A ver:
Los reyes magos han traído muchos juguetes a los niños y esta hermosa -entrañable- fiesta de la Epifanía nos permite recordar nuestra infancia (recordar tu infancia podrás -dice el maestro Yoda- al llegar la blanca navidad) pero el evangelio de hoy nos propone un viaje alucinante.
Todo empieza cuando unos magos persas, o árabes u orientales -gente alejada o, por lo menos, lejana- recibe noticias de Israel. Se trata de noticias confusas y proféticas que hablan de una "gran luz" y de un "mesías" o de una "estrella". Sus propias observaciones llevan a estos magos a razonar así: Todo indica que algo está pasando por la parte de Israel y solamente hay un modo de saber qué es lo que está pasando: ir allí para verlo. Y se ponen en camino.
Son empiristas pero no se desaniman fácilmente ni siquiera cuando desaparece la estrella que han visto. Como las profecías hablan de Israel ellos van a Jerusalén.
A menudo los que vienen de lejos inquietan a los que están cerca. Si hay algo que pone nervioso a un cristiano de toda la vida es un converso. Y no porque traiga doctrinas raras sino porque pide razón de su esperanza y algún tipo de doctrina o de indicación clara. Esos magos tienen poquísima doctrina y, por decirlo con palabras modernas, están "buscando". Pero no están buscando porque crean que es muy elegante la "actitud de búsqueda", no: están buscando porque están convencidos de que el que busca encuentra. No andan buscando para no encontrar que es lo que fascina a los sofistas posmodernos. Ellos pueden ser empiristas pero no son tontos ni complicados y buscan con la esperanza de encontrar.
El primer chasco se lo llevan cuando llegan a Jerusalén preguntando -como si fuera la cosa más natural del mundo- que dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer y comprueban que allí nadie tiene noticia de que tal fenómeno haya ocurrido.
Los de cerca no se han enterado. Tienen que venir unos de fuera haciendo preguntas raras para que los de toda la vida se den cuenta de lo poco que saben o de la poca importancia que le dan a lo que saben.
Si esto fuera una charla piadosa yo sacaría aquí algunas conclusiones a modo de moraleja. Diría, por ejemplo, que los curas hacemos un flaco favor a los pocos que vienen a Misa cuando, en vez de explicar la doctrina, mostramos todas nuestras perpleijidades y, en vez de hablar de lo que nos ha sido revelado, divagamos acerca de lo que podría haber sido en el caso de la Iglesia no hubiera prestado atención a la metafísica de los amables griegos o al derecho de los amables romanos. Los amables feligreses se van de la iglesia pensando que su cura es mucho más posmoderno que ellos y que lo mejor es que -dejando en manos de su cura lo tocante a la religión- vuelvan ellos a sus asuntos.
Pero esto no es una charla piadosa. Esto es un estudio sociólógico -je, je- y muy serio sobre la Epifanía. Sigamos:
Llega a oídos de Herodes que unos extranjeros andan preguntando por un mesías que acaba de nacer. Tales rumores se repiten con cansina regularidad pero Herodes se alarma porque esos extranjeros llaman al mesías "rey de los judíos" y eso ya es meterse en política y le toca de cerca. Y entonces llama a consultas a los sabios.
Si esto fuera una charla piadosa yo hablaría aquí de esos los políticos que solamente consultan con los sabios cuando sienten que su poder está amenazado o de los devotos de santa Bárbara que solo se acuerdan de ella cuando truena. Quizá, incluso, me extendería en piadosas consideraciones sobre nuestra tendencia a curiosear o a estudiar no por amor a la verdad sino por amor a la información que nos hace más poderosos. Pero, como he dicho, esto es un estudio serio.
Los sabios conocen las profecías. Herodes oye hablar de Belén y llama en secreto a los magos. Finalmente los magos se ponen en camino hacia Belén. ¿Van con ellos Herodes y los sumos sacerdotes y los letrados? No.
Segundo chasco para los magos. Llegaron preguntando. Comprobaron que los de toda la vida sabían menos que ellos y que los que parecían saber algo no parecían dispuestos a moverse ni siquiera para ir allí, al lado, a Belén. ¿Se desanimaron mucho? Nadie lo sabe. De todas formas salieron para Belén.
Desde un punto de vista estrictamente científico resulta sumamente interesante que, justo entonces, volvieran a ver la estrella y que el fenómeno los llenase de alegría.
Al parecer la estrella iluminaba una casa y, en el interior -según comprobaron- había un niño que estaba con su madre.
Aquí no interesan los comentarios poéticos que hablan del niño y de su madre como imágenes de la humanidad maternalmente acogida y alumbrada desde el cielo o esos otros que relacionan la luz de la Navidad con la de la Transfiguración sino el dato escueto de que los científicos cayeron de rodillas y se entregaron a la adoración y al obsequio inclinándose mucho y abriendo sus cofres.
Algo habría que decir acerca del oráculo que recibieron en sueños y del otro camino que tomaron para volver a su tierra sin pagar tributo a Herodes. Pero lo que habría que decir no cabe en un estudio de la Epifanía -como este- tan sociológico.

Está usted cada día más sembrado,para cuando un librocon todos estosestudios???
ResponderSuprimirPublicar libros está pasado de moda. Es como escribir palimpsestos. Nosotros, los sabios, dejamos constacia perpetua de nuestras inspiraciones en un blog.
ResponderSuprimirpalimpsesto.
ResponderSuprimir(Del lat. palimpsestus, y este del gr. παλίμψηστος).
1. m. Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente.
2. m. Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir.
Los "buscadores" modernos y posmodernos también buscan para encontrar. No sé de dónde ha sacado usted que buscan para no encontrar.
ResponderSuprimirAunque es cierto que, en algunos casos, algunos, tras décadas de búsqueda, llegan a la conclusión socrática - "sólo sé que no sé nada" -, al menos la búsqueda ha dado un sentido a su vida, y les hace más humildes que a los que no buscan porque aceptan las ideas recibidas sin cuestionar nada, sin el enorme esfuerzo de pensar por cuenta propia.
Una cosa es cuestionar por cuestionar.
ResponderSuprimirOtra cuestionar ciertas cosas.
Otra cuestionar todo por que interesa amoldar la respuesta al pensamiento o costumbre de la vida que se lleva en ese momento y justificarlo.
Ninguna de ellas es garantía de un pensamiento propio pues nacen de tésis, por lo menos, subjetivas.
Si a uno se le concede el don de la fe y a partir de ella reconoce la Verdad...sí podrá partir de un punto objetivo en su forma de pensar y podrá cuestionarse cosas que le ayuden a ver el mundo y a los que lo forman tal cual son en realidad.
Perdón.
Un abrazo,
JyY