Me llamo Carmen y esta es mi historia. Nací en 1935 en San Miguel de Salinas. Mis padres se llamaban María y Rafael. Mi hermano Rafael era mayor que yo, casi once años y medio. Él nació bueno y sano en 1924, pero a los pocos meses sufrió una meningitis. Los médicos no le daban esperanza de vida y dijeron que si sobrevivía se quedaría ciego o subnormal y posiblemente no podría andar.
Vivió pero con una gran discapacidad. Empezó a andar a los nueve años, se veía poco y las pupilas de los ojos se le movían continuamente aunque eso con el tiempo se le mejoró.
Mis padres lo cuidaban mucho para que recobrara fuerzas. De pequeño lo llevaban a muchos médicos. Mi madre me decía que le hacía un guisado de sesos para que creciera fuerte.
Mi madre se casó joven, era ocho años menor que mi padre. Cuando se casaron se fueron a vivir a una casa que ellos llamaban barraca porque eso parecía. Allí vivieron varios años.
Mi madre me contaba que las personas que veían a mi hermano decían que era una lástima que estuviera así pues de pequeño a penas se le notaba su enfermedad, hasta a los médicos les llamaba la atención lo guapo que era y lo limpio que mi madre lo llevaba.
Un médico al que mi madre visitó, la desengañó. Le dijo:
"María, no te gastes más dinero que el nene no se pone bien, ya le puedes llevar donde sea que no tiene remedio."
Mi madre lo pasó muy mal pero él se lo dijo porque le daba pena que se gastara el dinero cuando no había solución. Era un médico bueno, con conciencia. Así mi madre supo que mi hermano no sería como los otros niños para andar, comer o comportarse.
Mi Rafael iba creciendo pero no andaba, por eso mi madre lo llevaba tomado a todas partes. Unos años más tarde se mudaron de casa. Dejaron la barraca y se fueron a vivir a una cueva en el barrio de "el Cabezo". Estaba en un monte donde había varias cuevas. Allí tenían muchas vecinas que les apreciaban mucho.
Once años y medio después nací yo en la cueva. Mis padres seguían estando muy necesitados. La única ayuda que recibían era la de mis abuelos que también disponían de muy poco. Los pobres todos los días tenían que ir al monte a recoger leña, luego la hacían manojos y la llevaban a vender a Torrevieja en un carro tirado por un burro. De esta manera sacaban algo de dinero para poder comer.
A veces el burro se caía por el camino porque lo alimentaban poco y el pobre animal se desmayaba. Así que mis padres poca ayuda podían recibir de mis abuelos.
Mi nacimiento por poco le cuesta la vida a la mi madre porque yo venía como una pelota enrrollada. No podía nacer, pero con muchos estirones de la comadrona y el esfuerzo de mi madre que era una mujer muy potente me trajeron al mundo, pero no útil. Tenía una pierna, los brazos y la columna encogidos. Mi madre y mi abuela se pasaron la noche y parte del día poniéndome las piernas derechas pero no pudieron hacer nada porque me había engendrado mal.
Nací el día 6 de enero, día de los Reyes, del año 1935, así que "les pusieron Reyes" a mis padres, mirando el lado positivo de la vida y con esperanza.
A los dos días de nacer me llevaron a ver si me podían poner las piernas bien pero los médicos les dijeron que no tenía remedio porque era de nacimiento y no tenía solución.
Mi madre se puso mala de tanta sangre que perdió en el parto, además de que se alimentaba poco. Enfermó de los nervios por la preocupación de tener a sus dos hijos mal. ¡Vaya problema que les cayó para toda la vida!
Mis padres me contaron que habían tardado mucho tiempo en tenerme por miedo a que no naciera bien. Y así fue.
Yo era muy pequeña, mi madre me dijo que era muy guapa, que tenía el pelo rizado, pero no estaba bien, nunca podría andar. Los médicos dijeron que me había engendrado fuera de la bolsa en la que se engendran los niños, así que no me pude desarrollar bien.
Mi madre me contó que me criaba muy bien y bonita pero me dio poca teta porque casi no tenía leche. Quizá por su enfermedad y la pena de que yo no estaba bien ni tampoco mi hermano... demasiado sufrimiento y poco dinero.
Tampoco me podía dar leche de cabra porque me sentaba mal y me ponía muy fea.
Algunas personas le dijeron a mi madre que yo había nacido mal porque ella siempre llevaba a mi hermano tomado, que era muy grande. Le decían que yo iba a nacer mal porque me encogería, y así fue.
Una mujer fue a verme y le dijo: "María, déjala morir, está inútil, ¿para qué la quieres?
Mi madre le contestó: "Es mi hija, mírala que guapa. La cuido y la quiero aunque esté así. ¿Cómo la voy a dejar morir?".
(Historias vividas. Carmen Pastor)
Carmencica me ha regalado -y dedicado- hoy su autobiagrafía. La estoy leyendo pero es como si ya la hubiera leído porque muchas de las cosas que cuenta en ella me las ha contado ella misma de viva voz. Por ejemplo, cuando murió su padre ella le dijo a su madre: No te preocupes, yo lucharé y saldremos adelante. Se puso a vender papeletas para rifas que ella misma organizaba. Recorría el pueblo arrastrándose hasta que llegaron unos misioneros y dijeron en un sermón que había que hacer algo. Recogieron dinero para comprarle un triciclo en Murcia.
En fin, el libro tiene más de trescientas páginas.
En fin, el libro tiene más de trescientas páginas.
Cuando vuelva a verla le preguntaré cómo es posible que naciera casi once años y medio después de su hermano si su hermano nació en 1924 y ella nació el 6 de enero de 1935.

