viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo.

Llevaron a un tipo a la horca un 31 de diciembre y le permitieron que dijera sus últimas palabras. Fueron estas:
Feliz Año Nuevo!

El humor desespera al enemigo y lo induce al asesinato o al suicidio.
El buen humor cristiano invita al enemigo a participar en la fiesta como amigo.

Tras esta seria reflexión solo me queda desear a todos mis enemigos un feliz y muy próspero dos mil once.

Bendición

El Señor te bendiga y te proteja
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz.

-Y, ¿cómo sabré que me ha alcanzado esa excelente bendición?
-Nada más fácil:
Cuando tu primer pensamiento y el último de cada día sean para Dios y andes bendiciendo los alimentos y dedicando una amable bendición a todo bicho viviente que se cruce en tu camino sabrás que has sido alcanzado por esa amable y excelente bendición.
A más a más, cuando la mano de Dios esté sobre ti para protegerte, tú mismo serás protector de viudas, niños, enfermos, pobres y prójimos en general. Pues es sabido que solamente los protegidos por Dios ofrecen una fiable protección a los pequeños y a los pobres. ¿Otra señal?
Sonreirás sin darte cuenta y -a menudo- te mondarás de risa al verte en el espejo sin que haya en tu risa nada oscuro o burlón porque ese buen humor será la luz del rostro de Dios iluminando el tuyo.
Te alegrarás de hacer favores como se alegran los que han alcanzado el favor de Dios, o sea, mucho.
No cerrarás los ojos ante las necesidades del prójimo ni harás oídos sordos a lo que te dice tu Ángel y, también por eso, sabrás que Dios te está mirando.
Pero la más cierta señal de que esa bendición te ha alcanzado es esta: pase lo que pase darás y tendrás paz.
-¿Puedes repetir la bendición?
-Nada más fácil:

El Señor te bendiga y te proteja

ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz.

Minorías creativas sin complejos.

Vengo del blog de don Todoerabueno en el que he recogido esta perla de fin de año.
La idea fundamental es esta: vosotros sois la sal de la red.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Anunciar a Cristo.

Nos ha recordado el Papa que no solo somos destinatarios de la revelación sino, también, anunciadores. Destinatarios y anunciadores de una gran esperanza para todos los hombres.
Como destinatarios nos corresponde escuchar; como anunciadores nos corresponde hablar.
Santa María escucha y habla o, más bien, canta. Porque su anuncio es un canto que le sale del alma. Ella se sabe agraciada por Dios que se ha fijado en su humillación, y rompe a cantar.

Acaba de aprobarse un nuevo instituto religioso llamado Iesu Communio. Las más de cien religiosas que ya forman parte de esa familia se sienten llamadas a escuchar y a anunciar el Evangelio entre los jóvenes. Y se ve que hay muchos jóvenes dispuestos a escuchar ese anuncio alegre para poder, también ellos, anunciar la gran esperanza.

El mismo Dios -ha dicho el Papa- como en los tiempos de Amós, suscita entre los hombres nueva hambre y nueva sed de su Palabra.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sociología pura y dura.

Los datos hablan. ¿Qué dicen? Dicen que entre los católicos españoles que se han casado en lo últimos veinte años es muy raro -y, cada vez más raro- el caso que acaba a tiros o a navajazos. ¿Qué mas dicen? Dicen también que, en Españita, desde hace veinte años, no deja de crecer el número de los apaños sentimentales, ayuntamientos y uniones de todo tipo que acaban a tiros o a navajazos.
¿Cómo hay que interpretar todo esto?
Científicamente, claro:
1. España va bien.
2. La culpa es del Papa y, subsidiarimente, de los obispos.

Imagen de Dios invisible. (VD 90)

BXVI se ha referido a la paradoja fundamental de la fe cristiana que se pone de relieve en el Prólogo del cuarto evangelio: el Dios invisible tiene un rostro humano.
Al hombre que busca a Dios y que suplica no me escondas tu rostro se le entrega, en Cristo, una imagen del Dios invisible. Y, en esa imagen, se revela también el misterio del hombre.
Pero lo que importa no es ver a  Jesús, sino escucharlo con fe.
La Virgen, San José y el anciano Simeón tuvieron la suerte de de ver; pero no habrían visto si no hubieran escuchado. Y de nada les habría valido si no hubieran creído.
Hoy, cualquier adorador que permanece en silencio ante el Sagrario se hace merecedor de esa bienaventuranza o bendición que dedicó Cristo a los que, sin ver, han creído. Son gente corriente -fea y eso-; gente con defectos y cosas peores y, sin embargo, en ellos, la Palabra da fruto abundante.

martes, 28 de diciembre de 2010

La Palabra y el silencio.

Por una escondida senda puede cualquiera -hasta mi tía Janusa- llegar a aquel espacio silencioso del corazón donde habita la Palabra.
¿Pídesme -impaciente lector- que te guíe por esa senda o que, a lo menos, te conduzca hasta el punto exacto del que arranca?
No haré tal, ni mucho menos. Pues has de saber -peregrino lector- que solo Uno puede revelarnos la senda y guiarnos por ella.
Cata -amigo- que no se trata aquí de respirar acompasadamente o de ejercitarse en otras minucias o de matricularse en Escuela de Misterios sino de caminar hasta dar con el Camino.
Ya te oigo -impacientísimo y alborotado lector- protestar que cómo sabremos discernir la Senda entre tantas.
Solo te diré que hay un santo obispo que camina con María y con José y que se pasma al oír cómo hablan ellos del amor y del deseo con que esperaron a Jesús... Y anda ese santo obispo queriendo participar con todo su ser en esas conversaciones, hecho silencio para oír.
Pídele a Quien puede hacerlo que te muestre la econdida Senda. En ella encontrarás a María y a José y a muchos santos prelados silenciosos y a no pocos ladrones arrepentidos. Entre estos últimos me encontrarás a  mí -desdichado lector-. Si no me encuentras entre ellos, reza por mí como se reza por el bufón que abandonó el Camino.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Cómo no felicitrale la Navidad al obispo diocesano.

