miércoles, 1 de febrero de 2012

Autobiografía.


1976 o así: mi madre desenvolvía un paquete y aparecía una caja de cartón que contenía una calculadora de bolsillo del tamaño de un ladrillo marca Texas Instruments. Era capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir mucho más deprisa que yo -y sin errores- y sabía hacer raíces cuadradas, cosa que yo no sé hacer todavía. Fue mi primer contacto con el mundo de la computación electrónica. En mi casa y en mi colegio empezó a discutirse el asunto de si convenía o no convenía que los escolares utilizasen esos ingenios. Los conservadores decían -con razón- que no aprenderíamos a sumar y los progresistas decían -con razón- que aprenderíamos a usar esos ingenios.

1977 o así: mi hermano José Miguel -que ya está en el cielo- desenvolvía un paquete y hallaba en él una elegantísima Hewlett Packard capaz de hacer cosenos. Lo de los cosenos era -y sigue siendo- un misterio para mí. Pero esa calculadora traía un juego de números. Había que alunizar en la luna sin alunizarse, o sea,  sin estrellarse contra la luna. Perdí ese año de mi juventud tratando de alunizar. Fue la primera vez que jugué  con un objeto complicado.

6 de enero de 1978 o así: una familia numerosa -la mía- se apiñaba en torno a un extraño objeto que mi padre había recibido como regalo de Reyes y que acababa de desempaquetar. Se trataba de un Chess Challenger, una máquina capaz de jugar ocho o diez niveles de ajedrez y que hablaba. A partir de entonces mi padre dejó de jugar al ajedrez conmigo. Se encerraba en su despacho y procurábamos no hacer ruido. Cuando la máquina decía "usted pierde" mi padre se enfurecía con la máquina y le oíamos gritar: ¡Mentira! ¡Tramposa! Descubrí que uno podía ir almacenando la partida en la memoria del Chess Challenger conforme avanzaba. Eso tenía una ventaja: si la partida se ponía fea uno podía volver al punto más ventajoso para uno. Querido padre, perdóname, nunca te hablé de esa estrategia.

6 de enero del 79: otra vez mi padre abriendo otro paquete enorme. Era el primer PC que entraba en mi casa. Encenderlo era fácil, bastaba con darle a un botón. Pero ponerlo en marcha requería conocimientos de astronáutica porque aún no se había inventado lo de las ventanitas. Para entonces mi padre había vuelto a ser el ser humano amable que siempre había sido. Venía a decirme: ¿quieres que juguemos al ajedrez? Y yo le respondía: Sí, ya voy. Pero no iba porque estaba jugando a los marcianitos con el PC. 

1993: era cura desde el 88 y obraban en mi poder mi primer teléfono celular y mi primer ordenador portátil. Pensaba yo que -armado con tales instrumentos- causaría sensación en el Instituto donde daba clases de Religión. Poco después me echaron de allí. En la casa parroquial tenía un Macinthos con el que aprendí a hacer bases de datos. Era muy fácil.

2000: un amigo me regaló un correo en eresmás. Fue mi primer contacto con Internet. En la parroquia no había conexión a Internet. Para conectarme tenía que ir al Ayuntamiento de Crevillente que poseía una especie de cibercafé sin café.

2008: el obispo me mandó a las Virtudes y, por primera vez en mi vida, tuve Internet gratis y a mano. Hice un blog y empecé a escribir más que nunca.

2009: ya tenía ochenta blogues y cada vez leía menos y escribía más y peor.

2010: estaba yo muy contento de mí mismo.

2011: me echaron de Las Virtudes y me acogieron en San Miguel de Salinas donde la conexión a Internet es excelente. Tengo güifi y de todo. Cada vez leo menos y escribo más y peor. Por eso he decidido que no volveré a escribir hasta Cuaresma. 

14 comentarios:

  1. Se ha saltado usted muchos años, ¿Acaso no había nada interesante que comentar? je, je.
    Un saludo
    Lucía C.

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  2. Amable doña Lucía: en esta autobiografía -que sigue el hilo de los inventos que conocido- me he saltado muchos años que no me habría saltado si hubiera hecho una autobiografía siguiendo el hilo de los amigos que me han tratado bien.
    Cuando hable de los amigos que me han tratado bien esos años que van del 94 al 2000 no me los saltaré. Se lo aseguro.

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  3. Es verdad se lee menos y se escribe más y peor ... hay que conservar el sentido del humor para no creer que se es más importante en la actualidad, o imprescindible. Quizá por eso usted se está emplazando para cuaresma. Veremos.

