martes 31 de enero de 2012

Las populares riquezas del Vaticano.

El amable Chesterton observó alguna vez que Santo Tomás Moro vestía bajo sus esplendorosas galas -dedicadas al prójimo- un áspero cilicio reservado para sí, mientras que los amables banqueros victorianos vestían de un modo muy severo para presentarse ante los demás y reservaban para sí -escondiéndolo bajo su austero disfraz- el oro. 
Los soldados que crucificaron a Cristo -esto es un hecho científico y documentado- eran tipos sensibles y delicados. Después de desnudar al reo lo crucificaron siguiendo el protocolo habitual y luego se repartieron sus ropas. No eran bárbaros sin sensibilidad, no: sabían apreciar perfectamente el valor de una túnica hecha de una pieza y su codicia no les impidió llegar a un consenso razonable: se la rifaron. 
Ahora -tercer milenio- le toca el turno a los cardenales de la Iglesia Católica. Primero hay que desnudarlos científicamente. Hay que exhibirlos ante el pueblo despojados de sus galas para que el pueblo observe detenidamente -y comente con delectación- que el cuerpo de un Cardenal de la Iglesia carece de interés cuando ha sido despojado de sus galas. A continuación hay que crucificarlos a todos de tal modo y manera   que el asunto no parezca cruel crucifixión sino piadosa eutanasia. Al final, por supuesto, de lo que se trata es de repartirse sus ropas. 
Tengo amigos que piensan que si los Cardenales fueran en mangas de camisa serían más populares. Yo intento explicarles que la popularidad es un lujo que no puede permitirse un Cardenal pero se ve que no me explico bien. Por eso mismo no volveré a escribir hasta Cuaresma.

4 comentarios:

  1. Me ha encantado la paráfrasis de Chesterton. Adoro a Thomas More, además. Precisamente estoy preparando una clase de literatura sobre "Utopia".
    Sobre la ropa: el hábito sí hace al monje, según Virginia Woolf. Pero el monje también elige el hábito, según Virginia Woolf. Hay que llevar cuidado con la ropa que uno se pone, porque es un signo identario que nos revela y también nos hace.
    Sobre la popularidad: da igual no ser popular, eso desde luego.

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  2. Buenos días don Javier. Efímera popularidad sonora de los fuegos artificiales y noches sanfermineras, hasta que suena el Cohete; a las 8h toros y mozos corren 3 ó 4 minutos juntos que el mundo contempla absorto en silencio. La ciencia no tiene ni un segundo de permiso para desnudar la verdad pero la mentira llegada la hora sí. Zarandeados seremos bienaventurados si recordamos; Tú sígueme.
    Se arremangarán y otro vendrá que los ceñirá pero un Tercero, si se dejan, los defenderá. Francisco Xavier -Nguyen van Thuan- puede llegar a ser un modelo santo de purpurados.Un abrazo.

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  3. Van Thuan en mangas de camisa
    http://imagenesquehablanbien.blogspot.com/2011/03/van-thuan.htmlan

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