Hacen falta:
1. Un boli que pinte.
2. Un papelito.
3. Un sobre.
4. Un sello.
En el papelito hay que escribir con estas o semejantes palabras:
Amable Obispo:
Estoy content@ porque es Navidad. No le voy a desear a usted una Feliz Navidad porque sería como felicitarle las navidades a los ángeles que anuncian la Navidad. Querría agradecer su amable y angelical oficio de anunciarnos la Navidad asegurándole a usted que, gracias a su amable ministerio episcopal estoy celebrando las navidades más content@ que unas Pascuas. Si no fuera por los obispos ya no tendríamos ni Navidad.
B.s.a.p
(Firma).
Luego hay que poner el papelito en el sobre, y hay que cerrar el sobre y todo lo demás... y hay que echarlo todo al buzón. Y hay que rezar para que le llegue al Obispo diocesano.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Navidad en Serbia


Gracias
don
J
y
Y

Sagrada Familia.

Ayer estábamos celebrando la Navidad y hoy celebramos la Sagrada Familia, que es lo mismo.
Solo que ayer nos fijábamos en el Niño que nos ha nacido y hoy damos gracias a Dios por la familia que se nos ha dado con ese Niño.
Ayer cantábamos villancicos al Niño y hoy entendemos que somos hermanos; miembros de esa Familia Santa que se alegra con el nacimiento del Salvador.
La Sagrada Familia es la Familia de los Hijos de Dios: lo demás son copias.
Y hay copias muy malas:
Todos los mafiosos del mundo hablan bien de sus familias; pero no tienen familia, son mafia.
Y esos chicos que se juntan en Villena para hacer pandillas, se dicen a unos a otros: somos una familia. Pero son una pandilla de matones o una mara. Cuando sean mayores serán una mafia.
El miedo no hace familia; el interés no hace familia; la política no hace familia; ni el deporte, ni la literatura... solo la caridad une a los hombres por encima de la política, del miedo, del interés... de la literatura.
La caridad, el amor de Dios, puede hacer que todos nos alegremos en la Navidad; y que nos demos un abrazo de paz, como hermanos; como hijos de Dios.
El Papa nos ha dicho a los españolitos que no olvidemos lo que somos: una familia; hijos de Dios.
¡Feliz Navidad, amigos! Que la Virgen de las Virtudes nos bendiga a todos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Sagrada Familia (apuntes para una homilía).

1. No olvidéis el amor. (San Maximiliano Kolbe).
2. El punto determinante es siempre, en última instancia, encontrar la distinción correcta. (Benedicto XVI, el Inconmesurable).

El Papa tranquilo.

Después de un Papa como Juan Pablo II que, más que abrir las puertas, las rompía de una patada para irse a esquiar o para tumbarse a rezar, se nos ha regalado un Papa tranquilo.
Cuando Juan Pablo II estaba en algún sitio -ante una multitud o en la cama de un hospital- lo llenaba todo con su presencia hasta el punto de que era difícil ver otra cosa. Con Benedicto XVI ocurre que, allí donde está y justo en el espacio que ocupa, se crea una especie de transparencia -como la del gato de Alicia en el País de las Maravillas- que, a penas, permite ver una sonrisa y escuchar unas palabras mientras su figura se desvanece dejándonos pensativos e inquietos.
Juan Pablo II era uno de esos amigos que andan siempre organizando fiestas a las que todos querrían asistir. BXVI se parece más a  esos otros amigos que darían cualquier cosa por no ir a una fiesta y a los que solo podemos escuchar cuando casi todos se han ido y, los que quedan -un pequeño grupo de valientes camaradas-, aguardan el amanecer charlando tranquilamente.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Dicen los sabios...

...que lo más razonable del mundo es pensar que Jesús nació el 25 de diciembre. Bueno, eso, en realidad, no lo dicen los sabios, sino yo. Ellos suelen ser mucho más cautos. Lo que dicen, más o menos, es esto:
1. Zacarías cumplió su servicio en el templo durante los días de ayuno de la fiesta de los Tabernáculos, en septiembre, cerca del equinoccio de otoño, cuando la noche empieza a ser más larga que el día. Entonces, en septiembre, fue anunciado el nacimiento de Juan.
2. En el mes sexto, o sea, en marzo, cuando el día empieza a ser más largo que la noche, fue la Anunciación del Señor.
3. De modo que Juan nació en junio y Jesús en diciembre.
Ya tenemos el mes. ¿Qué más? ¡Ah sí, el día!
Pues bien, dicen los sabios que hay un comentario al libro de Daniel escrito por san Hipólito de Roma hacia el año 204 en el que se señala el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús. Lo bueno de los sabios es que saben. No lo saben todo, claro, pero lo que saben tiene su interés. Por ejemplo, no saben si se trata de una interpolación al comentario de san Hipólito, o de una afirmación de san Hipólito.
¿Qué más dicen los sabios? Pues dicen que, precisamente, el 25 de diciembre celebraban los judíos la fiesta de la consagración del templo. Y el cardenal Ratzinger escribió: la fecha natal de Jesús simbolizaría de esta manera que, con él, como verdadera luz de Dios que irrumpe en la noche del invierno, se operó realmente la consagración del templo, la llegada de Dios a esta tierra.
Yo lo que digo es que me parece muy entrado en razón pensar que Jesús nació un 25 de diciembre entre las 00:00:00 y el amanecer. Y, desde luego, entra en mis planes celebrar la Misa de Gallo en su momento -dentro de diez horas, veinticinco minutos y treinta segundos-. Y entonces diré: ¡Feliz Navidad!

jueves, 23 de diciembre de 2010

San Ireneo y Camarón.