    Lo de la partida de ajedrez sí que lo he visto negro. Lástima.

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  4. Maravillosa entrada, de verdad. Me recuerda una biografía ficcionada del posmoderno Julian Barnes sobre la vida de Flaubert: lo que hizo para contar su vida fue hacer listas de diferentes aspectos; por ejemplo, de sus animales preferidos, y por qué. O sea, que usted, que tanto se mete con los posmodernos, acaba de inventarse una maravillosa entrada posmoderna. Ya le dije que posmodernos somos todos.
    También, y fuera de lo literario, me ha llamado la atención que viene usted de una familia con mucho money para comprar la última tecnología, hasta juguetes de ajedrez... Lo primero que entró en mi casa que se pudiera considerar técnica moderna fue una máquina de escribir - polaca, malísima pero mucho menos cara que las olivetti-
    que mi madre pagó en cómodos plazos en la tienda. Con esa máquina, que tenía la tecla "e" mal, aprendí a odiar la tecnología. Aunque aprendí a escribir a máquina sin mirar el teclado, que es para lo que me la compró mi madre, para que aprendiera a escribir y me hiciera secretaria, que para ella era lo máximo a lo que podía aspirar una chica lista como yo...

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  5. La siensia al zerbisio de la feh.

    ¿Hen la karsell no avía internéh, Don Javier?

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  6. ...Porque don Javier estuvo en muchos sitios y echó raices entre amigos del alma y nos tiene que contar algo un día.Jejeje.Un abrazo de Janusa

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  7. Don Javier, le recuerdo que en uno de esos años que usted se ha saltado, usted descubrió y tuvo en su poder un móvil que obedecía sus órdenes,por ejemplo, un ejemplo: usted decía "mamá móvil", y el teléfono hacía el resto hasta que su señora madre descolgaba su teléfono y hablaba con su hijo. ¿O no?
    Un saludo.
    Lucía C.

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  8. Había olvidado ese teléfono parlante. Cuando escriba mi autobiografía telefónica habrá muchas lagunas. Los últimos han sido un HTC que me birló un amable mendigo y el que poseo actualmente que me fue regalado por una amable comentarista del blog que hoy mismo me ha visitado. Gracias por el apunte.

    Don JYY, como diseñador no tiene usted precio.

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  9. Yo tenía un juego de ordenador pirata de piratas, tesoros y monos con tres cabezas, que me da que era más interesante que los marcianitos.

    Impresionante la cantidad de blogs que posee¡

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  10. Parece que ya ha empezado Cuaresma en el pueblo del que es cura, porque promete no escribir hasta Cuaresma el 01 de febrero pero el 12 vuelve a las andadas. Lamento no poder elogiarlo pero me parece que ha faltado a su palabra, una línea encima no vendría mal

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  11. Lo que realmente me impresionó de esta entrada desde el primer momento fueron estas palabras: "A partir de entonces [de la máquina de ajedrez parlante] MI PADRE DEJÓ DE JUGAR AL AJEDREZ CONMIGO. Se encerraba en su despacho Y PROCURÁBAMOS NO HACER RUIDO." Me quedé fría, helada incluso, desolada con esta situación.
    Un padre que abandona la relación con su hijo para relacionarse con una máquina. Y encima el niño le ayuda, no molestando con ruidos el intercambio emocional con la máquina. La tragedia de la tecnología cuando se usa para la falsa comunicación:sumamente alienante, para el padre y el hijo en esta situación familiar.

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    1. Verá usted, doña Virginia: Cuando uno es el décimo de trece hermanos -aunque sea tonto- comprende perfectamente que, de vez en cuando, su amable padre se encierre en su despacho y pase de uno. Creo que a todos mis hermanos les pasaba igual que a mí. Procurábamos no hacer ruido porque comprendíamos que nuestro padre estaba disfrutando como un niño con el juguetito que le habíamos regalado. También pensábamos que se lo merecía y que se le pasaría.
      No, no fue un drama ni una tragedia. Y -por supuesto- mi padre no abandonó la relación con sus hijos sino todo lo contrario.

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  12. Se trata de la FORMA o estilo de relacionarse lo que es esencial. Relacionarnos, lo hacemos hasta cuando no queremos y no decimos ni una palabra, como decía Watzlawick. Una profesora se relaciona mucho con sus alumnos, aunque tenga un aula de ciento cincuenta - como me ha pasado a mí a ves. Pero, obviamente, el estilo relacional en una situación así no es íntimo: apenas podemos prestar atención al individuo. Son relaciones a granel. Y cansan mucho, sí.

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