lunes 30 de enero de 2012

La popularidad de la Iglesia.

Debo reconocer que es un asunto que me preocupa tanto como mi propia popularidad, o sea, nada. Me apresuro a añadir que -en mi opinión- la búsqueda de la popularidad y la preocupación por aparentar lo que uno no es para ser aceptado por el grupo son signos de inmadurez. 
¿Qué es la Coca-Cola? Un refresco muy popular. Si fuera venenosa o supiera a aceite de ricino no habría publicista que nos la hiciera tragar. Su popularidad tiene que ver con el hecho de que es inofensiva -sobre todo si se mezcla con ron- y barata;  con el hecho de que resulta refrescante y con el hecho de que la Compañía Coca-Cola gasta millones en publicidad para que la gente beba Coca-Cola sin preguntarse si los directivos de Coca-Cola son franciscanos o millonarios. Naturalmente ni los más incautos se creen que la Coca-Cola sea la chispa de la vida o que, al beber Coca-Cola estemos dando al mundo entero un mensaje de paz. Los publicistas piensan así: ¿qué tengo que decirle a un chino para que compre Coca-Cola sin que dejen de comprar Coca-Cola los norteamericanos? Saben perfectamente que, cuanto menos digan, mejor. La publicidad de Coca-Cola sigue estas máximas: hay que decir cosas que suenen bien; hay que decir lo que la gente quiere oír y no hay que decir nada que pueda hacernos impopulares.
¿Qué es la Iglesia? Es una multitud de gente congregada por Cristo y dispersa por el orbe. Hay en ella horteras como yo y gente muy delicada. Hay obispos -aunque pocos-, drogadictos y castañeras; dictadores malísimos y curas -cada vez más aunque siempre pocos- y amas de casa y niños maleducados; hay santos -como yo- y pecadores como ustedes -amables lectores- y un montón de personas, anodinas, aburridas y feas. Y claro, no hay quien venda esto. Gracias a Dios la Iglesia no está en venta. 
Contraten ustedes a los mejores publicistas del mundo y ofrézcanles el oro y el moro para que animen a la gente a vivir como Cristo, o como la multitud de los santos Franciscos -de Sales, de Javier, de Asís...- y para que hagan muy popular la Cruz. Apuesto mil contra uno a que esos publicistas -si son honrados- les dirán a ustedes: hemos estado estudiando el asunto y hemos llegado a la conclusión de que la Iglesia Católica no necesita publicistas sino santos y gente que haga publicidad de los santos sin temor a la impopularidad. Y apuesto diez mil contra uno a que dirían: no se gasten ustedes ni un centavo en publicidad por el momento; tienen ustedes Papas santos, cobran poquísimo y -con sus vidas- hacen una publicidad de la Iglesia que envidian los directivos de Coca-Cola. Y apuesto cien mil contra uno a que esos publicistas honrados dirían que no vale la pena cambiar la popularidad -permanente- de la Iglesia por el éxito -fulgurante- de Ágatha Ruiz de la Prada o de Leonardo Boff.
Como no pienso escribir más hasta Cuaresma querría terminar diciendo que el Cristo popular de las Bienaventuranzas que entró en Jerusalén entre vítores y palmas fue condenado a muerte después de un plebiscito porque no aprobaba ni el aborto ni otras convenciones sociales. 

12 comentarios:

  1. Extraordinaria entrada,en mi modesta opinión.Don Javier,nos llevas de la mano con la chispa de la vida,con ginebra,para pasearnos por la no publicidad de la Iglesia.Caminamos entre castañeras,directores de banco,viejas Marujas,mires receientes.Y santos,que son los que parece que venden el producto con su vida y con su muerte.Como su Maestro,aclamado y crucificado.La Víctima inocente era muy incómoda.Don Javier,quedo agradecida por tan preciosa meditación.Janusa

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  2. Estoy de acuerdo con usted, querida tía: la entrada es extraordinaria. y, ahora, hablemos de lo que importa: ¿qué hay de lo mío?

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  3. Pues lo dicho.
    Me alegra ver que no tiene usted un pelo de ignorante y me alegra contarme entre sus amistades, asi aprendo.
    Un abrazo.