En el siglo II, san Ireneo de Lyon explicaba que el hombre, creado a imagen y semenjanza de Dios, después del pecado conservó la imagen, pero perdió la semejanza. Siguió teniendo un alma racional e inmortal, imagen de Dios, pero perdió la santidad que lo hacía semejante a Dios, y aquella bienaventuranza para la que fue creado. La Historia de la Salvación habla de un Dios que persigue al hombre no para castigarlo sino para salvarlo. De un Dios que da alcance al hombre de un modo sorprendente, humanizándose Él -si es que puede hablarse así- para divinizarnos a nosotros. Con Jesús entra en el mundo un hombre nuevo en el que aquella semejanza ha sido restaurada y que, no solo puede presentarse ante Dios como Hijo, sino que puede presentarnos a nosotros como hermanos. La misión de Jesús es, precisamente, llevarnos a la Casa del Padre como hijos, de tal modo que podamos acercarnos a Él con confianza.
Andaba yo predicando estas cosas en Biar esta tarde cuando ha empezado a sonar la melodía del Jingle Bells en un móvil y la sacristana de Biar se ha agitado en su asiento. Para cuando ha encontrado el teléfono y ha conseguido apagarlo ya todos los ojos estaban fijos en ella y a mí se me ha ido el santo al cielo. En vano he buscado inspiración en las bonitas pinturas de la capilla del Santísimo que muestran a Moisés golpeando la Roca y al mismo Moisés alzando en el desierto la Serpiente de bronce...
Lo siento, amigos, se me ha ido el santo al cielo y no sé como terminar pero esta tarde he oído en la radio un villancico cantado por Camarón de la Isla que dice algo así: La Virgen hizo una sopa pero no le hizo tomate/ y le dijo San José: si la pruebo que me mate. Creo que establa hablando de eso cuando ha sonado el villancico ¿no? De un Dios que no huye de nosotros, que se codea con nosotros, con nuestras sopas, con nuestros teléfonos, con nuestros villancicos... Supongo que eso es la Encarnación: meterse en este mundo nuestro, tan raro, para hacerlo santo y bueno. ¡Feliz Navidad!



Portalito oscuro
llenito de tararañas
nació la Virgen María
su Niño de sus entrañas.

¡Que grande, Camarón!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Iluminación.

M. decidió un buen día, allá por los años de su adolescencia, que Dios no existía. Dos asuntos pesaron -sobre todo- en su decisión: el sufrimiento de los inocentes y la moral sexual de la Iglesia Católica. Terminó sus estudios en alguna universidad de Inglaterra y volvió a España donde, desde entonces, se dedica a la enseñanza.
En septiembre le ocurrieron algunas cosas que no contaré porque no las entendiendo. Tampoco M. las entiende. Un amigo psiquiatra -y ateo- al que acudió diagnosticó algún tipo de delirio aunque no le dio mayor importancia pues piensa -como la mayoría de los psiquiatras, al parecer- que todos estamos un poco locos y que eso es sano.
Es el caso que, a raíz de esos sucesos, M. tiene la certeza de que Dios existe y de que no es descabellado pensar en volver al seno de la Iglesia Católica. M. lo dice así: No me veo confesando y yendo a Misa pero, por otra parte, no encuentro otra solución y supongo que tendré que acabar haciéndolo.
De momento, pues, yo no hablaría de conversión sino de iluminación, aunque no sé si se dice así. Da la impresión de que una luz que se hubiera apagado en el corazón de M. en aquellos años de la adolescecia tormentosa hubiera vuelto a encenderse ahora, de un modo inoportuno e inexplicable, en un intelecto firmemente estructurado para no creer.
Lo sorprendente es que no se trata de una luz que venga a iluminar tinieblas de ignorancia, de brutalidad, de temor... Se trata de una luz que, al parecer, vence sobre otra luz. Porque M. no ha vivido nunca en esas tinieblas sino todo lo contrario.
Ahora hay que esperar para ver si esa iluminación da paso a una conversión. ¿Acabará M. caminando bajo esa luz? Entonces habría motivos para echar las campanas al vuelo y para alegrarse por esa luz delirante y navideña y alegre y, por M., sobre todo.

martes, 21 de diciembre de 2010

He conocido a una chica.

Es profesora de Literatura inglesa y parece especialmente interesada por la literatura inglesa escrita por mujeres. En los últimos -digamos- treinta días, nos hemos cruzado unos treinta mil correos. La semana pasada, por fin, vino a la Fundación para dar una charla en el Aula de Mayores que, durante este curso, dedica su meditativa atención al siglo XIX. ¿El título de la charla? La literatura inglesa escrita por mujeres en el siglo XIX.
Jean Austen, las hermanas Brontë y George Eliot fueron las autoras que eligió para su charla. Yo no había leído Orgullo y prejuicio -aunque había visto la peli- ni Cumbres borrascosas -aunque había visto la peli- pero sí había leído El hermano Jacob y El velo alzado de la Eliot.
La charla fue un éxito de crítica y público. Mi nueva amiga nos hizo reir y pensar y me dejó un montón de deberes y de regalos. Ahora estoy leyendo Orgullo y prejucio en una versión castellana espantosa y en una edición inglesa muy hermosa. o sea, en dos libros que me prestó mi sobrina M.R.V. cuando estuve en Madrid.
Mi nueva amiga me ragaló dos libros y me prestó uno.
El libro que me prestó se titula Los abusos de la memoria y está escrito por Tzvetan Todororov. Me lo zampé en seguida porque es cortito. Como es un libro famoso no lo resumiré. Lo que dice el autor es que solo los sabios saben administrar la memoria y el ovido y que los aprendices de brujo suelen olvidar lo que habría que recordar y recuerdan a todas horas lo que convendría olvidar piadosamente.
Los que me regaló eran -uno- del Dalay Lama y -otro de Virginia Woolf.
El del Dalay Lama me lo quitó Miguel Ángel. Supongo que me lo devolverá. Desde hace unos días no para de hablar del Karma.
El de Virginia Woolf se titula Una habitación propia. Es una disertación -que leí de un tirón volviendo de Madrid a Alicante- sobre la literatura inglesa escrita por mujeres. Dice que, para escribir, una mujer de su tiempo debería asegurarse una habitación propia y quinientas libras de renta anual.
Las chicas son muy prácticas. Entre los deberes que me ha dejado mi nueva amiga está leer Middlemarch. Creo que son tres mil paginitas o así.

