirEste tipo de entradas son las que mejor sabe hacer, porque en ellas pone usted su mirada de niño travieso, o sea, en ellas sale su propia voz. ¿Sabía usted que lo mejor de Dickens viene de que nunca dejó de mirar el mundo como el niño que fue? Al tener una infancia con traumáticas carencias emocionales y de todo tipo, el niño en él se quedó como fijo en su interior (no pudo desarrollarse bien) y ese niño hizo posible que el adulto pudiera ver el mundo con la Gracia de la infancia que nunca tuvo de verdad. Incluso la crítica social más sofisticada de Dickens fue filtrada a través de esta mirada infantil, "thanks Heaven" como dice él mismo. Yo le recomiendo que como es usted tan dickensiano, intente escribir muchas entradas de este tipo, y se de deje profundidades a lo Salinas, por ejemplo. Hay que desarrollar al máximo nuestros talentos, ¿no?
ResponderSuprimirDoña Virginia: Mi infancia fue tristísima. Para consolarme, en mi adolescencia leí a Salinas y nada. Ya no tengo remedio: voy de mi Soledad a mis Salinas y tengo muy descuidados mis asuntos. Se ve que no me he desarrollado bien por culpa de mis carencias emocionales y de todo tipo o por culpa del diablo, o por otra causa.
SuprimirEn la adolescencia, muchos-as leíamos a Salinas porque estábamos en la época de los primeros enamoramientos y Salinas daba voz sencilla a nuestros primeros balbuceos. No es un poeta profundo y no sirve por tanto para hacer terapia.
ResponderSuprimir¡Ah! Si de lo que se trata es de terapias profundas le aconsejo los Simpson.
SuprimirLos Simpson era la serie favorita de mi hijo y el único programa televisivo permitido en mi casa, cuando mi hijo vivía conmigo. Pensar en los Simpson es recordar cuando mi hijo y yo los veíamos juntos: un recuerdo muy terapeútico en efecto, para sobrellevar mi soledad de ahora.
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