!Qué historia más triste!Pero es también historia de familia,de amor,de lucha y valentía.!Bravo,Carmencica,paisana mia.Un abrazo de Janusa.Pd,me ha dado una pena espantosa del burro que se desmallaba de hambre,es todo como un claroscuro de una España que nunca debió ser así.
ResponderSuprimirPerdón,hay una falta de ortografía muy gorda en el desmayo del pobre burro.J
ResponderSuprimirNo es una historia triste aunque tenga episodios de llorar un poco. Algún día a lo mejor cuento lo del pollo al que amaestró Carmencica.
ResponderSuprimirBuenas tardes don Javier. ¡Qué importante encuentro arrimar el hombro! claro que saldremos adelante pero que sea para vivir y no para ir por caminos de muerte y separación.Un abrazo.
ResponderSuprimirGracias a Carmencita por hacer pública su historia. Todo hubiera sido más sencillo si ninguno de los dos hubieran tenido una discapacidad, pero no creo que hubiera habido más amor. Eso es lo que yo veo, una familia que se ama. Un padre y una madre amando a su hijo y buscando lo mejor para él, yendo al monte para poder sacar algunos beneficios para llevárselos a los que aman. Una pareja que de su amor nace una nueva criatura, y una criatura que su discapacidad no le impide ni amar a los suyos ni hacer cuanto puede por pelear por ellos. Tu Rafael querida Carmencita y tu, tuvisteis lo mejor, mucho amor. Yo, que tengo un compromiso social con la discapacidad por que soy madre de un discapacitado, te digo que he aprendido y sigo aprendiendo mucho de todos vosotros, sois muy buenos maestros.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Lucía C.
Usted dirá lo que quiera pero es muy triste y a mí que soy un quejica me la depresión, por lo flojo que soy y se me hace difícil el cielo al compararme,,,, help
ResponderSuprimircuente la historia del pollo, d. Javier, sí, ande, porfa, cuéntela...,
ResponderSuprimir¿ dónde se puede conseguir la autobiografía?
doña Janusa es sanmiguelera?
ResponderSuprimir??
Bella historia la de Carmencica cuente lo del pollo.Saludos cariñosos desde México.
ResponderSuprimirEstoy con Don Javier, no es triste, y a mi lo que me hace "llorar" es la reacción de "los normales" hacia las personas con discapacidad. En un curso nos recomendaron ir a pasear por un parque público haciéndonos pasar por discapacitados, cada cual que eligiera la discapacidad que quisiera, pero que lo hiciésemos, sólo durante cinco minutos... porque no vais a aguantar más -nos dijo-.
ResponderSuprimir¡Probad a hacerlo! Y veréis a la presión que están sometidos desde que salen de casa hasta que vuelven. Son fuertes como ellos solos. ¿Quién de nosotros aguantaría ser mirado como un bicho raro todos los días de su vida, soportar risas y cuchicheos a su paso...e incluso insultos? Yo me fui al parque de Juan Carlos I, en Madrid y se me hicieron eternos los cinco minutos. Yo elegí hacerme pasar por un discapacitado físico, y en cinco minutos en un parque donde te encuentras una buena representación de la sociedad, te das cuenta de cuan enferma está. Si no son capaces, esos "normales" de ver que yo soy discapacitada, y comprender mi situación, que me digan a mi quien de los dos necesita el certificado de discapacidad. Mi experiencia fue malísima y elegí como discapacidad tener brazo rígido durante cinco minutos,( es de lo menos llamativo) pero la que salió a la calle en silla de ruedas y se la encajó la rueda entre un bordillo y la carretera, ni os cuento la de horas que estuvo allí... A mi esto es lo que me hace llorar, la sociedad que tenemos.
Un saludo.
Lucía C.
Cuánta razón tienes Lucía C.yo tengo una hija discapacitada y no logro superar las miradas y expresiones de los "normales" y eso que mi hija tiene ya 41 años.Saludos cariñosos a don Javier y para tí Lucía un fuerte abrazo.
ResponderSuprimirQuiero puntualizar una cosa,la historia de Carmencica no es triste en si misma,en el problema de las discapacidades de los dos hermanos.Las dos situaciones son muy duras pero el amor y el cuidado con Rafael se superponen a las limitaciones del niño.A mi lo que me entristece es el ambiente,el hambre del burro-que no es anécdota-la cueva,la barraca.Se estaba preparando una buena cuando nació Carmencica y aquella pobreza no presagiaba nada bueno...unos años después,en esa tierra naci yo.Todo eso es lo que me entristece.Un abrazo de Janusa.
ResponderSuprimirQuerida tía: No creo que nadie haya malentendido su expresión de tristeza como una expresión de rechazo al dolor o de desprecio a los que sufren. Sabemos que usted es muy amable.
ResponderSuprimirPero el ambiente -el hambre y lo del burro y lo demás- es el fondo sobre el que se representa una historia bien alegre: la historia de una niña que era feliz jugando con sus amigas en un patio. Esa es la historia que cuenta Carmencica y que yo he copiado. Otros contarán historias tristes de matanzas que ocurrieron en ese mismo ambiente. Hoy no es fácil ver burros famélicos por los campos de España. Quizá a Carmencita no la hubieran dejado nacer hoy en día los que se preocupan por el paisaje.
Las últimas lineas de tu amable contestación-comentario son de las que hacen pensar,y mucho.Gracias y un abrazo,estamos a la espera de lo del pollo amaestrado.Tú,sobrino don Javier,no podrías ser nunca,creo,cronista de matanzas.Yo,tampoco.
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