¿Bonitas historias?

Algunos amables comentaristas me animan diciendo ¡Bonita historia, Padre!
Yo, claro, no puedo sino agradecer sus elogios. Pero las historias que cuento no son bonitas. Son reales.
Por ejemplo, ayer, sin ir más lejos, a las diez y pico de la noche iba yo a acostarme cuando observé que, en la puerta de la Fundación, había movimiento.
No se trataba del movimiento de una gata con sus gatitos sino del movimiento de un gigante feísimo que andaba revolviendo sus tesoros sucios y malolientes -como pude comprobar luego- en la puerta -limpísima- de la Fundación.
No me cupo la menor duda: se trataba de un vagabundo -como yo-, de un semejante, de un ser humano y no de un gato. No me cupo la menor duda: estaba fuera, pasando frío No me cupo la menor duda: era un fastidio se mirase por donde se mirase.
Y, aunque no me cupo la menor duda, anduve deliberando. ¿Qué hago? Lo más fácil es irse a la cama como estaba previsto. Ahora bien, hay movimiento en la puerta de la Fundación y no se trata de un gato. Si fuera un gato le echaría un poco de morcilla y me iría a la cama satisfecho de mí mismo. Pero parece un ser humano maloliente. Un ser humano maloliente suele hablar. Si abro la puerta y entablo una conversación con él ¡adiós sueño!
Y aunque no me cupo la menor duda tomé mi decisión: Un ser humano maloliente que viene a pringarme la limpia puerta de la Fundación no puede ser amable. Me voy a la cama. Invierto veinte dólares anuales en "Salvar a las Focas" y tengo apadrinado a un niño en Zambia.. Voy a Misa los Domingos y voto al PSOE cada cuatro años. Puedo dormir tranquilo. Ahora que lo pienso, además, soy cura. Mi salvación eterna está asegurada y mañana tengo que celebrar Misa en la Casa de las Hermanitas. Abrirle la puerta al maloliente sería una insensatez. Ni siquiera mi tía Janusa lo aprobaría.
La decisión estaba tomada. Crucé el patio de la Fundación y me encerré en mi casa por dentro. Sentí el calorcito de la calefacción y un frío horrible en alma que me decía: si lo dejas en la calle me divorcio de ti.
Salí corriendo, crucé el patio de la Fundación y abrí la puerta. El gigante maloliente estaba extendiendo una colchoneta en portal y se disponía a pasar allí la noche. Sabía hablar aunque era portugués. Se esforzó mucho para hacerse entender. Me juró que no era el otro portugués que nos desvalijó la Fundación hace un año. Olía a tabaco y a otras cosas y poseía todos los documentos que le pedí. Fotocopié sus documentos fingiendo no sentir pena o algo humano hacia él aunque él me llamaba "Padre" y juraba por lo más santo que no era "de la misma raza" del que nos desvalijó la Fundación el año pasado. Solamente se calló cuando le dije que todos somos de la misma raza. No me atreví a decirle que había estado a punto de dejarlo morir de frío en la calle porque yo tenía sueño y asuntos propios.Tampoco me atreví a decirle que estuve pensando que, si hubiera sido un gato, le habría dado una morcilla o un poco de queso y me habría ido a la cama tan contento.
¿Bonita historia? Paqui, Virtu y Miguel Ángel han tenido que limpiarlo todo esta maña para que la Fundación siga estando así de limpia.
¡Feliz Navidad, amigos! ¡Feliz Navidad!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Bodas de plata.

Conocí a I. G. de S. en la Complutense, hace más de treinta años, cuando ambos estábamos matriculados en Derecho. Él repartía su tiempo entre el estudio y su amable novia MJ. El pasado viernes celebramos las bodas de plata de ambos en la iglesia de San Fermín de los Navarros de Madrid donde fuimos recibidos con una hospitalidad franciscana que yo no podría elogiar bastante aunque viviera mil años dedicado a ello.
Nos habíamos citado en la iglesia a las 19:45. Salí de Villena a las 15:00 y dejé mi Ford Fiesta en el aparcamiento de Eduardo Dato número 3 a las 18:50. A las 19:00 entraba en San Fermín donde empezaban a rezar el Rosario.
La Iglesia de San Fermín de los Navarros tiene un aspecto muy lúgrube por fuera. Por dentro es como esas casas de hace cien años habitadas por señoras solteras de hace cien años. Todo está limpio y viejo y uno tienede a pensar que siempre estuvo así de limpio y de viejo. Las arañas de cristal que cuelgan del techo -por ejemplo- apenas alcanzan a iluminarse a sí mismas y uno no tiene más remedio que fijarse en ellas.
El primer misterio se me pasó volando entre distracciones. No éramos más de diez o doce los congregados. La señora que dirigía el rezo lo hacía con tal unción y calidez que pensé: debe ser santa. Detrás de mí, otra señora respondía a los Padrenuestros y a las Avemarías en alemán -creo-. Un caballero envuelto en un abrigo de unas trescientas libras esterlinas -había entrado delante de mí y sostuvo la puerta gentilmente tras él para facilitarme el paso- permanecía silencioso con la vista clavada en el Sagrario -tal vez ajeno a todo- y, al parecer, orando.
Como digo, el primer misterio lo pasé distraído, observando el entorno. De pronto todo se me hizo familiar. Dejé de distraerme pensando en cómo remozar aquella iglesia con algunas telas; dejó de molestarme la descuidada disposición del Belén y la asimetría de los centros de flores y empecé a rezar. Padre Nuestro, Ave María, Gloria... Y el tiempo se me pasó volando.
A las 19:45 aparecieron mis amigos con sus tres hijos: M., C., e I. ¡Daba gusto verlos tan contentos!

