-Padre, deme la chaqueta.
-No puedo, hijo mío, si te la doy me muero de frío... pero...
Fui a pasear por una playa de Alicante porque necesitaba pasear por una playa de Alicante. Ya era de noche y hacía un frío de unos diez grados muy húmedos. No puedo decir -aunque me gustaría- que el viento azotaba las olas arrojándolas contra las rocas del acantilado porque se trataba de una playa sin rocas y, a decir verdad, soplaba una brisa suave si bien helada y desapacible.
-¿Tiene fuego?
Un escalofrío como un escalofrío recorrió mi espalda y -subiendo por mi hombro izquierdo- llegó por algún camino misterioso a mi corazón agarrotándolo, primero, y agitándolo con violencia luego. ¿Era una voz lo que había oído a mis espaldas o se trataba de una alucinación de esas que suelen asaltarnos cuando paseamos de noche por las playas de Alicante en otoño? Solo había una forma de averiguarlo: me volví, despacito, y comprobé, con miedo, que no se trataba de una alucinación sino de un ser humano que me preguntaba en la noche: ¿Tiene fuego?
-No, lo siento, no tengo fuego... bueno, mi coche tiene un encendedor... si me acompaña...
-Gracias.
Fuimos, sin hablar, hasta el lugar donde había aparcado mi Ford Fiesta azul. Entré en el coche, pulsé el encendedor y se lo di. Se quedó mirándome con en el encendedor en la mano:
-¿Es usted cura?
-Sí.
-Padre, deme la chaqueta.
-No puedo, hijo mío, si te la doy me muero de frío. Además es la única que tengo... pero... ¿dónde vas a dormir?
-Aquí Padre, llevo dos días por aquí...
-¿Has cenado?
-No.
-Yo tampoco. ¿Te vienes conmigo?
-Gracias.
Subió al coche, arranqué y puse la calefacción.
-¿Has estado en la cárcel?
-No, Padre, ¿por qué?
-Por nada... es que yo solía ir por allí y siempre me pedían que les diese la chaqueta, o las gafas de sol, o algo...
-Yo le juro que nunca he estado en la cárcel...
-¿A qué te dedicas?
-Busco trabajo.
-¿En la playa?
-Donde sea.
Esperé a que dijera algo más pero ni él ni yo teníamos ganas de charla y el calorcito del motor nos adormecía. Cuando llegamos a mi casa él estaba dormido y yo casi.
-Hemos llegado. ¿Quieres ayudarme a subir estas bolsas?
La casa estaba helada. Puse la calefacción al máximo y comprobé que el termo eléctrico estaba encendido.
-Mientras preparo la cena, si quieres, puedes darte una ducha. Hay agua caliente y toallas.
Me entró hambre. Puse en el microondas un caldo con dos pelotas y, mientras partía el pan, grité:
-¿Cómo te llamas?
Desde la cocina oía el agua de la ducha. No hubo respuesta. Puse un CD de Louis Armstrong y preparé dos bocatas medianos de queso curado. ¿Qué más? Había que preparar una cama para el misterioso Visitante y poner la mesa.
El misterioso Viistante salió del baño con unos pantalones tan cortos que muy bien pudieran ser sus calzoncillos y con una camiseta de manga larga.
-¿Puedo lavar la ropa?
-¿Cómo te llamas? Yo me llamo Javier.
-Sergio.
Pusimos la lavadora. Sonaba What a Wonderful World cuando apagué la música para no añadir tristeza al estruendo de la lavadora. Cenamos en silencio. Luego él fregó los platos mientras yo hacía un par de llamadas telefónicas. Luego le pregunté:
-¿Estás contento?
-No puedo estar contento.
Esperé, pero no dijo nada más. Parecía tan cansado como yo y mucho más triste. Lo llevé a su habitación y me fui a la mía. Me acosté y me quedé frito.
Cuando me desperté, al día siguiente, el misterioso Visitante ya se había levantado y estaba poniendo la ropa a secar en los radiadores.
-¿Has dormido bien, Sergio?
-Muy bien, Padre.
Mientras se calentaba la leche en el microondas puse un CD que se titula Música barroca para el desayuno o algo así.
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Si pudiera, me iría a Madrid.
No dijo nada más ni yo le pregunté.
Mientras él fregaba los platos del desayuno llamé al 11888 para preguntar por el teléfono de la Estación de autobuses de Alicante.
Lo llevé a la Estación. Por el camino dudaba: ¿Le doy el dinero para el billete o le saco el billete?
-¡Padre!
Entonces se puso a hablar. Empezó a contar cosas sin parar. Y yo, la verdad, no quería saber más de él. Cuantas más cosas decía más ganas tenía yo de dejarlo en la Estación de autobuses y de seguir mi camino o de volverme a la playa. Lo dejé en la Estación y le di el dinero para el viaje. Cuando se bajó del coche me dijo:
-Gracias Padre.
Yo no sabía qué decir. Así que dije:
-Gracias a ti, amigo.
Y no volveré a la playa hasta el año que viene.
Y no volveré a la playa hasta el año que viene.

