Juzgar es facilísimo pero ¿quien te ha hecho juez?
Que Dios se indigne y juzgue al mismo tiempo, es comprensible. Al fin y al cabo su Indignación es tan infalible como su Justicia.
Tolle, tolle, crucifige eum. La indignación del hombre no es siempre tan humana como la divina. A veces solo es rabia. A veces es peor. A veces es soberbia ciega y sorda, ideología desatada o mi punto de vista enardecido por el odio, la pereza o cualquier otro pecado de los míos, capitales.
Ser juez es muy difícil. Los romanos pensaban que sus juristas debían ser tipos religiosos. Que no se enfaden conmigo mis amigos ateos: por "religioso" no entendían los romanos "fraile" o "cura" sino "tipo cuidadoso". Meticuloso no: más bien sensato y estudioso y poseído por la firme y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo.
De pronto vino al mundo un Juez mejor que los de Roma. ¿Vino a abolir la Ley y los Profetas? Pues no, no vino a eso. A veces se indignaba pero no organizó un Movimiento de Indignados. Se sometió a la Ley, cumplió las Profecías y fue crucificado por una multitud vociferante e indignada y por un juez romano que se lavó las manos políticamente porque su religión romana, su cuidado y su estudio no conocían la humildad.
Vociferó poquísimo Aquel Juez mejor que los de Roma. En voz casi inaudible, en voz bajita, dejó una preguntita para todos ¿quien te ha hecho juez?
Perdonó a todos -claro- y, eso sí, con voz potente -como la que había dado en el Sinaí para promulgar la Ley- inclinó la cabeza y entregó su espíritu.

!Qué entrada tan preciosa!Tiene una enjundia...Hay que leerla en voz bajita.Janusa
ResponderSuprimirNo había leido lo que hay que escribir en el Tiempo Ordinario.No era mi intención obedecer,de verdad.J
ResponderSuprimirSu primer comentario, querida tía, lo comprendo porque me halaga. Su segundo coementario no lo entiendo.
ResponderSuprimirLa entrada es genial
ResponderSuprimirLos comentarios ayudan a descubrir las mil y un maravillas que contiene.
No los quite.. andaaaaa, porfav..
Gracias Doña Tía Janusa por señalar el comentario que precede a los comentarios..¡ Qué peligro si nos los quita!.
Espero que su sobrino le haga caso y los mantenga. Espero
Me permito decirte,sobrino mio,que doña Miriam no debe preocuparse sino ocuparse,con su alegre oración,del inminente Mir y de otras cosillas que inquietan nuestros corazones.Aqui,en este precioso tinglado,descansan en el Señor que nos habla bajito y,bastantes veces,a través tuyo.No creo estar chateando y si obedezco y entro en la escondida senda del halago,es contra querencia.Me gustaría desobedecer pero no puedo,todo esto !es tan estupendo!.Janusa
ResponderSuprimirObedezco, pues, como es de ley, y diré que ésta es una de esas entradas que copio-y-pego en un Word y luego me llevo a algún lugar recogidito para usos privados.
ResponderSuprimirAhora, que si sólo se puede halagar en los comentarios, se va a aburrir usted un montón; ya verá, ya. La lisonja pierde su encanto (si es que tiene alguno) rapidísimamente.
Un saludo desde la página 42, Hipotiroidismo
Buenos días don Javier. Hacerme esa pregunta no pocas veces me ayuda a evitar juzgar a los demás, hacerla siempre me ha traído enemistad.Un abrazo.
ResponderSuprimirSíii. Aquí me siento como en la cocina de un hogar que reune a la familia. Hay quien habla, quien escucha, quien comenta, quien estudia el MIR (ehhhh¡¡¡), quien va y viene, quien rie, quien come...
ResponderSuprimirD TíaJanusa: Me apunto a rezar por un Mir que nos conceda una anestesista (o pediatra, no me quedó claro) que tenga ética, sea revolucionaria y escriba un blog con música ychistes
Animo que ya queda naaaa
Me gustan estos comentarios. Un grupo de señoras -muy amables, por cierto- hablando de sus cosas y pasando de mí. Y un ingeniero -muy amable, por cierto- descubriendo que hace falta maquinaria pesada para abrir caminos porque el buen rollo-tan amable- solo trae problemas.
ResponderSuprimir