Dos Anunciaciones.

El ángel Gabriel anunció a María la Encarnación del Hijo de Dios, y ella lo concibió por obra del Espíritu Santo. Pero hubo otra Anunciación, otra revelación del Misterio de la Encarnación. Un ángel del Señor habló en sueños a José y él, al despertarse, muy contento, recibió a María en su casa.
¿Qué más necesitamos para celebrar la Navidad?
Yo, la verdad, no necesito más: ni luces, ni regalos ni cenas en familia.
Creo que Dios está con nosotros y veo el mundo entero iluminado y necesito agradecerle a Dios este regalo que nos ha dado con Jesús, con María y con José. Y solo se me ocurre una manera:  recibirlo a Él en la Eucaristía como lo recibió Santa María en su seno, como lo recibió San José en su casa; pasmado ante el misterio y muy contento.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Gracias ti, amigo.

-Padre, deme la chaqueta.
-No puedo, hijo mío, si te la doy me muero de frío... pero...

Fui a pasear por una playa de Alicante porque necesitaba pasear por una playa de Alicante. Ya era de noche y hacía un frío de unos diez grados muy húmedos. No puedo decir -aunque me gustaría- que el viento azotaba las olas arrojándolas contra las rocas del acantilado porque se trataba de una playa sin rocas y, a decir verdad, soplaba una brisa suave si bien helada y desapacible.

-¿Tiene fuego?
Un escalofrío como un escalofrío recorrió mi espalda y -subiendo por mi hombro izquierdo- llegó por algún camino misterioso a mi corazón agarrotándolo, primero, y agitándolo con violencia luego. ¿Era una voz lo que había oído a mis espaldas o se trataba de una alucinación de esas que suelen asaltarnos cuando paseamos de noche por las playas de Alicante en otoño? Solo había una forma de averiguarlo: me volví, despacito, y comprobé, con miedo, que no se trataba de una alucinación sino de un ser humano que me preguntaba en la noche: ¿Tiene fuego?

-No, lo siento, no tengo fuego... bueno, mi coche tiene un encendedor... si me acompaña...
-Gracias.

Fuimos, sin hablar, hasta el lugar donde había aparcado mi Ford Fiesta azul. Entré en el coche, pulsé el encendedor y se lo di. Se quedó mirándome con en el encendedor en la mano:
-¿Es usted cura?
-Sí.
-Padre, deme la chaqueta.
-No puedo, hijo mío, si te la doy me muero de frío. Además es la única que tengo... pero... ¿dónde vas a dormir?
-Aquí Padre, llevo dos días por aquí...
-¿Has cenado?
-No.
-Yo tampoco. ¿Te vienes conmigo?
-Gracias.

Subió al coche, arranqué y puse la calefacción.
-¿Has estado en la cárcel?
-No, Padre, ¿por qué?
-Por nada... es que yo solía ir por allí y siempre me pedían que les diese la chaqueta, o las gafas de sol,  o algo...
-Yo le juro que nunca he estado en la cárcel...
-¿A qué te dedicas?
-Busco trabajo.
-¿En la playa?
-Donde sea.
Esperé a que dijera algo más pero ni él ni yo teníamos ganas de charla y el calorcito del motor nos adormecía. Cuando llegamos a mi casa él estaba dormido y yo casi.

-Hemos llegado. ¿Quieres ayudarme a subir estas bolsas?

La casa estaba helada. Puse la calefacción al máximo y comprobé que el termo eléctrico estaba encendido.

-Mientras preparo la cena, si quieres, puedes darte una ducha. Hay agua caliente y toallas.

Me entró hambre. Puse en el microondas un caldo con dos pelotas y, mientras partía el pan, grité:

-¿Cómo te llamas?
Desde la cocina oía el agua de la ducha. No hubo respuesta. Puse un CD de Louis Armstrong y preparé dos bocatas medianos de queso curado. ¿Qué más? Había que preparar una cama para el misterioso Visitante y poner la mesa.

El misterioso Viistante salió del baño con unos pantalones tan cortos que muy bien pudieran ser sus calzoncillos y con una camiseta de manga larga.

-¿Puedo lavar la ropa?
-¿Cómo te llamas? Yo me llamo Javier.
-Sergio.

Pusimos la lavadora. Sonaba What a Wonderful World cuando apagué la música para no añadir tristeza al estruendo de la lavadora. Cenamos en silencio. Luego él fregó los platos mientras yo hacía un par de llamadas telefónicas. Luego le pregunté:

-¿Estás contento?
-No puedo estar contento.
Esperé, pero no dijo nada más. Parecía tan cansado como yo y mucho más triste. Lo llevé a su habitación y me fui a la mía. Me acosté y me quedé frito.

Cuando me desperté, al día siguiente, el misterioso Visitante ya se había levantado y estaba poniendo la ropa a secar en los radiadores.

-¿Has dormido bien, Sergio?
-Muy bien, Padre.

Mientras se calentaba la leche en el microondas puse un CD que se titula Música barroca para el desayuno o algo así.

-¿Qué vas a hacer ahora?
-Si pudiera, me iría a Madrid.
No dijo nada más ni yo le pregunté.

Mientras él fregaba los platos del desayuno llamé al 11888 para preguntar por el teléfono de la Estación de autobuses de Alicante.

Lo llevé a la Estación. Por el camino dudaba: ¿Le doy el dinero para el billete o le saco el billete?

-¡Padre!

Entonces se puso a hablar. Empezó a contar cosas sin parar. Y yo, la verdad, no quería saber más de él. Cuantas más cosas decía más ganas tenía yo de dejarlo en la Estación de autobuses y de seguir mi camino o de volverme a la playa. Lo dejé en la Estación y le di el dinero para el viaje. Cuando se bajó del coche me dijo:

-Gracias Padre.

Yo no sabía qué decir. Así que dije:

-Gracias a ti, amigo.