!Que historia tan bonita,don Javier!.Algun que otro hombre ha encontrado tesoros en la playa y hay palabras escritas en la arena que no se borran nunca.Un abrazo de Janusa
ResponderSuprimirUsted siempre es muy buena conmigo, querida tía. Y creo que este año no ha dicho ni una palabrota. ¡Gracias!
ResponderSuprimir¡Oh! Ahora caigo. he escrito "calzoncillos". ¡Perdón!
ResponderSuprimirSta Faustina Mª Kowalska (de la que soy fiel admiradora como es notorio), se encontró un día con un pobre de tantos a la puerta del convento, al que ayudó como siempre hacía; y resultó ser el mismo Señor. Yo creo que su historia tiene parecido cariz, así que está de enhorabuena.
ResponderSuprimirQue tenga un día tan bueno como el del paseo por la playa de Alicante D. Javier
Dios lo conserve padrecito!!!!
ResponderSuprimirNatalio
"Gracias Padre" = sin comentarios
ResponderSuprimirSi yo alguna vez voy caminando por cualquier playa en la que uno pueda estar desesperado, con una tristeza hasta los huesos, sin alimento ni del material, ni del otro, le pido a Dios que ponga en mi camino a alguien que me ayude tan raudo, que no le de tiempo a juzgarme indigna de recibir ayuda.
ResponderSuprimirGracias D. Javier.
Un abrazo.
Balbi.
Aunque convertido en un poco más radical en tus opiniones, sigues siendo el Javier con he compartido muchas horas.
ResponderSuprimirTransigiré con el radicalismo, sigue así amigo
Juan
Don Javier, ¿ya no es capellán del centro penintenciario de Villena?.
ResponderSuprimirLeí el post por recomendación de Natalio... Y la verdad, no encuentro palabras. Me impactó, me conmovió... Gracias, Padre! Es una hermosa historia.
ResponderSuprimirLa verdad es que a mi tambien me han ocurrido historias semejantes porque soy incapaz de no sentir la necesidad del otro a lo que algunos amigos llaman necedad; pero que mas da entre una y otar solo hay una sílaba que encima es afirmación "SI". Pero que educación la mía aún no me he presentado, dimas es mi seudónimo tra es el que se esconde Jose Luís un soldado de España que un 29 de abril nació en Pilar de la Horadada y que como Infante Camilesco ha recorrido España como un bagabundo pagado por el Estado y tirando de la familia. Ahora recalo en Zaragoza aunque mi destino es Jaca.
ResponderSuprimirUn abrazo y rece ...que rezo...porque ¡Vale la pena!
Gracias. Siempre aprendo con usted.
ResponderSuprimirLucía C.
Je, je,je,je...
ResponderSuprimirUn abrazo!
Gracias don Javier, siempre he encontrado en los sacerdotes un amigo, sin conocerme de nada, con rectitud, como el mendigo entra en su casa, así entré en la casa de Jesús.Gracias.
ResponderSuprimir¡Muy Feliz Navidad!
ResponderSuprimirA mi de pequeño, mi madre y mi tata Julia, me ponían para desayunar leche condensada (el bote de Nestlé puesto al baño maría) con mantequilla en un pan recién tostado...todavía y ahora más me vienen esos olores de la infancia.
ResponderSuprimirTodavía hoy, los Domingos cuando vamos a verlas y a saborear el verdadero amor como un indigente, a veces, nos tienen preparado un bote de mi! leche condensada y me lo dan con una frase que es más dulce que el bote...
Tontín! Jaimito nuestro! toma que estás muy flaco! que tienes que desayunar como Dios manda!
Así que cuando leemos noticias como esta...ya nos dejan fríos y pensamos, sin ningún rubor o porque nos creamos más que nadie, que cuanta gil..., cuanta estulticia hay en el mundo, ese "mundo" tan importante y que tanto preocupa a tantos "importantes".
Lo malo es que los borregos se lo creen y se dejan dominar...venden su libertad por un plato de lentejas (que están muy ricas) pero donde esté un bote de leche condensada de mi madre y de mi tata Julia! Ah!...eso ya son palabras mayores!...eso son palabras Divinas!
http://www.abc.es/20101218/cultura/ortografia-estrena-faltas-20101218.html
Un abrazo,
Muy arriesgado y muy humano...
ResponderSuprimirSiento no parecerme nada a mi sobrino.Anteayer,en mi escalera habia una chica.Fumaba,yo no la entendia bien.Tosia,yo estaba sola,ella sentada entre mochilas.Bajé a comprarle jamón,pan,leche y...a avisar al portero.Mientras subia,volvi.No quería la leche,no quiso venir conmigo a Caritas.Se fue con el portero y su cargamento,le apagamos otro cigarrillo.Yo seguia sola,tuve miedo a dejarla entrar en casa y darle alogo caliente y dinero...He alargado,contra mi promesa,este comentario.Es una confesión de mi birriez y de que no estoy segura de que no rechazase,un vez más,al Señor. Un abrazo un tanto triste de Janusa.Vivo en un piso muy alto,sin vecinos arriba...
ResponderSuprimir