¿Cómo se llamaban el que me confesó por primera vez y el que me dio la Primera Comunión? No lo sé.
Recuerdo a los Padres Maruri y Villamandos. Venían -Jesuitas ellos- del Japón a mi casa -Hermosilla 122 (Madrid)- cuando yo era un niño. Y yo soñaba con Japón y estoy en Alicante que tampoco está cerca.
Recuerdo a don Mariano -cura de pueblo donde los haya habido- que era el cura de Villalba, el pueblo de la sierra de Madrid donde yo veraneaba. Empezaba así sus homilías: Amadísimos hermanos. Gesticulaba mucho. Murió poco después de mi primera Misa, a la que asistió.
Otro Jesuita -el Padre Bidagor- venía a casa cuando yo era niño. Sé que era de Bilbao o vasco o algo así: un tipo recio en cualquier caso. Yo fui su monaguillo.
Luego fui a Retamar. De allí recuerdo a don Fidel que puso en mi cabeza los esquemas teológicos y a don Pedro Escribano que nunca cuestionaba los esquemas teológicos pero fumaba Bisontes y se reía mucho y era muy alto y muy amable y de Guadalajara. Tan alto y tan amable y eso que yo quise ser como él: cura de pueblo; como don Pedro o como don Mariano.
Luego me fui a Pamplona y no podría ahora hacer a lista de los curas amables que allí conocí sin resultar prolijo. Don Delfim Almeida era de Portugal; Don Pep Cascant de Albaida o Carcaixente -creo- y había curas santos y amables de Mallorca y de Galicia y curas sabios que enseñaban teología. Pero no quiero ser prolijo: don Tomás Belda y don Enrique de La Lama encarnaban la disciplina y la imaginación de tal modo que la disciplina parecía poética y la imaginación parecía militar.
Luego don Pablo Barrachina me ordenó y me mandó de vicario parroquial con un cura santo: don Rafael Navarro Mira.
Luego me fui a Venezuela para dar mal ejemplo a los seminaristas de La Guaira y para aprender de ellos que un cura joven -como yo era entonces- puede ser muy antipático -como sigo siendo-.
Volví a España con la firme decisión de no juntarme nunca más con curas excepción hecha de mis amigos curas -cuatro o seis- de los que no hablaré aquí. Y mantuve la promesa hasta que conocí a don Juan Berchman -de Ruanda- y don Pepito Quilis -de Onil-.
En mi nuevo destino ando con los ojos abiertos para no perder la amistad de ningún cura amable. Ya me han dado un par de coces por eso. Pero no importa. Mi testimonio es este: en este arciprestazgo hay curas muy amables.

Estupendo recorrido por tus amigos curas,!lástima que no recuerdes el nombre del que te dió la Primera Comunión en nuestro cole!.Nosotras tuvimos Nuncio y todo y era capellán un cura que fué enseguida obispo,de Barbastro por más señas.Se llamaba don Pedro Cantero Cuadrado y la oleada antifranquista,posterior,claro,al 75,arremetió mucho contra su labor pastoral.Así son las cosas,yo solo le recuerdo como un sacerdote bueno y entregado.Un abrazo de Janusa
ResponderSuprimirNo entiendo por qué le han dado un par de coces por hacer algo bueno: no perder la amistad. ¿Un error en la redacción?
ResponderSuprimir¿Estudió usted en Retamar? Ahora comprendo que escriba tan bien.
ResponderSuprimirLe está quedando muy bien su POSMODERNA autobiografía a base de listas. Anda que tanto quejarse de los posmodernos y nos sale usted uno de ellos, en cuanto a estragegias textuales para la representación de la identidad se refiere, al menos. Nunca hay que decir "de este agua no beberé". Y también se oye que criticamos lo que más nos atrae, aunque yo con este dicho moderno no estoy de acuerdo: a veces, sí criticamos lo que nos disgusta por buenas razones.
ResponderSuprimirYo conozco a un D. José Cascant pero es de Cocentaina ... sus sermones son estupendos. Ahora está en Valencia que yo sepa.
ResponderSuprimirYo podria también hacer la lista de los curas de mi vida. Que a todos he podido recordar mientras leia esta entrada. Esos seres con tirillas y vestido de negro. Asi los veia de pequeña y tan especiales como los sigo viendo ahora. cada vez menos negros, ya sin sotana y si alguna vez veo a uno con una, hasta me late el corazón más aprisa. Para mi de pequeña eran como los heroes reales salidos de los comic. ahora de mayor, son realmente heroes por su renuncia, por su sacrificio, por sius ejemplo. Por su decir si al Señor con todas las consecuencias.
ResponderSuprimirun abrazo.
Rcuerdo al sacerdote de mi parroquia, P Ramos, el de mi Primera Comunión.
ResponderSuprimirMás tarde, aprendí un montón de un estupendo sacerdote jesuita, P Solé
Ahora escucho a Mn Costa, que ha aparecido en uno de sus blogs
Todos me acercaron al Jefe
Ah y aprovecho este espacio para, ya que estamos en Tiempo Ordinario, elogiar su entrada. (Si es que pa obediente, yo... a veces)
Retamar, buena gente. Ahora entiendo...
ResponderSuprimirD. Arturo y D. Florentino. Esos fueron los míos. Perdón, no he podido evitarlo.
ResponderSuprimirDon Embajador: Me alegro de que el deseo de homenajear breve y sencillamente a dos curas amables lo haya vencido a usted.
ResponderSuprimirSi es que entre los curas... los hay hasta buenos. Un saludo.
ResponderSuprimirGracias por el saludo y por el comentario, don Uncura. Es usted muy amable.
ResponderSuprimir