Y no volveré a la playa hasta el año que viene.

Allí donde fueres...

...regala manteles.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Aislado del mundo.

Desde el viernes estábamos sin conexión a internet por aquí. ¿Que he hecho durante estos días? He tratado de ver  la tele, pero el nuevo sistema TDT o como se llame es muy frustrante. Estás viendo una peli y, justo cuando viene lo mas interesante, ¡zas! se va la señal. No he conseguido ver ni un documental, ni una peli ni un teledario completo. Y he comprobado que la tele pública ha dejado de poner lo mejor que tenía: los anuncios.
Hoy tenemos aquí el retiro de Vicaría con el obispo.
Miguel Ángel me ha dado la Buena Nueva de nuestra reconexión con el mundo y he corrido a publicar los comentarios atrasados.
Felicidades a doña Lucía.
No tengo tiempo para más, por el momento.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Pero la discrepancia permanece...

A mi amigo don Juan y a mí nos ha parecido muy bonito el discurso de Vargas Llosa. Ambos, don Juan y don Mario, piensan y dicen que la literatura une. Yo creo que lo que une es la caridad. Nuestra literatura -buena o mala- no es caridad; es literatura y, por eso mismo, expresión de discrepancias y, a menudo, causa de discrepancias.
Marx y Nietzsche escribieron más que Cervantes y mucho más que Cristo que no escribió sino unas palabras en la arena. 
Un Premio Nobel de Literatura premia lo que premia. No la caridad sino la literatura.
Y yo, lo siento mucho, no comulgo con la literatura de don Mario Vargas Llosa -a él, claro, mi excomunión le importa poco-. No creo que él haya querido hacer una homilía dominical para reunir a las ovejas dispersas de Israel. Ha hecho un discurso bonito y eficaz y se ha presentado en él como un campeón de las libertades.
Yo ese título no se lo doy a un tipo que ha sido marxista de joven y que ahora es demócrata liberal. ¿Qué será mañana?Puede escribir como los ángeles defendiendo ora el marxismo, ora la democracia liberal y sin decir ni una palabra del aborto marxista y demócrata liberal.
Si solamente hubiera hecho un elogio de la lectura y de la ficción, yo mismo, un cura de pueblo y muy paleto, habría comulgado con él por la vía del aplauso. Pero se ha presentado como Príncipe de la Paz, de la Literatura que Une. Y yo discrepo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Un amable comentario.

Mi amigo don Juan me ha mandado este hermoso comentario.

Querido Javier, he leído el discurso y quiero decirte que me parece muy bonito. Tal vez en mi simpleza no consigo ver esa autocritica de la que hablas. El autor, Javier, cuenta que en aquellos momentos de su juventud, habiendo tenido la suerte de nacer en aquella clase media acomodada, como él dice, ve a su alrededor toda la miseria que está a tiro de piedra. Y se rebela, y quiere luchar y lo hace. Y ahora, con setenta años, alaba el camino que las sociedades occidentales han recorrido y ve posible una mayor evolucion en el seno de una democracia liberal. Y reniega de las dictaduras, si, de todas de las de izquierda y de las de derechas. Y no se mete con la religión. No la critica, reconoce que aprendió a leer de la mano de un hermano de La Salle. Aunque por tus comentarios tengo la sensacion que ves la critica en todas partes. No alabar no significa necesariamente, criticar. Por fin, aunque lo dice al principio, ve en la literatura una via para sentir fraternalmente aquellos sentimientos humanos, independientemente de las creencias, religiones, nacionalidades y formas de vida, la literatura UNE, no separa. Probablemente el hecho de haber conocido a tanta gente, de haber leido tanto, de haber escrito tanto, le da un punto de vista que al resto de los mortales no nos es dado conocer. Aunque eso si, es probable que vaya poco a misa. Un abrazo Juan.

No concibo un modo más amable de discrepar ni de comentar la discrepancia. ¡Gracias don Juan! Usted ha honrado este blog con este comentario.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Elogio de la lectura y de la ficción (y de la democracia liberal).

Vale la pena leer el discurso de Vargas Llosa en Estocolmo y en español aquí.
La autocrítica de un escritor: fui marxista en mi juventud, ahora soy demócrata liberal. (O sea, me equivoqué porque era joven, pero ahora soy sensato; si fuera marxista no me darían el Nobel hoy: hay que evolucionar).
Lo de ser marxista de joven y demócrata liberal en la senectud me suena mucho. Darwin hablaría de Evolución, ya se sabe, adaptación al medio y eso.
A mí, lo de pasar de una herejía a su opuesta pasando de denunciar como causa de todos los males ora a la religión -opio del pueblo- ora a las dictaduras me parece una plaga, una moda, una bobada más que nada. Eran marxistas y pensaban que la dictadura del proletariado traería la salvación. Ahora son demócratas liberales y piensan que las dictaduras son fruto de la religión: un mal absoluto. Se ve que han ido poco a Misa y dan bandazos. Predican como locos.
Un escritor que ha sido marxista y que ahora es demócrata liberal merece todo el respeto del mundo siempre y cuando reconozca que debe haber algo más allá de sus lecturas, de sus ficciones y de su democracia liberal que, en el fondo, es una especie de marxismo evolucionado hacia atrás. No sé por qué razón, estos chicos me parecen moralistas de salón. Beatos, vaya.

