sábado, 7 de enero de 2012

Dios con nosotros.

Isaías compara a la humanidad con una caña cascada, con una vela que está a punto de consumirse y que ya a penas ilumina. ¿Puede esperarse algo de una humanidad profundamente herida por el pecado? Pues, lo inesperado, ocurre cuando aparece en el mundo un hombre nuevo, un hombre humilde que sirve a Dios y a quien Dios mismo sostiene. Sobre él reposa el Espíritu de Dios que es un Espíritu de fortaleza y de justicia -por eso el siervo de Dios promoverá fielmente el derecho y no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra. Pero es también un Espíritu de mansedumbre y de misericordia que conoce la fragilidad del hombre y no se apresura a condenar sino que, de la mano de Dios, se dispone a abrir los ojos de los ciegos, a librar al hombre de la esclavitud y de las tinieblas del pecado.
Ese hombre nuevo es Cristo. Comienza su ministerio público con un gesto de profunda humildad mezclándose entre los pecadores para hacerse bautizar por Juan. Con ese gesto expresa su solidaridad con nosotros: quiere cargar sobre sí los pecados de los hombres porque nadie mas que él puede librarnos de esa carga y de esa esclavitud. Y lo va a hacer hasta las últimas consecuencias. 
Ya en su descenso a las aguas del Jordán se anuncia la muerte que padecerá por habernos abrazado a todos, por habernos amado tanto. Y, junto con su muerte, se anuncia su resurrección: no será abandonado al poder de la muerte sino que romperá sus ataduras.
Ahora podemos entender mejor lo que significa estar bautizado. Es haber recibido el Espíritu Santo para pasar por todas las pruebas de la vida sin miedo, de la mano de Dios, promoviendo la justicia y el derecho sin buscar privilegios y sin acomodarse a la mentalidad de este mundo: como hijos amados.

6 comentarios:

  1. Buenas tardes don Javier. Siempre sorprendentes sus entradas.Un abrazo.

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  2. ¿Quiere usted decir que los no bautizados no reciben el Espíritu Santo? Yo conocí el pasado sábado a un inglés - hijo de español republicano nacionalizado británico tras luchar contra Hitler en el ejército británico - que me dejó pasmada de tanto Espíritu Santo que tiene. No voy a contar aquí su enorme labor humanitaria - en el auténtico espíritu cristiano, aunque él no se llame así - por no desvelar su identidad, pero me sentí privilegiadísima por haberlo podido conocer y tener una larga conversación con él. En cambio, conozco a muchísimos católicos -bautizados - con poco Espíritu.

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  3. ¿En que línea de esta entrada, amable doña Virginia, he escrito algo sobre los no bautizados?

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  4. En ninguna, pero se deduce de lo que dice que el Espíritu "entra" a través del bautismo, como si éste fuera un rito de paso obligatorio no sólo desde el punto de vista cultural,sino también espiritual, pero la experiencia prueba que, como dice la Biblia, "el Espíritu sopla donde quiere".

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  5. ¡Vamos, doña Virginia! ¡Haga usted un esfuercito lógico, mujer! Pero antes haga un esfuercito de lectura: usted se dedica a eso y estoy seguro de que puede hacerlo muy bien.
    ¿Dónde he escrito yo que el Espíritu "entra" por el bautismo?
    Pero, aunque lo hubiera escrito, de ahí no se podría deducir que los no bautizados no reciben el Espíritu sino, lógicamente, que no lo reciben por el bautismo.

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