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  4. Puéssss no sé si te refieres,sobrino mio,a que de Belice no nos contestan ni a tiros.Yo creo que extreman la prudencia o han montado,por su cuenta,el chiringuito y a ver a quién reclamamos ahora.El antiguo maestro armero creo que ha desaparecido en la remodelación de doña Carme,Carmen María actualmente.Estoy a la espera de tus indicaciones,un abrazo de tu tia Janusa

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  5. Me gusta su forma de "no escribir hasta Cuaresma"
    ¡Qué Dios le bendiga!

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  6. Don Javier, todo es exacto, y en particular esta frase: "la Iglesia Católica no necesita publicistas sino santos". Es así. Pero, dicho esto, qué duda cabe que vivimos en la sociedad de la información, y la Iglesia ha de cuidar mucho qué dice y cómo lo dice. No se trata de hacerse la popular, sino evitar que el diablo y sus enemigos usen errores en el mensaje para sembrar dudas de fe.

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  7. Muy elocuente. Sólo tengo una pega: usted no es ningún "hortera", como se auto-describe por oposición a la gente "delicada". Usted es muy pero que muy delicado. Un auténtico ángel, y además uno muy popular, como se ve por lo preocupados que dejó a sus lectores cuando gastó la broma de no escribir hasta Cuaresma.

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  8. Doña Mento: No se engañe. Siento decirle que usted frecuenta el blog de un ignorante y que mi calvicie no es signo de sabiduría sino de vejez.

    Doña Janusa: ¿También tenemos negocios en Belice?

    Don Fernando: Seguiremos discutiendo amablemente. Por el momento le animo a usted a considerar que la Iglesia Católica cuida más que nadie lo que dice y cómo lo dice. Lea usted -sé que lo hace- el Catecismo de La Iglesia Católica, los discursos, catequesis, homilías y documentos pontificios. Y le animo a considerar que, cuanto más medimos nuestras palabras más aburrido suele ser nuestro discurso. Si yo tuviera que andar midiendo mis palabras a cada paso, no hablaría y, por supuesto, no escribiría en un blog. Lo que un obispo dice en una charla informal no es magisterio de la Iglesia. ¿Qué queremos de los obispos? ¿Que no abran la boca si no es para pronunciar un oráculo? Pero, claro, si optan por eso dirán de ellos que son tímidos. El Papa habla con los periodistas en los aviones y en otros sitios y retuercen sus palabras. ¿Sería más popular si no hablase con los periodistas? Y una última cosa, don Fernando: cuando digo que la Iglesia no necesita publicistas sino santos no desprecio a los publicistas; sé -y usted también lo sabe- que los santos son los mejores publicistas de la Iglesia. Los tipos más populares de América son Obama y Hugo Chávez. Para llevarse bien con ellos hay que medir mucho las palabras porque ellos las miden poco. Un nuncio no puede permitirse el lujo de decirles que se callen. Para eso están los nuncios, para tragar sapos y culebras midiendo las palabras ante esos personajes populares y poderosos.

    Doña Virginia: Gracias por reconocer mi delicado carácter angelical. Como recompensa le daré a usted un caramelo confesando mis pecados. Pensaba yo que mi popularidad en este blog lanzaría a todos los amables comentaristas contra usted. Pensaba yo que mi tía Janusa -por lo menos- se indignaría contra usted. No he tenido ese consuelo. Los amables comentaristas de este blog se han limitado a darme palmaditas en las espalda y a decirme: "ea, ea, don Javier, no se enfade usted que parece un niño". A pesar de todo aún concibo la esperanza de que -algún día- los amables lectores de este blog me den la razón. Lo harán cuando comprendan que usted es muy mala.

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  9. Yo no soy "mala". Es que el papel que me ha tocado estos tiempos es el de señorita Rottenmeier. Deformación profesional que traslado a mis angelitos fuera-del-aula. Yo solo velo por su buen hacer escritural.

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  10. Gracias por la contestación, Don Javier.

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  11. En el caso improbable de que yo arremetiese contra doña Virginia,estoy segura de que mi sobrino me hubiese echado el alto.Ea,ea,tia,no sea usted una viejales gruñona y actuálicese.¿Acaso ignora lo de la libertad de expresión?¿En qué siglo vive?.En fin,lo de Belice está muy mal y tu contestación,don Javier,a Fernando es imponente.Un abrazo de Janusa

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  12. Tiene usted -querida tía- una gran habilidad para volver mis propias palabras contra mí.

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