Queridísima madre:

Pensaba haberte llamado nada más llegar a casa pero no consigo aclararme con el teléfono fijo que está lleno dce teclas y no sé dónde está el móvil. Puede estar en mi coche, pero no sé dónde están las llaves de mi coche. No pueden estar en mi apartamento porque mi apartamento está cerrado con llave por fuera. Deben estar en algún sitio entre la puerta de la Fundación y mi apartamento pero he rezado tres Padrenuestros a san Antonio, y las he buscado, y nada.
En fin, quería darte las gracias por la cena del domingo, por los calcetines de hilo de Escocia y por los pañuelos.
También quería contarte que estoy muy contento porque estoy estrenando la segunda mitad de mi primera centuria y ya he conseguido dos cosas estupendas.
Hoy mismo he conseguido resolver un sudoku del ABC. Es la primera vez que lo consigo en toda mi vida.
Pero es que ayer, además, conseguí renovar mi carné de conducir que caducó el día de mi cumpleaños. Fue muy fácil. Primero me pusieron unos auriculares y me dijeron: diga  "ya" cuando oiga algo. Tras la prueba me dijeron: Muy bien, tiene usted un oído excelente. Lo que no me dijeron es cuál de los oídos era el bueno, pero bueno. Luego me llevaron al despacho de un oculista muy amable. Me tapó el ojo bueno y me dijo, señalando a una pantalla llena de letras muy borrosas: ¿Qué letra es esa? Respondí al azar: Una "A". El amable oculista lo dio por bueno: Es una "Z", pero no importa, son muy parecidas la "A" y la "Z". ¡Aprobado! Luego me sentaron delante de una máquina con dos manivelas para comprobar mi habilidad manual. Me eché a temblar porque como sabes, soy ambitorpe. Casi me eché a llorar cuando la amable señorita dio su veredicto: Ha cometido usted mil doscientos veinte fallos. Pero luego añadió:  ¡Felicidades!  Tráfico permite hasta nueve mil fallos. Podría ser usted controlador de vuelos. Me apenó un poco su siguiente comentario: Todavía tiene usted buenos reflejos; ya veremos dentro de diez años. Pagué setenta y cinco dólares y me dieron el salvoconducto y me prometieron que dentro de un mes, o así, me llegará por correo mi nueva licencia de manejar.
¿No estás orgullosa de tu hijo?
Te manda un fuerte abrazo
Vicens.

Desde el Infierno.

Otro amable comentarista ha honrado este blog con una obra buena en 8 pasos traducida -y mejorada- al inglés así de hermosamente:

Hecho, pero en inglés. Copio debajo lo que he escrito por si alguien quiere copiarlo (es ligeramente distinto al original): Dear Archbishop, I am deeply moved by the sufferings of our christian brothers in Iraq. I pray to Our Lord that they will be able to turn their sorrow into praise to God and into forgiveness for the enemies of Christ, and that their testimony of faith may move all christians into a sincere conversion. In communion with all the saints of all the Church, I kiss your pastoral ring.
Muchas gracias por la idea D. Javier

Embajador en el Infierno.

Gracias a usted, Embajador.

martes, 7 de diciembre de 2010

Desde Perú.

Un amable comentarista del Perú ha honrado este blog dejando este testimonio de don Rafael Navarro:

Don Javier o padre Javier como llamamos a los sacerdotes en el Perú, tierra que amó Don Rafael y que todos los años visitaba, soy humildemente uno de los muchos amigos de don Rafa, y quisiera expresarle mi agradecimiento por este comentario tan calido, y si el P. Rafael era como Ud tan amorosamente lo describe, pensaba dos veces en comprarse algo para el y menos de un segurdo para gastarlo en su parroquia o para ayudar a algun necesitado. aqui en la parroquia San Martin de Porras dejo totalmente hermoso nuestro salon parroquial, ambientes propicios para la catequesis una de sua pasiones y preocupaciones, baños modernos etc. y con su propio dinero sin agobiar a la comunidad porque el juzgaba que aqui habia mucha pobresa. En fin le doy gracias a Dios por regalarnos un santo como mi papa rafael como le gustaba que lo llame y tambien lo ame. Que el niño Jesus le regale una mirada de amor en estas fiestas. Oscar

Pues gracias, don Oscar, por su recuerdo agradecido. En efecto, la catequesis era una de las pasiones de don Rafa. Y era un magnífico catequista.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Parroquia de Madrid.

Acabo de volver de Madrid adonde he ido para recoger los regalos que me correspondían por mi quincuagésimo aniversario.
Esta mañana he concelebrado en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores. En el despacho parroquial, sentado detrás de una mesa, estaba un sacerdote revestido con alba, pero sin estola. Al otro lado de la mesa estaba sentado el sacristán, con barba y acento sudamericano, pero sin alba.
Buenos días -he saludado-: ¿Es usted el párroco?
-No -ha respondido el sacerdote.
He guardado silencio durante unos segundos pero no porque tuviera la esperanza de que alguno de los dos fuera a añadir algo sino para pensar mi siguiente intervención. Mental -y sucesivamente- he ensayado la ironía: ¡Oh! Pues se comporta usted con ese aplomo que suelen mostrar los párrocos de Madrid!; la insolencia madrileña: ¡Vaya, qué fastidio!; el esperpento: Soy el secretario del Nuncio Apostólico de su Santidad y exijo hablar con el párroco inmediatamente. Mientras ensayaba estas y otras posibles salidas ellos me miraban como a una cosa imprevista y molesta. He optado por confesar humildemente mi condición de cura de provincias. Sé, por experiencia que a los curas de Madrid esto no les inspira demasiado respeto, pero los enternece mucho.
-Verán ustedes, vengo de Alicante y quisiera, si es posible, concelebrar aquí, si no es molestia. Tengo entendido que hay una Misa a las doce.
-Aquí -ha dicho el sacerdote, y luego ha hecho una pausa- siempre se puede concelebrar.
-Bien -he seguido-. En ese caso saldré a rezar en la capilla del Santísimo y volveré a las doce.
-Será mejor -ha puntualizado el sacerdote- que vengas antes de la s doce.
A las doce menos diez he vuelto a la sacristía. Mientras el sacristán me ofrecía un alba, he oído decir al sacerdote:
-¡Qué! ¿Muchos días por Madrid?
-¡Oh, no! He venido a celebrar mi quincuagésimo aniversario solamente. Mi madre vive aquí.
De los regalos que había ido a recolectar no le he dicho nada. Él se ha levantado y ha cogido un paraguas negro.
-Este es de buena calidad ¿eh? -ha dicho dirigiéndose al sacristán.
El sacristán se ha echado a reír. Luego, como para explicarme la cosa, el sacerdote, ha añadido:
-Esta mañana he venido con un paraguas de dos euros y este  -se refería al sacristán- se ha reído de mí.
Me he acercado para examinar el paraguas. En la empuñadura ponía "Vogue". Le he preguntado al sacristán:
-¿Es este un paraguas muy bueno?
-Sí -ha dicho el sacristán- es el que usan los condes y la gente así.
Entonces ha intervenido el sacerdote:
-Serán los condes con dinero. Porque hay algunos que son condes y no tienen dinero. Sin ir más lejos, un cuñado mío...Y luego ha añadido:  Me voy, la misa de doce la celebra Francisco.
-¿Es él  el párroco? -he preguntado.
-No -me ha respondido- es un cura... joven.
Y se ha marchado con su alba y con su paraguas de Vogue.
A las doce y un minuto ha aparecido un cura joven, amable, bajito, barbudo y jadeante. Mientras el sacristán le tendía el alba yo le le tendía la mano:
- Me llamo Javier, vengo de Alicante y, si no te importa, quisiera concelebrar.
-Siento llegar tarde...-se ha disculpado-.
-No es tarde -he mentido a sabiendas de que eran ya las doce y dos minutos.
Ha hecho una hermosa homilía hablando de la Via Sacra, un camino abierto por Cristo. Nos ha recordado que el cristianismo fue conocido como El Camino. Nos ha dicho que no debemos angustiarnos si vamos siempre a la confesión con los mismos pecados porque también  Cristo es siempre el mismo y nosotros vamos por Él hacia Él. Nos ha dicho que, cada vez que confesamos nuestros pecados, damos un paso por el camino, que siempre es el mismo y que sería terrible que estuviéramos inventando siempre pecados nuevos.
A mitad de la homilía ha empezado a oírse una especie de rugido intermitente -muy sonoro- que ya no ha cesado hasta la Salve final.
De vuelta a la sacristía le he preguntado a don Francisco:
-¿Era un ronquido eso que se oía?
-Sí, -ha respondido- ¡Qué Misa tan rara!
-¡Oh, no! -le he dicho-. En Alicante -de donde vengo- es bastante normal que la gente ronque durante la homilía. A mí me ha dado la sensación de estar en casa. Y me ha gustado mucho la homilía. Tengo un blog, así que cuando vuelva hoy a Villena -donde tienes tu casa- escribiré algo sobre esta parroquia y sobre la Via Saccra.
...
A la salida de Misa mi madre y yo repartíamos nuestra meditativa atención entre el suelo -mojado y cubierto de hojas doradas y resbaladizo- y los sucesos de la Misa. Mi madre es nueva en esa parroquia pero ha observado que, en el primer banco -junto a ella- suele sentarse una joven que acompaña a una señora mayor. También ha observado que la joven no suele responder durante la Misa y que permanece sentada durante todo el tiempo y no comulga. De todo ello ha deducido que va a Misa para acompañar a la señora mayor pero que no tiene intención de participar en la fiesta. Hoy mi madre se ha lanzado. Le ha ofrecido a la joven su ejemplar del Magníficat y le ha dicho:
-Lea usted este Himno y dígame si no es una belleza.
La joven lo ha leído con atención y le ha devuelto el librito a mi madre con una sonrisa y con unas palabras:
-Es muy hermoso.
Y mi madre le ha dicho al oído:
-Además, sirve para meditar.
Esas cosas me contaba mi madre mientras caminábamos despacito. También me confesaba que se le olvidan las cosas y que, a veces, reza diciendo: Señor, a tí no se te olvida lo que quiero pedirte ni nada de lo que necesito aunque yo no lo recuerde.
Estoy contento porque creo que mi madre ya ha hecho una amiga en su nueva parroquia y porque sé que, cuando yo vuelva, podré concelebrar allí.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Suicidio asistido y piedad filial.

Me contaron, hace poco, la siguiente anécdota verídica -puedo decir que es verídica porque conozco a los protagonistas-:
Una amable y venerable señora se lamentaba ante su hijo con estas o semejantes palabras:
-Hijo mío, yo no sé qué pinto ya aquí. Quiero morirme.
Su hijo -ser humano bastante amable y bienhumorado- le respondió con estas -o semejantes- palabras.
-Bueno, madre, eso no me lo cuentes a mí. Por un módico precio cualquier mafioso aceptaría tu encargo.
Podría uno pensar que se trata de un hijo desalmado. Nada más lejos de la realidad. Estoy en condiciones de asegurar de que trata a su madre mucho mejor que yo a la mía.
Como estamos en Adviento he hecho el propósito de ser más cariñoso con mi madre. No, no teman, no voy a deshacerme de ella, planeo ir a Madrid el domingo para pasar mi quincuagésimo cumpleaños a su vera.

Alégrate con Dios (II)

La autocomplacencia divide. Uno se complace en su propia fuerza y desprecia al débil. Uno se complace en llamarse hijo de Abraham y desprecia al gentil. En cambio el amor de Dios une, no excluye a nadie, abraza  a todos.
San Pablo escribía a los romanos: Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos en nosotros mismos. Que cada uno de nosotros agrade al prójimo buscando su bien y su edificación.
También Juan Bautista reprochaba a los fariseos esa autocomplacencia que los llevaba a decir Somos hijos de Abraham. Y les decía: si soy hijos de Abraham dad frutos dignos de penitencia.
Cada venida de Cristo -en la encarnación, en la proclamación de la Palabra, en la eucaristía- hasta la Parusía es una invitación a salir de nosotros mismos, a dejar de lado toda autocomplacencia y a aceptar el don de un Amor que es signo de la fidelidad y de la misericordia de Dios.
Santa María recibió con perfecta humildad ese don en la encarnación, en la Palabra, en la Eucaristía... para ella no habrá juicio, ya ha sido coronada como Reina y Señora.